Ver más allá de las estrellas: la importancia de la astronomía

La astronomía no solo descifra los misterios del universo, sino que impulsa algunos de los avances tecnológicos más útiles para la humanidad
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eclipse, telescopio, ESA  ESA  (Foto: CNN)
Autor: Robert Massey | Otra fuente: 1

Nota del editor: Robert Massey es subsecretario ejecutivo de la Real Sociedad Astronómica de Reino Unido, en donde supervisa la relación con el público y el desarrollo de políticas. Antes de incorporarse a la RSA, dirigió investigaciones de doctorado sobre la nebulosa Orión y fue Astrónomo Público del Observatorio Real en Greenwich. Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente al autor.

(CNN) — Quienes hayan sido lo suficientemente afortunados como para estar en el lugar correcto para ver el eclipse total del viernes 20 de marzo, fueron testigos de un evento espectacular. El Sol quedó completamente oscurecido tras la Luna y una penumbra profunda e inquietante lo cubrió todo, dejando ver las estrellas y los planetas más brillantes.

Los eclipses son unos de los acontecimientos más notables de la astronomía, una de las ciencias más antiguas que ha estimulado la imaginación de la humanidad desde que tenemos pensamientos complejos; los monumentos antiguos, como Stonehenge, en Inglaterra, marcan el movimiento del Sol y la Luna y las civilizaciones antiguas crearon mitos sobre los patrones de las estrellas que componen las constelaciones.

El asombro no ha disminuido en la era moderna, aunque a veces parecemos estar más desconectados que nuestros antepasados del mundo (y del universo) que nos rodea.

Tanto los niños como los adultos visitan los observatorios y los planetarios, descargan imágenes que se toman en naves espaciales que orbitan planetas, asteroides y cometas y aprovechan sin titubear la oportunidad de ver a través de un telescopio.

El interés temprano en la astronomía inspiró a muchos de los científicos e ingenieros líderes de la actualidad, entre ellos a Paul Nurse, presidente de la Real Sociedad y ganador del Premio Nobel de Medicina, quien a los ocho años encontró la inspiración a través de un telescopio.

Esta es una ciencia que lleva la tecnología a los límites, aprovecha al máximo las señales más débiles y usa técnicas complejas para crear modelos de mundos, estrellas y grupos de galaxias que probablemente nunca visitaremos. Estas exigencias imponen los desafíos más duros. Para poner un ejemplo, el Telescopio Espacial Hubble (que lleva el nombre del astrónomo estadounidense Edwin Hubble) cumplirá 25 años en abril. Enviar un telescopio al espacio se propuso desde la década de 1940, diez años antes de que el Sputnik soviético transmitiera sus primeros pulsos en órbita.

La construcción del Hubble empezó a finales de la década de 1970 y quedó listo para que el transbordador espacial de la NASA lo pusiera en órbita. Tras el desastre del Challenger, su lanzamiento se retrasó y finalmente entró en servicio en 1990; sin embargo, los científicos descubrieron que su espejo tenía la forma equivocada, falla que reparó otra tripulación del transbordador con la instalación de un sistema de corrección, tres años más tarde.

Después de esos primeros reveses, el telescopio Hubble ha transformado la astronomía. Desde donde se encuentra supera el efecto distorsionador de la atmósfera terrestre y ha ayudado a los científicos a descubrir que la expansión del universo se está acelerando con la ayuda de la aún misteriosa "energía oscura"; envió imágenes de sistemas solares en formación y de planetas que orbitan a otras estrellas, y demostró que casi todas las galaxias tienen un agujero negro gigante en su centro.

Durante todo este tiempo, este notable instrumento ha impuesto nuevos parámetros con imágenes exquisitas que se han hecho del conocimiento del público como ninguna otra y figuran en publicaciones de todo el mundo.

Aunque no es evidente, la astronomía tiene un impacto frecuentemente inesperado en muchos ámbitos de la vida cotidiana.

El Hubble y los telescopios ópticos modernos dependen de sensores digitales (dispositivos de carga acoplada o CCD, por sus siglas en inglés) que son mucho más sensibles a la luz de lo que podrían ser las placas fotográficas.

Aunque los astrónomos fueron de los primeros en adoptarlos, ahora los dentistas y los oncólogos usan sensores similares a los que pueden encontrarse en la cámara de cualquier teléfono móvil. Los CCD son un gran negocio y probablemente Instagram no existiría si no fuera por ellos.

Estos nuevos detectores y otros parecidos producen grandes conjuntos de datos que requieren un análisis extenso. El sistema VISTA, en Chile, produce al menos 300 gigabytes de datos todas las noches, el equivalente a unos 600 CD de música. El manejo de grandes archivos de datos a esta escala ha requerido del apoyo de " científicos ciudadanos" voluntarios; uno de los mejores ejemplos es Galaxy Zoo, que recurre a cientos de miles de personas para clasificar formas de galaxias, así como a software innovador que selecciona los objetos de interés.

Corders, quien colaboró en el proyecto PathGrid, se basó en este segundo enfoque y lo adaptó para ayudar a los técnicos en radiología a mapear tumores cancerosos, gracias a lo que los cirujanos pueden operar con mayor facilidad y rapidez.

En radioastronomía, el extraordinario telescopio SKA (Matriz de Kilómetro Cuadrado, por sus siglas en inglés), contará finalmente con miles de antenas parabólicas de radio y cientos de miles de detectores de menor tamaño esparcidos por Australia y el sur de África.

Como es un telescopio supersensible, el SKA promete abordar algunas de las principales cuestiones de la astronomía, desde la investigación de la energía oscura hasta la comprobación de la Teoría de la Relatividad de Einstein.

No es difícil darse cuenta de que las tecnologías que se desarrollaron para el SKA podrían ser transformadoras. Para que el telescopio funcione, los ingenieros tendrán que construir una red para manejar un flujo torrencial de datos equivalente a 100 veces el tráfico mundial actual de internet, así como desarrollar fuentes de energía sostenible que puedan funcionar sin mucho mantenimiento en desiertos remotos.

El beneficio indirecto podría ser una mejor conectividad que no requiera de la infraestructura sedienta de energía que el sistema necesita actualmente. Los radioastrónomos tienen buenos antecedentes en este tema: en la década de 1990 desarrollaron las redes Wi-Fi, como la que estoy usando mientras escribo este artículo.

La mayoría de los astrónomos profesionales no están en esto por las tecnologías y las técnicas afortunadas que a final de cuentas resultan ser útiles en otros ámbitos de la vida.

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Tal vez la mejor justificación de ciencias como la astronomía es la forma en la que nos obliga a alejarnos de las preocupaciones cotidianas y nos recuerda que en realidad somos una parte muy pequeña de un cosmos enorme.

Si estas importantes cuestiones y la innegable belleza del cielo pueden inspirarnos para pensar un poco más en la ciencia como un todo, no será algo malo.

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