Cartier, mecenas del arte contemporáneo

¿Funciona aún el cobijo al arte? La Fondation Cartier dice que sí y les da libertad de creación; ha apoyado desde 1984 a artistas como David Lynch, Patty Smith y ahora al cineasta Takeshi Kitano.
kitano_sin_titulo  (Foto: Cortesía Fondation Cartier)
Juliana Frick

"Tú dedícate a crear, nosotros nos ocupamos del resto”, palabras más, palabras menos, fue lo que le dijo la Fondation Cartier al director de cine Takeshi Kitano varios meses atrás.

El resultado fue Gosse de peintre, la exposición que ha convertido el edificio del Boulevard Raspail en una especie de parque de diversiones para adultos y niños con pinturas, videos, instalaciones, juegos y objetos extraños que creó el cineasta japonés –devenido artista.

Grazia Quaroni es una de las tres curadoras de la fundación para averiguar sobre el trabajo de patronazgo (o mecenazgo) que hace la Fondation Cartier desde 1984. Explica que los artistas convocados arman la exhibición a partir de su pedido y tienen carta blanca todo el tiempo para crear lo que quieran.

No es algo común en 2010 que, por un lado, ellos convoquen a los artistas (lo normal sería que éstos rogaran por poder exponer en el edificio diseñado por Jean Nouvel), y por otro, que los dejen crear a su antojo. “Nosotros los financiamos y ayudamos para que puedan ser libres y pensar en el proyecto. Es una de las mejores partes de nuestro trabajo: el contacto con el artista; el día a día.”

La convocatoria no sólo incluye a artistas consagrados, sino a emergentes y a otros, que no pertenecen al campo del arte como tal. ¿Ejemplos? Issey Miyake, Jean Paul Gaultier o Murakami, por dar algunos nombres.

La exposición The Air is on Fire, de David Lynch, quien mostró por primera vez algo que no fue cine, fue tan sorprendente y vanguardista, como la de Patty Smith, Land 250, que separándose de su carrera musical por un rato, creó dos instalaciones, obras de video y de foto y una serie de dibujos.

Entonces, ¿el paraíso de los artistas lleva nombre de marca de lujo? Aparentemente sí, y no sólo es el edén de los artistas, sino también de los espectadores que disfrutan del mejor arte contempóraneo en exposiciones temporales (que en 25 años suman más de 170), además de la colección fija.

Todo en nombre de Cartier, pero con una gestión independiente y bajo la forma de un museo. “Apoyamos todos los campos de la creación”, me explica Quaroni, “no importa si es moda, diseño, cine o pintura, mientras sean obras de arte contemporáneo realizadas por artistas vivos”.

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Suena idílico pero todo indica que es real: las instalaciones, los cuadros, los dibujos, el edificio de acero y vidrio que destaca en el paisaje parisino.

Habrá que ir a comprobarlo antes del 12 de septiembre y ver la obra de Kitano, que esta vez no se proyecta en una sala de cine, sino en un museo completo, en instalaciones y con curaduría. Según sus propias palabras: “Con esta exhibición, intenté expandir la definición de ‘arte’ para hacerlo menos convencional, menos esnob, más casual y accesible a todo el mundo.”

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