Lo que Bill Gates puede enseñar a Google

El ex CEO de la firma, Eric Schmidt, testificará hoy ante el Senado de EU por temas de monopolio; el empresario podría extraer lecciones valiosas de la demanda que enfrentó Gates hace 13 años.
gates y eric schmidt  (Foto: Cortesía Fortune)
JP Mangalindan

Cuando el presidente ejecutivo de Google testifique -este miércoles- ante la audiencia convocada por el Senado estadounidense sobre temas antimonopolio, Eric Schmidt estará siguiendo los pasos de otro titán de la tecnología: Bill Gates.

En 1998, Gates compareció ante el Congreso junto con Soctt McNealy, entonces director ejecutivo de Sun Microsystems, y Jim Barksdale, CEO de Netscape en ese momento, emplazados para discutir sobre el poder que Microsoft detentaba en el mercado de los sistemas operativos informáticos (en aquel tiempo, la plataforma Windows podía encontrarse en 90% de todas las computadoras personales).

El ex CEO de Google, Eric Schmidt, está en una situación, si no idéntica, al menos parecida. Google domina 65% de las búsquedas en Internet en el mercado doméstico, una posición que fue cuestionada recientemente cuando empresas como Yelp y Expedia Inc. acusaron al gigante de priorizar sus propios servicios en los resultados de búsqueda por encima de los servicios ofertados por esas firmas. De resultar cierto, esa acción podría ser juzgada como monopólica. 

De acuerdo con el diario The Wall Street Journal, Google está haciendo todo lo posible para mostrar su mejor cara, contratando incluso a 13 firmas de comunicación y lobbying o cabildeo para que intercedan en su nombre. Sólo el tiempo determinará si la audiencia de hoy se traduce en una acción gubernamental más enérgica. Lo que es seguro es que Schmidt puede extraer algunas lecciones vitales de la comparecencia de Gates hace 13 años: 

1. No sudar 

Durante la audiencia celebrada en 1998, Gates se mantuvo firme, sorteando preguntas argumentativas y críticas mordaces (frases como "prácticas predatorias" fueron intercambiadas con toda libertad por los interrogadores). Y si bien su comparecencia recibió comentarios heterogéneos, Gates lució seguro durante todo el proceso. Esta es quizá la lección más elemental en los tribunales, pero será clave que Schmidt se muestre seguro y sereno. Después de todo, nada delata más la falta de confianza que las respuestas tímidas, los tics nerviosos o una frente bañada en sudor. 

2. No dejarse llevar 

Gates tenía todo el derecho de estar orgulloso de sus logros con Windows y Office, que impulsaron el valor de Microsoft hasta la estratósfera a fines de la década de los 90. El senador Orrin Hatch incluso reconoció eso en medio de sus críticas, describiendo el crecimiento de Microsoft como "impresionante". No obstante, Gates debió cuidar su arrogancia. Cuando el senador Ted Kennedy mencionó ciertas declaraciones hechas por el entonces director de operaciones de Microsoft, Bob Herbold, Bill Gates respondió con displicencia.

"Cuando decidí crear Microsoft, no llamé a IBM para decirle: ‘IBM, ¿crees que es posible que yo pueda crear un sistema operativo y venda cientos de millones de copias?'", comenzó a decir Gates. "Así que cuando usted le pregunta al señor Herbold si debiera asumir directamente la tutela de Microsoft y crear un nuevo sistema operativo, si es así como van a decidir hacerlo, yo sugeriría que usted no es el tipo de empresario que logrará llevarlo a cabo". Vaya golpe.

Siendo tan mesurado y discreto, es poco probable que Schmidt se muestre tan operístico. Sin embargo, en el pasado él ha hecho algunas declaraciones que, aunque honestas, resultaron ser absolutamente desastrosas en el plano de las relaciones públicas. Por ejemplo, le dijo a la revista The Atlantic que la política de privacidad de su compañía consistía en "colocarse justo en la frontera de lo escalofriante y no cruzarla". 

3. Hablar sin rodeos 

Una cosa es rechazar categóricamente las prácticas monopólicas, pero darle la vuelta a las preguntas sobre tu dominio en el mercado -algo obvio para todos en este caso- no ayuda a tu causa. Así le ocurrió a Gates, quien dijo que el éxito de Microsoft no podía atribuirse al producto de nadie. De hecho, las respuestas de Gates en general parecían tan intencionalmente vagas que el senador Hatch se exasperó, y en un momento llegó a decir que Gates "difícilmente concretaba alguna cuestión específica". Como aplica en cualquier testificación o declaración jurada, ser directo a la hora de contestar será fundamental para Schmidt. No sólo ganará respeto como una persona que va al grano (independientemente del contenido de sus respuestas), también les ahorrará tiempo a todos en el proceso. 

4. No ser grosero 

El desempeño de Gates durante la audiencia no convenció a las autoridades. Dos meses después, Microsoft fue escarmentada con una demanda antimonopolio, un proceso judicial que le pesaría a la compañía durante años, incluso si al final lograra prevalecer en los tribunales.  

En noviembre de 1998, un segmento de 50 minutos extraído de las declaraciones que Gates vertió durante tres días de audiencia fue mostrado en el juicio antimonopolio contra Microsoft. En la grabación, Gates antagonizó con el abogado del Departamento de Justicia, David Boies, corrigiéndolo sobre las supuestas diferencias entre un memorándum y un correo electrónico, pidiendo que se reformularan preguntas previas e instruyendo a Boies sobre cómo realizar mejor su trabajo. Sobra decir que la conducta de Gates no le gustó al juez, quien un año después ordenó que Microsoft se escindiera en dos divisiones independientes (esa sentencia fue, al final, anulada).

Si bien la audiencia de esta semana no significa necesariamente que le seguirá un juicio antimonopolio similar al de Microsoft, el presidente ejecutivo de Google haría bien en recordar la poco afortunada testificación de Gates. Pues como Bill pudo comprobarlo después, un testigo hostil sirve sólo para alargar los procesos legales, y no necesariamente en su favor.

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