Emprendedores, ¿cómo crear tecnología que ayude al mundo?

Las innovaciones tecnológicas actualmente están cambiando el mundo; pero, ¿cómo sabemos que estamos creando la tecnología adecuada para un mejor mañana?
tecnología, salud  (Foto: Crédito: Getty Images)
Bryan Johnson*
CIUDAD DE MÉXICO (CNNExpansión) -

La Administración de Drogas y Alimentos de Estados Unidos (FDA) está considerando actualmente los ensayos clínicos para una medicina que retrasaría el envejecimiento. La idea de extender la longevidad humana es controversial, con algunos argumentando que una esperanza de vida de 70 años es perfectamente adecuada.

Así que, ¿la medicina es buena o mala? Para mí como inversor en ciencia y tecnología, es una pregunta nada trivial. Con el ritmo acelerado del progreso tecnológico y nuestras increíblemente poderosas herramientas de creación, esta pregunta nunca ha sido tan relevante para todos en el planeta Tierra.

Personalmente, siempre he pensado que cualquier cosa que nos ayude a vivir vidas más longevas y saludables es buena tecnología. Pero lo que considero como “bueno” difiere de lo que otros consideran, a veces de manera significativa. Mi opinión, como la de todos, está formada por mis valores, creencias, circunstancias, experiencias de vida y una miríada de factores. Para usar una metáfora computacional, mi sistema operativo ideológico –el código base que uso para procesar y dar sentido al mundo– no es el mismo que el tuyo. No es mejor o peor, sólo es distinto.

Así que si las ideas de bien y mal de todos son distintas, ¿cómo podemos decidir qué es hacer el bien con la tecnología? Explorando esto, me di cuenta que este puede ser un mal lugar para comenzar. En lugar, esta puede ser una mejor guía: la mejor manera de hacer el bien con la tecnología es crear buena tecnología.

Lidera con tecnología, no con valores

La mayoría de nosotros aspira a “hacer el bien” para el mundo. Actuando según nuestras mejores intenciones, lo que decidimos hacer es guiado por nuestros valores personales. Pero los fracasos suceden cuando nuestros valores no concuerdan con los de los grupos que tratamos de influenciar, o la forma en que nos dirigimos no es la óptima para producir la mejor tecnología posible.

Toma por ejemplo el modelo de los 60-70s de programas de ayuda que operaban en grandes partes de África. Muchos de esos programas han fallado en sus objetivos, de acuerdo con la Corporación Financiera Internacional, institución privada del Banco Mundial.

Un ejemplo claro, descrito en un artículo el año pasado, es el PlayPump, una bomba de agua en forma de carrusel diseñada para ser operada por niños mientras juegan. La idea resultó atractiva a los valores de los donadores de países desarrollados que lo financiaron, pero a menos de dos años de haber llegado a África, las bombas carecían de mantenimiento, estaban rotas y abandonadas.

Si bien este ejemplo es un cliché del mundo sin fines de lucro, la lección que representa es relevante. ¿Cómo podemos evitar esos fracasos? Mi propuesta es que como emprendedores e inversores, en lugar de enfocarnos en hacer el bien con la tecnología, mejor nos enfocamos en construir tecnología buena. La diferencia es mucho más que semántica.

Crear tecnología buena comienza con una curiosidad fuerte, la búsqueda de problemas difíciles y exploración, a donde sea que lleve. No es necesariamente altruista. En vez, en un nivel importante, es la antigua búsqueda de crear una mejor ratonera, o incluso re imaginar el problema en una manera que elimine la necesidad de una ratonera en primer lugar.

La tecnología buena no sólo es cuestión de misiones: también puede provenir de un reparador que no tiene otro propósito mayor que adquirir conocimiento. En cualquier caso, construir tecnología buena es un acto de exploración, de ir más allá de nuestro entendimiento y capacidad actuales. Estos son comportamientos y preferencias compartidos comúnmente por los científicos, inventores y tecnólogos.

En mi empresa actual, estamos invirtiendo en compañías que usan ciencia para construir buena tecnología. En muchos casos, la tecnología ha avanzado lo suficiente como para identificar una aplicación tangible como aminorar enfermedades.

Pero muchos de los esfuerzos emergentes en ciencia y tecnología que estamos financiando, como la exploración del microbioma o inteligencia artificial, sólo se tratan de explorar preguntas complejas sin motivos predefinidos sobre su uso potencial. En otras palabras, estamos buscando buena tecnología porque creemos que así es como ultimadamente haremos lo mejor para el mundo.

Diseña en valores en donde importa

Me he preguntado a mí mismo: ¿Hay algún lugar para valores explícitos en la tecnología? Sí creo que lo hay, pero no está en el nivel de las grandes intenciones; es en las trincheras del diseño de productos.

Un modelo a contemplar en lo que todos trabajamos para incorporar nuestros deseos naturales de hacer el bien en el mundo con lo que construimos: diseña tus valores en la tecnología en donde ayude a la tecnología a ser mejor por sí misma. Por ejemplo, cuando estaba creando mi empresa de pagos Braintree, un enfoque central del diseño de nuestro producto y cultura empresarial fue la transparencia, la confianza y confiabilidad lo que hizo que la tecnología fuera mejor.

En contraste, regresando al ejemplo del PlayPump: el juego de los niños no está de ninguna manera obvia conectado al problema de llevar agua a los lugares necesitados y no provee una ventaja excepcional basada en algún principio científico o tecnológico. El agua bombeada por niños que juegan no es mejor ni requiere menos energía que el agua bombeada por adultos, animales o bombas eléctricas. El PlayPump injertó el valor de “promover el juego” a un producto para llevar más lejos una agenda vertical.

Un lugar para las ganancias

Una nueva generación de emprendedores está cambiando su atención de resolver problemas de negocios discretos a resolver los problemas del mundo, con una variedad de financiamientos, iniciativas y fundaciones (y muchos con una mentalidad de hackers). Así que, ¿cómo podemos hacer uso de nuestros recursos individuales y colectivos para construir y enviar buena tecnología?

Organizaciones de todo tipo –desde gubernamentales y académicas hasta fundaciones y corporativos–Empren pueden (y logran) hacer buena tecnología. Si bien cada una tiene sus propios records de éxitos y fracasos, pros y contras, creo que la buena tecnología frecuentemente resulta de las presiones intensas que crea el mercado capitalista para maximizar sustentablemente el valor de creación para el mayor número de personas. En este sistema, soluciones inferiores o incompletas son dejadas a un lado. Las ideas prometedoras se vuelven mejores por las fuerzas del mercado y la competencia.

Esto es, en parte, por que decidí iniciar un fondo de inversión con mi propio capital en lugar de crear una fundación o caridad tradicional. Creo que el capitalismo es una forma muy efectiva de llevar buena tecnología a las manos de más personas.

Por su propia naturaleza, los capitalistas no quieren estar en el negocio de definir lo que es bueno. Quieren crear mercados grandes y exitosos. Así que no están preocupados por si usas su tecnología para operaciones bancarias, jugar, ver videos de Khan Academy o incluso propósitos ilícitos. Pero sólo porque los empresarios usualmente son pluralistas y liberales, no implica que el resultado sea diferente a si filósofos moralistas hubieran recomendado las acciones que tomaron de todas formas.

Un poderoso ejemplo de estos principios en acción está en el sector educativo. One Laptop per Child (OLPC) inició en el 2005 con la intención de proveer computadoras de bajo costo a los niños de países en desarrollo. El proyecto, si bien una idea noble y ambiciosa, se enfrentó a todo tipo de problemas y eventualmente falló. Mientras tanto, los smartphones baratos manufacturados en China, impulsados meramente por motivos comerciales, han revolucionado África y Asia.

No siempre funciona así, claro. El financiamiento por parte de la filantropía, academia y gobierno juega un papel crítico a la hora de subsidiar la innovación. Para muchos problemas, las soluciones basadas en el mercado simplemente quedan cortas. Pero la tecnología que verdaderamente cambia al mundo tiene un extraño hábito de valerse por sí misma.

Así que, ¿qué pasa con la píldora anti envejecimiento? Esto es algo en lo que invertiría porque promete agregar a la biblioteca de conocimiento humana a la vez que llena una necesidad importante en el mercado. Es buena tecnología, impulsando lo que los humanos son capaces de hacer.

Tengo ganas de ver muchos modelos diferentes trabajando hacia obtener resultados positivos a través de la tecnología. Para tener una oportunidad de resolver algunos de nuestros retos más agravantes, necesitamos un ecosistema diverso de aproximaciones. Por mi parte, apuesto que la búsqueda de la buena tecnología creará las condiciones más favorables para el florecimiento de la humanidad.

Este artículo fue publicado originalmente en TechCrunch.

Bryan Johnson (@bryan_johnson) es un emprendedor, establecido con 100 millones de dólares de su capital personal para apoyar a inversores y científicos que trabajan a beneficio de la humanidad reescribiendo el sistema operativo de la vida.

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