OPINIÓN: Qué es lo que Trump no entiende de Martin Luther King Jr.

El más reciente arranque de violencia retórica de Trump en contra de la gente que no es blanca nos recuerda que aún hay trabajo por hacer para que se cumpla el sueño de King, opina Peniel Joseph.
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Peniel Joseph

Nota del editor: Peniel Joseph es director de la cátedra Barbara Jordan sobre Ética y Valores Políticos de la Escuela de Administración Pública Lyndon B. Johnson de la Universidad de Texas en Austin, así como director fundador del Centro de Estudios sobre Raza y Democracia de la misma institución, en donde también da clases de Historia. De los muchos libros que ha escrito, el más reciente es Stokely: A Life. Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

(CNN) — El reverendo Martin Luther King Jr. habría cumplido 89 años este lunes 15 de enero. Este año, el día festivo que se celebra en su honor en Estados Unidos (y que usualmente es el tercer lunes de enero) cae justo en su cumpleaños: 15 de enero. Además, como en abril se conmemorarán 50 años de su muerte, vale la pena recordar, hoy más que nunca, cómo vivió.

La afirmación simbólica que Donald Trump, presidente de Estados Unidos, hizo de la conmemoración de King el viernes 12 de enero, siguió a las críticas mundiales a sus declaraciones disparatadas y polémicas sobre los haitianos y los africanos del día anterior.

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Bajo los halagos públicos de Trump a King no solo yacen sus palabras en privado, sino sus obras. En general, no se recuerda a King por su experiencia política, pero debería ser así. Las garantías individuales a nivel federal, el derecho al voto y las leyes de vivienda para todos se aprobaron, en parte, gracias a la presión que ejerció sobre el Congreso, sobre los presidentes y sobre las instituciones democráticas en general.

De hecho, el más reciente arranque de violencia retórica de Trump en contra de la gente que no es blanca es un importante recordatorio de que aún hay mucho trabajo por hacer para que se cumpla el sueño de King sobre una "comunidad entrañable", libre de la opresión racial, la injusticia económica y la guerra. Esta conmemoración ofrece al país un momento para reflexionar sobre el significado de la democracia, la ciudadanía y la justicia estadounidenses.

King celebró su cumpleaños en 1968 en un entorno de tensión política, pugnas raciales e injusticia económica que en nuestra propia época nos resulta muy conocido. King, quien entonces era el principal movilizador social del mundo, aprovechó los esfuerzos contra la pobreza de las diversas organizaciones sociales para organizar la "Campaña de los pobres" y para hacer un plantón en la capital del país. Su objetivo era presionar al Congreso para que aprobara leyes significativas contra la pobreza.

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Bobby Kennedy, quien era adversario de King, pero más tarde se volvió su aliado, aprobó estos planes y le pidió a Marian Wright Edelman (la futura fundadora del Fondo de Defensa para los Niños) que llevara a los pobres a Washington para que el país pudiera ver con sus propios ojos la verdad sobre la pobreza.

King reconoció que la justicia social era un tema capaz de atraer a grupos diversos hacia un movimiento unificado por la democracia racial, que podría atraer a los trabajadores agrícolas de California, a los blancos de las zonas rurales de los Apalaches, a los aparceros de Mississippi, a los nativos americanos de las reservaciones y a los residentes urbanos confinados a los guetos.

Hoy, los esfuerzos de la presidencia de Trump por implementar requisitos laborales para los beneficiarios de Medicaid contrastan profundamente con la búsqueda de justicia económica de King, con la promoción de un ingreso garantizado para los pobres, atención médica, trabajo, educación y el fin de la segregación racial en la vivienda y en las escuelas públicas.

Gracias a su plan de coordinar una caravana por los pobres que representara la composición multicultural y multirracial del país, King encontró aliados naturales en los trabajadores agrícolas latinos, en los nativos americanos, en los blancos pobres y en las madres que vivían de la asistencia social, quienes lo informaron sobre las complejidades de las políticas federales y le dieron una lección de humildad.

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A lo largo de los primeros meses de 1968, King viajó por el país dando discursos contra la injusticia racial y económica. La descripción del hambre y las necesidades de los habitantes negros de Marks, Mississippi, lo conmovieron hasta las lágrimas, al grado de que decidió fijar la sede de la caravana que iba a Washington en el que llamó "el condado más pobre de Estados Unidos".

King concebía a la democracia como un organismo viviente, amenazado por las enfermedades del racismo y la pobreza. En vez de pasar el verano en Washington, como había planeado, decidió dedicar sus energías preciadas a viajar varias veces a Memphis para apoyar a más de mil trabajadores de limpia que estaban en huelga para conseguir un salario suficiente para vivir. No vivió para ver la conclusión de la huelga ni para estar en "La ciudad de la resurrección", el plantón que sobrevivió dos meses en la capital del país.

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No cabe duda de que King estaría profundamente decepcionado por los comentarios disparatados de Trump sobre los haitianos, los inmigrantes y los musulmanes. Los extensos viajes de King por India, África y Europa le imbuyeron cierto sentido cosmopolita de la humanidad, a la que llamaba "la casa mundial".

Para King, el concepto de una "casa mundial" trascendía la comprensión étnica y tribal de la comunidad internacional y llegaba a la ética del mutualismo y la interdependencia. Creía que lo que pasaba en el rincón más insignificante del mundo tenía efecto en el resto de la humanidad, para bien o para mal, como un efecto mariposa.

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De igual forma, King forjó alianzas políticas a través de sus relaciones personales. Argumentó que el destino de la humanidad seguía entretejido en un tapiz político y espiritual más grande de lo que se reconocía en general.

La parte más irónica del legado de King es que su cumpleaños se volvió día festivo oficial el 2 de noviembre de 1983, gracias a los esfuerzos bipartidistas del entonces presidente de Estados Unidos, Ronald Reagan, un personaje conservador elocuente que reconoció públicamente que estaba en desacuerdo con el líder del movimiento por los derechos civiles.

Con el día festivo se logró más que simplemente reconocer los logros individuales de King. Se celebró la inclusión exitosa de la idea de justicia social y de los derechos humanos como principios fundamentales de la democracia estadounidense en el movimiento por los derechos civiles. Sin embargo, también nos ha servido para ocultarnos de nosotros mismos. Es probable que King no se reconociera en el personaje sencillo y hasta tímido que gran parte del país y del mundo celebra hoy. El King que corría riesgos y que desafiaba a los presidentes para protestar contra la guerra usualmente falta en su recuerdo popular.

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No debemos olvidar al King radical, quien marchó hombro con hombro con los trabajadores de limpia, quien luchó codo a codo con los militantes del Poder Negro y quien vivió en los guetos de Chicago en un esfuerzo por estimular el cambio social. Pese a todo, el King revolucionario que proclamó que la grandeza de Estados Unidos yacía en "el derecho a protestar por lo que es correcto" casi se ha desvanecido de la memoria pública y se ha reemplazado con lugares comunes sobre la libertad y la justicia que cualquiera puede pregonar.

A través de la desobediencia civil pacífica, King promovió la transformación en la justicia social en la sociedad civil estadounidense en una época en la que las instituciones, como la Iglesia, estaban en profundo desacuerdo. King ansiaba cambiar los sentimientos, las ideologías, las políticas públicas y las leyes. Consideraba que lo político es personal y viceversa; daba testimonio moral y político a favor de transformar a la democracia estadounidense en un faro, especialmente para los grupos que quedaban fuera de su concepto original.

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El legado de King perdurará tras la era de Trump. Lo más importante es que nos recuerda que el poder de Estados Unidos reside no en las fantasías de excepcionalidad, sino en el alma de millones de personas comunes que arriesgaron la vida para dar un nuevo contorno a la libertad, la democracia y la ciudadanía.

La vida revolucionaria de King, su amor temerario por los pobres y los desgraciados y su postura inflexible contra la guerra y la violencia nos dan esperanza de un futuro mejor. Su vida también es un marco sobre el que se puede basar la resistencia a la inhumanidad, el racismo y la injusticia que hoy le resultarían muy conocidos.

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