Cinco 'gadgets' de James Bond que no pueden existir fuera de la pantalla

El 'agente 007' usa desde pequeños dispositivos explosivos hasta prótesis robóticas que, de existir, pondrían en riesgo a los usuarios
Daniel Craig no ha superado la fama que le dio Bond
Autor: Leonardo Peralta | Otra fuente: CNNMéxico

Desde su primera película, Dr. No, estrenada en 1962, uno de los grandes atractivos de la saga del agente 007 —además de las chicas Bond— ha sido el despliegue de vehículos y aparatos creados bajo la supervisión de Q, el jefe de la división de investigación tecnológica en el MI6, la agencia de inteligencia exterior del gobierno británico.

La cantidad de dispositivos creados en 50 años es vasta: desde armas ocultas en inofensivos sombreros hasta bombas atómicas. CNNMéxico presenta una pequeña selección de estos dispositivos de película que no podrían existir en la vida real o que se hallan en fase de prueba.

1. Asientos eyectables de auto

Si una cosa ha distinguido a James Bond han sido sus lujosos automóviles, llenos de juguetes: desde teléfonos móviles hasta armas de fuego. En la película Goldfinger de 1964 el auto del agente secreto cuenta con un botón rojo en la palanca de cambios, que dispara el techo del vehículo y expulsa el asiento del conductor.

¿Cuál es el problema?

El sistema de expulsión del asiento (una combinación de pequeñas cargas explosivas y cohetes) puede lanzar el asiento hasta 60 metros en el aire, lo cual podría ser mortal si se activara en un sitio con edificios cercanos, además de que pesaría varios cientos de kilos, lo que afectaría el desempeño de un auto deportivo, como los que usa Bond.

2. Láser mortal

Este dispositivo hizo su debut en el mundo de James Bond en la película Goldfinger. Casi medio siglo más tarde, los intentos por crear un láser letal han fallado. Lo más cercano es un arma desarrollada por el Air Force Research Laboratory (Laboratorio de Investigación de la Fuerza Aérea) de los Estados Unidos en 2005, llamada Personnel Halting and Stimulation Response (PHaSR), que emite un rayo de muy alta luminosidad que ciega temporalmente a sus objetivos.

¿Cuál es el problema?

Para crear un rayo láser de alta potencia se necesita una gran cantidad de energía, que debe ser almacenada en baterías o conectada a redes de energía eléctrica.

3. Mochila cohete

En la película Thunderball de 1967, el agente secreto británico escapa de ser atrapado por sus enemigos gracias a una mochila con un sistema de cohetes. El pequeño juguete de Bond utiliza una tecnología desarrollada en la década de 1960 por el Ejército estadounidense. La mochila funciona al hacer pasar peróxido de hidrógeno a través de una cámara donde la sustancia se descompone, creando dos chorros de vapor suficientemente potentes para levantar a una persona. 

¿Cuál es el problema?

La duración del vuelo dura poco más de 20 segundos. La estructura, que debe cargarse en la espalda, pesa más de 50 kilos, además contiene tanques con gases que pueden estallar en caso de accidente lo que hace complicado su pilotaje.

4. Brazo con súper fuerza

El arma del villano Tee Hee casi acaba con James Bond en la película Live and Let Die, usando un brazo con una garra capaz de cortar barras de metal. Estas prótesis multiplicadoras de fuerza comienzan a aparecer en laboratorios especializados; la Tokyo University of Science trabaja desde 2009 en un traje impulsado por músculos neumáticos (estructuras de plástico que se llenan de aire) que permite a una persona aumentar la fuerza física de sus brazos hasta duplicar su capacidad.

¿Cuál es el problema?

Hasta el día de hoy los músculos de los seres humanos tienen un mejor aprovechamiento energético respecto a las máquinas. Los sistemas basados en cables y engranes (como los usados en algunas prótesis médicas) consumen demasiada energía, requieren complicados mecanismos y suelen moverse torpemente.

5. Satélite de pulso electromagnético

La película Goldeneye, filmada en 1995, toma su nombre de una red de satélites soviéticos que emiten un haz de energía capaz de inutilizar equipo electrónico. Esta arma está basada en un fenómeno real llamado pulso electromagnético (PEM), que consiste en una ola de energía magnética liberada después de una explosión de gran potencia (como la producida por una detonación atómica).

Esta, a su vez, induce una corriente eléctrica que sobrecarga circuitos de todo tipo. Entre la década de 1970 y 1990 los investigadores de Sandia National Laboratories trabajaron en un dispositivo llamado ATLAS-I (Air Force Weapons Lab Transmission-Line Aircraft Simulator), capaz de crear una onda de PEM para dañar aviones, pero tras el fin de la Guerra Fría el proyecto fue abandonado.

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¿Cuál es el problema?

A diferencia de un rayo láser, una onda de PEM es extremadamente difícil de controlar; pues su onda expansiva puede incluso dañar a quien la provoca.

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