Tanta novedad fastidia al consumidor

El 48% de los compradores cree que los fabricantes ofrecen productos más rápido que la demanda; el anuncio que, por ejemplo, cada mes presenta “al mejor Android jamás fabricado” fatiga al público.
hardware  (Foto: Especial)
JP Mangalindan

El hardware ya no es lo que era. Recientemente, la compañía de evaluación y certificación de producto Underwriters Laboratories emitió un estudio que revela que 48% de los consumidores cree que los fabricantes tecnológicos están ofrciendo nuevos productos a un ritmo más rápido del que se demandan. El resultado final es un tipo de 'fatiga global' producida por los gadgets.

Ya sea porque los consumidores en general no pueden mantenerse al día con la velocidad de la innovación, o porque los fabricantes están lanzando actualizaciones con demasiada frecuencia, que los dispositivos no cuentan con suficientes nuevas funciones que justifiquen el cambio.

Yo creo que son ambos factores. Antes, si eras un fanático de los gadgets y de los primeros en adoptarlos, la cacería solía ser emocionante. Encontrar una razón para comprar una nueva laptop era fácil. Podías encontrar las diferencias porque la brecha entre la generación de un producto y la siguiente era enorme. Podías justificar la adicción a las actualizaciones, por ejemplo, gracias a la creciente productividad que se te ofrecía.

Sin embargo, el hardware ha cruzado un umbral donde ya no necesitas el 'cacharro' más nuevo para obtener un buen desempeño. Allá por los años 90, tener una computadora Packard Bell con un procesador de 120 MHz significaba que, en pocos años, el equipo quedaría obsoleto. Hoy, en cambio, vivimos en una era donde muchos dispositivos informáticos son "suficientemente buenos".

Por ejemplo, una laptop Toshiba de 550 dólares comprada en Best Buy debería tener suficiente músculo para correr el 99% del software diario, grabar pesados juegos con gráficas y aplicaciones para editar videos. Y si las ventas sirven de indicador, una tablet Apple de 499 dólares también satisface las necesidades de informática básica de mucha gente.

También en la gama alta vemos lo mismo, allí están algunos dispositivos como la última MacBook Air y las computadoras ultrabooks, que ofrecen desempeño, diseño y portabilidad "suficientemente buenas". Ya no importan tanto las especificaciones que se leen en el empaque, lo que importa es la "experiencia". ¿Se siente rápida? ¿Es fácil de usar? ¿Es confiable? Si un ordenador o un smartphone cumplen esos requisitos, la mayoría de nosotros anda sin prisa durante años sin querer actualizarlo.

Y sin embargo, vemos cómo los dispositivos actualizados inundan las tiendas a una velocidad ridícula, algunas veces con diferencias imperceptibles. El hardware se ha vuelto tan repetitivo que se asemeja a ese software (en particular al software basado en web) que recibe actualizaciones mínimas con tanta frecuencia, que a duras penas puedes encontrar la diferencia entre una actualización y la siguiente.

Consideremos los dispositivos Android. El sistema operativo es sólido, versátil y ampliamente disponible. Pero en mi opinión, la velocidad con la cual los dispositivos Android llegan al mercado es excesiva. Solamente en los dos últimos años, cuántas reseñas hemos leído que terminan con frases como: "es el mejor teléfono Android que puedes comprar", o "el mejor teléfono Android jamás fabricado". Un mes escuchamos que un teléfono en particular es "el mejor" y al mes siguiente otro ya le ha arrebatado el adjetivo... No me extraña que los consumidores sufran esa fatiga, ese cansancio de tanto gadget.

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Otra razón por la cual el hardware ha perdido el brillo que tuvo en el pasado es la convergencia de datos. La información está siendo almacenada cada vez más en la 'nube'. Y los consumidores están volviéndose más dependientes de contenido transmitido remotamente desde servicios como Netflix y Spotify. Por un lado, es estupendo que nuestro contenido esté accesible para una multitud de dispositivos. Compra un libro electrónico de Kindle, por ejemplo, y podrás leerlo en tu lector Kindle, en un smartphone, en una tablet o en cualquier computadora con la que puedas usar la aplicación de lectura de Amazon. Eso mismo aplica para los datos almacenados vía Dropbox, Box.net y Evernote.

Mi temor es que, a la larga, esa misma situación pueda resultar negativa para los fabricantes, que siguen endilgando productos iterativos a una audiencia cada vez menos receptiva, más "fatigada". Si nuestros dispositivos se transforman en meros portales, en lugar de ser objetos con un valor intrínseco, su importancia puede diluirse todavía más.

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