Novedades artísticas del siglo XV

Científicos investigan a fondo uno de los mejores retablos religiosos de la España medieval; la magistral obra ‘ocultaba’ bajo la pintura final, los bosquejos preliminares de los artistas.
La joya medieval que estudian los investigadores, está en la

Una tarea detectives ha arrojado nueva luz sobre una colección de paneles del siglo XV que alguna vez adornó el altar de una iglesia en España.

El análisis científico de los paneles medievales pintados entre 1480 y 1500 para la catedral de Ciudad Rodrigo no solamente ha revelado dibujos subyacentes ocultos durante unos 500 años, sino también ha elevado la estatura de un artista que trabajó en los paneles.

Los investigadores hallaron que un artista virtualmente desconocido llamado Maestro Bartolomé, que trabajó junto con el más conocido Fernando Gallego, fue responsable de la mitad de los paneles, además de artista consumado por derecho propio.

''Sabíamos que Bartolomé trabajaba con Gallego, pero no sabíamos que su técnica y estilo eran de tal calidad'', comentó Mark Roglan, director del Museo Meadows de la Universidad Metodista del Sur en Dallas, donde los paneles son la pieza central de una exhibición hasta el 27 de julio.

La exposición muestra los 26 paneles que quedan de la catedral, que exhiben pasajes bíblicos del Génesis, la vida de Cristo y el Juicio Final.

''Se le consideró uno de los mejores retablos del siglo XV'', dijo Claire Barry, conservadora de pintura en el Museo de Arte Kimbell en Fort Worth.

La exhibición permite atisbar el pasado con copias iluminadas de los dibujos subyacentes, que son los bosquejos que los artistas hicieron de las escenas antes de pintarlas. En un panel que muestra a Adán y Eva, por ejemplo, el original de Bartolomé tenía a Eva arrodillada junto a Adán, pero el panel terminado muestra a Eva surgiendo de la costilla de Adán.

Esos bosquejos, revelados con la ayuda de una cámara infrarroja, han dado a los expertos una idea sobre las prácticas de los talleres de artistas en la época.

Barry, que hizo los análisis técnicos de las pinturas, dijo que la observación de los bosquejos le ayudó a aprender cómo dos talleres se combinaban para trabajar en una misma pieza, cómo se dividía el trabajo, y cuáles eran las diferencias y semejanzas entre los artistas.

Barry halló que los 23 paneles ''narrativos'' mayores, de un metro y medio por un metro, fueron divididos casi por la mitad entre ambos artistas. Pero Gallego fue el autor de los tres paneles más pequeños, de un metro por 0,75 metro, que forma la hilera inferior del altar.

También detectó diferencias distintivas en la obra de Gallego y Bartolomé. Si bien los dos se inspiraron en fuentes impresas, Bartolomé las copió directamente mientras Gallego las usó más bien como inspiración. Gallego escribió notas en sus esbozos para indicar el color que quería para determinados objetos, pero Bartolomé no lo hizo.

Los talleres estaban repletos de especialistas, incluyendo gente que preparaba los paneles de madera y asistentes que pintaban escenas siguiendo los esbozos de los artistas. Incluso había especialistas que pintaban exclusivamente los árboles del trasfondo, precisó Barry.

''Esto es mucho más parecido a una actividad corporativa que lo que pensamos hoy'', comentó.

En préstamo del Museo de Arte de la Universidad de Arizona en Tucson, Barry ha examinado los paneles de Kimbell en los últimos tres años.

La idea de la investigación surgió cuando Roglan divisó los paneles mientras estaba en Tucson para reunirse con funcionarios del museo.

''Tuve que sentarme para absorber la enorme belleza que emanaba de estos paneles'', dijo Roglan.

Charles Guerin, director ejecutivo del Museo de Arte y Archivo de Artes Visuales de la Universidad de Arizona, dijo que la colaboración les ha permitido aprender conjuntamente más sobre los paneles que lo que habían logrado desde fines de la década del 50.

''Nadie sabía ciento por ciento qué había hecho cada artista'', dijo Guerin, y agregó que la exhibición pasará en septiembre al Museo de Arte de la Universidad de Arizona.

Los paneles permanecieron en Ciudad Rodrigo, a 85 kilómetros de la ciudad universitaria de Salamanca, durante unos 400 años. Pero en un momento poco antes de 1800 se encontraban en tal mal estado que dejaron de ser exhibidos en el altar.

En 1879 fueron vendidos a un coleccionista británico por medio de un comerciante en Madrid. Un año después llegaron a manos de un tal Francis Cook que los tuvo en su casa en un suburbio londinense hasta pasada la Segunda Guerra Mundial. Fue entonces cuando fueron vendidos a la Fundación Samuel H. Kress, que los cedió a la Universidad de Arizona en los años 50, dijo Barbara Anderson, titular de la exhibición y curadora consultora de materiales españoles y latinoamericanos en el Instituto de Investigación Getty en Los Angeles.

Barry dijo que los paneles fueron sometidos a una restauración en la década del 50, de modo que sólo hubo que hacerles un trabajo menor recientemente.

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