La democracia de EU va en deterioro, ¿por Trump?

Al tuitear numerosas críticas contra las agencias que investigan la intromisión rusa en las elecciones, el presidente de EU ayuda indirectamente a lograr los presuntos objetivos de Rusia.
Desahogo  Donald Trump aprovechó los últimos tres días de descanso para desahogarse en Twitter contra el FBI y sus rivales políticos.  (Foto: Reuters)
STEPHEN COLLINSON
WASHINGTON (CNN) -

Voluntaria o involuntariamente, el presidente estadounidense, Donald Trump, pasó el fin de semana del Día del presidente haciendo el trabajo del Kremlin.

Pueden que pasen meses antes de que los estadounidenses averigüen si el fiscal especial Robert Mueller validará o rechazará las acusaciones de que la campaña de Trump en 2016 se coludió con la operación de intromisión electoral de Moscú.

Pero los tres días de desahogo de Trump en Twitter contra el FBI, sus oponentes políticos y la investigación de Rusia desde su resort de Mar-a-Lago probablemente despertarán la desconfianza en las instituciones de la democracia y el gobierno, lo cual la intervención rusa fue diseñada para fomentar.

Además de arremeter contra los que percibe como enemigos políticos, Trump mostró su rechazo a las investigaciones gubernamentales y del Congreso que se llevan a cabo bajo los controles y equilibrios del sistema estadounidense y socavó la advertencia de su propio asesor de seguridad nacional contra Rusia en un foro internacional clave.

Al mismo tiempo, Trump no condenó el audaz esfuerzo de “guerra de información” alegado en una acusación exhaustiva contra 13 rusos que Mueller reveló el viernes. Tampoco prometió proteger las futuras elecciones en Estados Unidos, a pesar de que los jefes de inteligencia advirtieron que un intento por irrumpir las elecciones intermedias de noviembre podría estar ya en marcha.

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Esa renuencia es consistente con un patrón de conducta inexplicable del presidente que involucra la cuestión de Rusia. Las personas en su órbita, por ejemplo, han mentido repetidamente sobre los contactos de la campaña con los rusos y el presidente está bajo investigación por posible obstrucción a la justicia por despedir al director del FBI, James Comey, quien supervisaba la investigación de interferencia electoral.

Trump también ha sido extrañamente solícito con el presidente ruso Vladimir Putin, elogiando su espíritu fuerte y gravitando hacia él en las cumbres internacionales.

Pero Mueller no ha anunciado hasta el momento ningún hallazgo que demuestre que la campaña coludió con Rusia ni alegó que el presidente esté comprometido de ninguna manera ni indicó si Trump tiene algo que temer de la investigación del fiscal especial.

La acusación del viernes señaló que los representantes rusos interactuaban solo con colaboradores “involuntarios” de la campaña Trump, una declaración que los partidarios del presidente usaron para afirmar de manera inexacta que Mueller lo había absuelto de cualquier delito.

Hay varios escenarios que no incluyen colusión, comenzando con la sensibilidad obsesiva de Trump a las afirmaciones de que su victoria electoral fue ilegítima o la preocupación de que sus finanzas personales estén a la vista de Mueller, eso también podría explicar su amarga antipatía hacia la investigación.

Pero, dicho esto, este fin de semana pasado reveló una notable continuidad de interés entre Trump y los rusos que planearon la operación, y muestra cómo su reacción a su exposición perpetúa los objetivos que la acusación de Mueller dice que Rusia esperaba lograr.

El objetivo de Moscú parece haber sido minar la confianza pública en las instituciones de la política y el gobierno, que han convertido a Estados Unidos en un faro de la democracia.

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"Los acusados presuntamente llevaron a cabo lo que denominaron guerra de información contra Estados Unidos, con el objetivo declarado de difundir la desconfianza hacia los candidatos y el sistema político en general”, dijo el vicefiscal general Rod Rosenstein a los periodistas el viernes.

Algunos expertos van más allá y argumentan que la acusación levanta la tapa de una operación rusa expansiva para debilitar el tejido de la vida pública de Estados Unidos.

“Más que nada fue para sembrar la discordia en nuestro proceso político (...) para degradar la confianza en nuestras instituciones políticas y luego también para agitar para que estuviéramos atacándonos entre nosotros por esto”, dijo Daniel Hoffman, un exagente de la CIA asignado a Moscú, en Smerconish de CNN el sábado.

Pero Rusia no es el único que busca activamente empañar las instituciones de la democracia estadounidense. Trump ha actuado de manera similar durante su presidencia, desde sus insultos contra el poder judicial, sus peleas con las agencias de inteligencia hasta la declaración de que los medios son un enemigo del pueblo.

Su disposición a atacar a la clase dirigente fue una parte elemental de su atractivo en 2016 y ayuda a explicar su vínculo duradero con sus seguidores.

Antes de que Trump se convirtiera en presidente, hubiera sido un gran shock ver repetidos ataques públicos contra el FBI por parte del ocupante de la Oficina Oval. Ahora sucede tan a menudo que es casi una noticia vieja.

El presidente llevó su ataque contra esa agencia a un nuevo nivel durante el fin de semana, al culpar directamente a los agentes del FBI de Florida por no haber detenido el tiroteo en la escuela secundaria en el condado de Broward la semana pasada.

“Están gastando demasiado tiempo tratando de demostrar la colusión rusa con la campaña de Trump: no hay colusión. ¡Vuelvan a lo básico y háganos sentir orgullosos!”, escribió Trump en Twitter el sábado desde su cuenta @realDonaldTrump.

Aunque el ataque constante del presidente contra el FBI está obviamente motivado por su enojo por la investigación sobre Rusia y no necesariamente indica que tiene algo que ocultar, se trata de un regalo para Moscú.

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Cualquier declive de la confianza pública en la agencia como resultado de los ataques de Trump solo puede ser una buena noticia para Rusia, ya que el FBI es responsable de detectar y prevenir el espionaje ruso en Estados Unidos y depende del apoyo público para su legitimidad.

Una encuesta reciente de la Universidad de Quinnipiac encontró que solo 48% de los estadounidenses aprueba la forma en que el FBI está llevando a cabo su misión, mientras que 53% de los republicanos no aprueba el trabajo que la agencia está haciendo.

Los tuits de Trump el fin de semana también incluyeron ataques a la estructura del sistema constitucional establecido para supervisar el poder del presidente.

“Si fuera el OBJETIVO de Rusia crear discordia, disrupción y caos dentro de Estados Unidos, con todas las Audiencias del Comité, Investigaciones y el odio de los Partidos, han tenido éxito más allá de sus sueños más salvajes. Se están riendo de lo lindo en Moscú. ¡Sé inteligente, Estados Unidos!” tuiteó, Trump.

El tuit reflejaba una declaración del presidente el viernes por la noche, en la que sostenía que la desconfianza en el sistema estadounidense estaba de hecho enraizada en los intentos por examinar el alcance de la intromisión rusa en 2016.

“Es hora de que detengamos los extravagantes ataques partidistas, las acusaciones descabelladas y falsas, y las teorías descabelladas que solo sirven para impulsar las agendas de los malos actores, como Rusia, y no hacen nada para proteger los principios de nuestras instituciones”, dijo Trump.

El exasesor de campaña de Trump, Michael Caputo, reforzó este argumento el martes, al sostener que la intervención de Rusia fue real, pero culpando de la discordia postelectoral a los enemigos políticos del presidente en casa.

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“Creo que gran parte de la disensión que se ha sembrado desde las elecciones fue totalmente responsabilidad de los demócratas”, dijo Caputo a New Day de CNN. “Creo que los demócratas han alimentado esta falsa narrativa de colusión rusa con los medios, (y) los medios se la tragaron alegremente porque es realmente buena para los ratings”.

Pero Trump, al lanzar una andanada de tuits críticos de su predecesor Barack Obama el martes, aseguró que la acritud provocada por la operación rusa exacerbará las cicatrices de una elección que todavía atormenta la política estadounidense.

El presidente citó el llamado de Obama el año pasado para que deje de “lloriquear” cuando Trump afirmó que las elecciones podrían ser “fraudulentas” contra la boleta republicana.

“El presidente Obama citó [esto] justo antes de las elecciones. Eso es porque pensó que la torcida Hillary iba a ganar y no quería 'sacudir el barco'. Cuando gané fácilmente el Colegio Electoral, todo el juego cambió y la excusa rusa se convirtió en la narrativa de los demócratas”, tuiteó Trump.

Socavando a McMaster en Múnich

Desde un discurso icónico en la Conferencia de Seguridad de Múnich en 2007, en el que anticipó un cambio de política hacia Estados Unidos al quejarse de que actuaba como el único “amo” y “soberano” del mundo, Putin se ha convertido en un desafío para el poder global de Estados Unidos.

Así que fue significativo que el consejero de seguridad nacional H.R. McMaster eligiera el evento de Múnich de este año para enviar una fuerte advertencia a Moscú.

Dijo que las acusaciones de Mueller del viernes mostraban que la evidencia de un esfuerzo de intromisión electoral en Rusia era “realmente incontrovertible”, pero advirtió que la operación había sido contraproducente.

“Todo lo que ha hecho es apelar a esas grandes periferias mientras unifica todas nuestras políticas de hecho contra Rusia y la interferencia rusa”, dijo.

Trump contradijo rápidamente a McMaster, planteando nuevas dudas sobre el nivel de confianza que el presidente mantiene en su asesor de seguridad nacional y menoscabando su mensaje de que los estadounidenses estaban unidos contra Rusia.

“El general McMaster olvidó decir que los resultados de las elecciones de 2016 no fueron impactados o cambiados por los rusos y que la única colusión fue entre Rusia y la torcida H, la DNC [Convención Nacional Demócrata] y los demócratas”, tuiteó Trump.

No es la primera vez que Trump parece estar en desacuerdo con su propio personal de seguridad nacional, que ha adoptado una postura dura hacia Rusia en medio de un hundimiento en las relaciones entre los antiguos enemigos de la Guerra Fría.

Los defensores de Trump a menudo apuntan a una decisión del gobierno de permitir que Ucrania compre armas pequeñas y ligeras a fabricantes estadounidenses para contrarrestar la narrativa de que el presidente simpatiza demasiado con Rusia.

La secretaria de prensa de la Casa Blanca, Sarah Sanders, está aprovechando las quejas, incluso por parte de algunos demócratas, de que el gobierno no hizo lo suficiente para castigar la subversión en las elecciones rusas.

“A diferencia de Obama, el @POTUS no va a ser presionado por Rusia ni por nadie más”, dijo en Twitter el sábado.

Pero Obama advirtió personalmente a Putin que no se metiera en las elecciones, impuso sanciones a personas y entidades rusas, echó a 35 diplomáticos rusos y cerró dos de los edificios del Kremlin en Estados Unidos.

Aunque los críticos de Obama exigieron más, su acción aún excede los pasos que Trump ha tomado en respuesta a acusaciones mucho más detalladas y públicas de la interferencia de Rusia. El presidente todavía no ha impuesto sanciones diseñadas para castigar la intromisión electoral por parte de Moscú.

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