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¿Debe ser pública la salud de un CEO?

El cáncer que padece el jefe de JPMorgan, Jamie Dimon, plantea dudas sobre la privacidad; el caso de Steve Jobs marcó un precedente sobre el manejo de esta información en las empresas.
El apoyo se produce aún cuando el directorio dijo en enero que había recortado a la mitad la compensación anual de Dimon para el 2012. (Foto: Reuters)
Jamie Dimon

El presidente y CEO de JPMorgan Chase, Jamie Dimon, dijo este martes a los empleados y accionistas de la empresa que ha sido diagnosticado con cáncer de garganta curable y que su pronóstico es excelente.

Aunque el diagnóstico de Dimon aparentemente no amenaza su vida, condujo a la cuestión de quién lo sucederá al mando de JPMorgan. Pero además, su anuncio planteó una cuestión incluso más amplia: ¿qué se espera de los CEO cuando se trata de su salud?

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El presidente de Estados Unidos se realiza revisiones regulares y da a conocer los resultados cada algunos años. (En el último examen del presidente Barack Obama en junio, los médicos lo consideraron sano ya que “se ejercita diariamente, permanece libre de tabaco, y sólo bebe alcohol de vez en cuando y con moderación”). ¿Se espera lo mismo de los líderes empresariales, que a menudo están indeleblemente ligados al desempeño financiero de una empresa?

Un portavoz de JPMorgan dijo a Fortune el miércoles que la empresa no tiene ningún requisito de que Dimon se realice revisiones regulares. Pero él se practicó exámenes regulares de todos modos porque, como una persona cercana a Dimon nos dijo, el CEO de JPMorgan “está enfocado en su salud, juega regularmente al tenis y corre con su esposa e hijos”.

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Aunque ése sea el caso en JPMorgan, las prácticas ciertamente varían de empresa a empresa, dice Dennis Carey, de Korn Ferry, quien ha dirigido los esfuerzos de reclutamiento y calendario de sucesión para empresas como 3M, AT&T y Office Depot.

Las empresas son conocidas por comprar pólizas de seguro para las llamadas “persona clave”, como sus presidentes ejecutivos , las cuales colocan una cantidad en dólares sobre las contribuciones de los ejecutivos de la empresa y protegen a la compañía contra una adversidad financiera en caso de que mueran. Antes de que esas políticas sean emitidas, se le exige al presidente ejecutivo que revele cualquier riesgo de salud, dice Keith Martinsen, vicepresidente ejecutivo de ABD Insurance and Financial Services. Y, dependiendo de la política, es posible que un presidente ejecutivo también deba realizarse un examen físico aproximadamente cada año, con la esperanza de que cualquier enfermedad catastrófica sea detectada a tiempo.

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El portavoz de JPMorgan dijo que el banco no tiene una póliza de seguro específica sobre Dimon, a pesar de que puede estar cubierto por un plan grupal para los más altos empleados del banco.

Carey dice que siempre aconseja a sus clientes que incluyan al menos una prueba de esfuerzo como parte de su debida diligencia al contratar ejecutivos externos. “En algunos casos, las empresas pagan decenas de millones de dólares para comprar a un ejecutivo (a un empleador previo) sólo para descubrir que el ejecutivo tiene una enfermedad”, dice Carey. “Es más frecuente en las empresas de Fortune 200 y sucede en menor medida que bajas hacia las empresas del mercado medio”.

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Aunque no existe una norma dominante sobre el manejo de la salud de los ejecutivos, en general, los consejos directivos y los presidentes ejecutivos se están adhiriendo a una interpretación más liberal de la norma de la Comisión de Bolsa y Valores (SEC, por sus siglas en inglés) que requiere a las empresas revelar públicamente la información pertinente acerca de un presidente ejecutivo (es decir, cualquier cosa que influya en la decisión de los inversores para comprar o vender valores) en lo que Carey se refiere como la “era post Jobs”.

Cuando Steve Jobs fue diagnosticado con cáncer y recibió un trasplante de hígado, el mal manejo de su enfermedad por parte de Apple se convirtió en el estándar de lo que no se debe hacer cuando un CEO enferma. La empresa nunca informó completamente a los inversores sobre la debilitada salud de Jobs, incluso a medida que el fundador de Apple se volvía notablemente más delgado y tomaba licencias en el trabajo. La SEC más tarde investigó si la empresa había desinformado a los inversores.

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El anuncio de Dimon del martes refleja el enfoque que Warren Buffett tomó cuando él fue diagnosticado con cáncer de próstata en 2012. A pesar de que los médicos habían dicho que “no era ni remotamente amenazante para si vida y ni siquiera debilitante de una manera significativa”, el presidente y presidente ejecutivo de Berkshire Hathaway eligió anunciar su diagnóstico en etapa temprana, en una carta a los accionistas.

“La situación de Steve Jobs fue toda una proeza en términos de recordar a los consejos que deben ser abiertos ante este tipo de cosas”, dice Carey.

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Reporte adicional de Stephen Gandel.

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