Los personajes que odian la Navidad ayudan a la ciencia

Por:
Luis Javier Plata Rosas

Algunas creaciones como Scrooge y 'El Grinch' inspiraron a los investigadores para nombrar síndromes y mutaciones

Inspirados en la amargura

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ebenezer scrooge  Sin Pie de Foto  (Foto: Getty Images)

Hace tiempo, dos seres de cuentos clásicos odiaban la Navidad: uno era El Grinch y otro Scrooge. Cómo El Grinch robó la Navidad fue creado por Theodor Geisel en 1957. Ahí, el doctor Seuss presenta a un personaje verde, peludo y cascarrabias, con un corazón dos tallas menor al de cualquier ser humano normal.

¿Quién puede detestar la Noche de Paz con igual intensidad que El Grinch y llamar, a las Pascuas, “patrañas” y nada más? Solo el viejo Ebenezer Scrooge, imaginado en 1843 por Charles Dickens en Cuento de Navidad.

Desde entonces los científicos han hallado síndromes, genes y efectos diversos inspirados en estos amargados personajes.

Los peces mutantes

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peces cebra grinch mutantes  peces cebra grinch mutantes  (Foto: Getty Images)

En 2007, un equipo internacional de científicos identificó una mutación en un gen del pez cebra, de la especie Danio rerio —favorita de la investigación en genética, aunque no tan famosa como la mosca Drosophila melanogaster—, que inhibe el crecimiento del miocardio, el tejido muscular del corazón de estos peces, durante la etapa larval.

Los peces con esta mutación tienen un número reducido de cardiomiocitos, lo que significa que su corazón es de menor tamaño que el de sus parientes normales. La indiscutible semejanza con El Grinch y su corazón “dos tallas menor” llevó a estos científicos a bautizar a los genes como “mutantes grinch (grn)”.

Síndrome Grinch

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grinch sindrome  grinch sindrome  (Foto: Getty Images)

Los que han sentido una rabia irracional contra las personas que con el menor pretexto exclaman “¡Feliz Navidad!” no están aquejados por el síndrome Grinch… a menos que sufran de síndrome de taquicardia ortostática postural (POTS, por sus siglas en inglés).

La frecuencia cardiaca de las personas con POTS –en su mayoría mujeres– se eleva de manera anormal cuando, por ejemplo, se ponen de pie, luego de haber estado recostadas en el piso.

En 2010, investigadores del Centro Médico del Suroeste de la Universidad de Texas concluyeron que la taquicardia en los pacientes con POTS podía atribuirse a que tienen un corazón más pequeño, además de un volumen de sangre reducido, en comparación con el de las personas sanas.

Los científicos propusieron que esta enfermedad fuera conocida como síndrome Grinch. Pero el estudio también mostró que, a corto plazo, el ejercicio incrementa el tamaño del corazón y el volumen de sangre, con lo que pueden mejorar o, incluso, curarse de esta afección.

¿Marxismo para niños?

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grinch consumismo caricatura  grinch consumismo caricatura  (Foto: Getty Images)

Los globalifóbicos pueden elegir, para leer a sus hijos, historias del doctor Seuss, como El Grinch y El Lórax. Si nos ponemos rigurosos, tal vez sea una contradicción contra los “principios” de esta corriente el que niños mexicanos, australianos, rusos o sudafricanos compartan las mismas lecturas.

En 2009 el especialista en educación Chad Curtis Schneider, de la Universidad de Ohio, indicó que esas historias son parábolas que alertan a los lectores infantes (y a sus padres) sobre los riesgos de la avaricia, del consumismo y del potencial humano para destruir el mundo en sociedades materialistas.

De acuerdo con Curtis y otros autores, en estos cuentos se refleja, entre líneas, el rechazo que Seuss sentía por lo que consideraba un tratamiento injusto de los trabajadores inmigrantes, en las fábricas donde él creció. Karl Marx, tal vez, habría elegido a El Grinch como regalo navideño para sus hijos (de haber celebrado la Navidad, pues era judío).

Terror y efecto Scrooge

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ebenezer scrooge cuento de navidad  ebenezer scrooge cuento de navidad  (Foto: Getty Images)

Fue necesaria la visita de tres fantasmas y el terror a la muerte en soledad para que Ebenezer Scrooge rectificara su conducta. Para los Scrooge que deambulan como fantasmas en la realidad: ¿un recordatorio de su mortandad podría hacerlos cambiar?

Dos estudios llevados a cabo en 2002 por la psicóloga Eva Jonas y sus colegas de las universidades de Munich, Alberta, Arizona y Colorado demostraron que, tener en mente que algún día moriremos, aumenta nuestras actitudes y conductas en beneficio de nuestros semejantes. Para el experimento, entrevistaron a personas que se hallaban frente a una funeraria y a tres cuadras de esta.

Cuando se les solicitaba un donativo para “una buena causa”, quienes veían a la muerte a los ojos estaban más dispuestos a donar dinero que aquellos que estaban lejos de las funerarias, pero solo elegían organizaciones “de casa”, no organismos internacionales.