¿Quién venció a SOPA y PIPA?

Si bien la ira popular contribuyó a derrumbar las iniciativas, también lo hizo el cabildeo político; la industria tecnológica mostró que tiene peso e influencia en Washington.
SOPA  (Foto: AP)
Dan Mitchell

Las recientes derrotas de SOPA y PIPA, los dos proyectos de ley de Estados Unidos diseñados para frenar la piratería en Internet, han sido consideradas como una victoria de la democracia popular. Y hasta cierto punto, es cierto, pero es importante no ignorar el efecto que tuvo la acción política directa y el cabildeo ejercido por la industria tecnológica. También es importante recordar que el cabildeo de ese sector merece el mismo escrutinio que los otros grupos de presión (la industria del cine, la música, la Cámara de Comercio estadounidense, etc.) que apoyaron esas iniciativas. El cabildeo de la industria tecnológica defendía lo correcto en esta ocasión, pero no siempre será así. Y aunque algunas de las compañías que se opusieron a SOPA y PIPA lo hicieron motivadas en parte por el sincero deseo de una política pública sensata, lo hicieron principalmente para proteger sus propios intereses comerciales. A juzgar por algunas reacciones al fracaso de los proyectos de ley, casi olvidaríamos que la lucha se libró fundamentalmente entre dos grupos con intereses empresariales propios y poderosos.

Craig Newmark, fundador del portal de anuncios clasificados Craigslist, calificó la desestimación de las iniciativas como "una victoria para la democracia, una victoria de las bases populares". Anna Palmer, del sitio web Politico, fue incluso más lejos, citando a la fallida legislación como la evidencia de que "los días dorados de K Street han pasado" (‘K Street' es una metonimia para referirse a la industria del lobbying, pues muchas firmas de cabildeo están concentradas en esa calle de Washington). Una afirmación que peca de exageración. Cierto que los ingresos de las firmas de cabildeo no han crecido, y como la propia Palmer informa, ello obedece a varias razones, incluidas aquellas asociadas al ciclo económico. No obstante, ella escribe:

Las luchas ya no consisten solamente en quién tiene el mayor número de lobbystas, o a los mejores. El nuevo mundo de la influencia de Washington es más diverso: el lobbying de acceso tradicional se desarrolla junto a campañas que usan los medios, el activismo de base y el Internet, actividades que no suelen reportarse en la documentación que los grupos de cabildeo entregan a las autoridades federales. 

Sin embargo, las campañas populares (de ‘grass-roots') -dentro o fuera de Internet, reales o artificiales- han formado parte del cabildeo por décadas. Pueden funcionar para temas como SOPA y PIPA, donde es fácil demonizar un proyecto de ley (no había nada en estas propuestas que atrajera la simpatía de la gente común). Pero no es sencillo cuando se trata de cuestiones complejas como la política de salud o de energía, donde hay muchos costos y beneficios que entran en conflicto. Además, SOPA y PIPA no eran propuestas partidistas, eran apoyadas y repudiadas por representantes de ambas bancadas. Por esa razón, fue más fácil debatir sus virtudes, que eran pocas.

Lo que es más, las luchas políticas nunca han consistido "únicamente" en qué intereses atraen el mayor poder de cabildeo. Si ese fuera el caso, nos cobrarían 50 dólares por hacer un retiro de 20 dólares en un cajero automático, y nuestras costas estarían invadidas de plataformas petroleras. Una legislación se cocina con muchos ingredientes. Los legisladores votan obedeciendo a diferentes razones: las opiniones de sus electores, las políticas internas en las cámaras, y a veces conforme a los méritos que tenga una determinada legislación. La influencia de los grupos de cabildeo es excesiva, a menudo a un grado peligroso, pero raramente es el único factor.

Lee Drutman de la Fundación Sunlight (un organismo que aboga por la transparencia y rendición de cuentas del Gobierno estadounidense) declara categóricamente que "la historia de David y Goliat" en la victoria sobre SOPA y PIPA es fundamentalmente un mito. Advierte que mientras la asociación  de la industria cinematográfica estadounidense -la Motion Picture Association of America, uno de los grupos de presión más visible que apoyaba dichos proyectos de ley -- gastó un total de 1.3 millones de dólares en los tres primeros trimestres de 2011en todas sus actividades de lobbying, en ese mismo periodo Google gastó 7.1 millones de dólares en cabildeo.

Y de acuerdo al Center for Responsive Politics, al término del año pasado las compañías computacionales y de Internet tenían 246 cabilderos trabajando en su nombre en cuestiones asociadas con las leyes SOPA y PIPA, mientras que las grandes firmas de la industria de la televisión, la música y el cine emplearon a 241.

Nada de lo anterior minimiza el efecto que tuvo la ira popular sobre los proyectos de ley. Eso, alimentado en parte por los ‘apagones' de protesta realizados por sitios web, fue la razón más directa para el fracaso de las iniciativas. Pero esta pugna también demostró que las industrias tecnológicas y de Internet finalmente han ganado peso e influencia en Washington. A medida que cuestiones relativas a la privacidad y el antimonopolio se debatan en los años por venir, el cabildeo ejercido por esas industrias exigirá mayor escrutinio. No siempre tendrán  en cuenta el interés del público.

Time Warner, la empresa matriz de Grupo Expansión a la que pertenece CNNExpansión, está entre los participantes de la industria que apoyan la propuesta legislativa SOPA.

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