OPINIÓN: México y Estados Unidos a un año de gobierno de Donald Trump

El año pasado evidenció solo el primer latigazo que fustigó la compleja relación entre ambos países en la era Trump: la reforma fiscal estadounidense, opina Iván Franco.
Para este año  El escenario para 2018 estará incandescente por las elecciones en ambos países; por un lado, las presidenciales en México y, por otro, las intermedias en Estados Unidos.  (Foto: iStock)
Iván Franco

Nota del editor: Iván Franco es fundador y director de la consultora de inteligencia competitiva Triplethree International. Síguelo en su cuenta de Twitter @IvanFranco555. Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

(Expansión) – La verdadera relación entre México y Estados Unidos, bajo el mandato de Donald Trump, apenas está por comenzar. El año 2017 ayudó para ganar tiempo, pero 2018 advierte más movimiento y mayor tensión.

El año pasado evidenció solo el primer latigazo que fustigó la compleja relación entre ambos países en la era Trump: la reforma fiscal estadounidense.

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El escenario para 2018 estará incandescente por las elecciones en ambos países. Por un lado, las presidenciales en México y, por otro, las intermedias en Estados Unidos.

Además, este año hereda una desacelerada economía mexicana, que podría concluir en una recesión durante la segunda mitad.

La reforma fiscal de Estados Unidos

La reforma de Trump aprobada por el Congreso es una ley de mediano plazo. Al parecer, es más promotora del déficit público que de crecimiento económico, según las estimaciones del exsecretario del Tesoro, Lawrence Summers. Por el contrario, la Casa Blanca insiste en que la reforma fiscal se autofinanciará con mayor crecimiento y, por ende, con mayor recaudación. Pero, este argumento es todavía incierto.

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Sin embargo, la reforma es positiva para el consumo privado, lo que la convierte en una ley popular, y que deberá ser efectiva para los republicanos en términos electorales.

La reforma conlleva recortes de impuestos para los contribuyentes de la clase media, al menos hasta el año 2025. Por esta razón, creemos que los republicanos se anotarán un triunfo adicional en las elecciones intermedias, gracias al apoyo de la base electoral del cinturón industrial de aquel país (rust belt).

Como insiste Paul Krugman, la reforma fue hecha tan al vapor, que seguramente los abogados y los contadores fiscalistas encontrarán un negocio lucrativo, encontrando huecos legales a favor de la elusión de impuestos.

Por esta razón es que los líderes republicanos aseguran que el siguiente paso será realizar recortes al gasto público. En este sentido, Estados Unidos está enviando una importantísima señal al resto del mundo, sobre el achicamiento de las operaciones públicas. Algo que México tendría que considerar muy seriamente.

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Por otro lado, la reforma fiscal es un aliciente para la repatriación de capitales y para retener a las empresas en Estados Unidos. Como ejemplo, al menos nueve grandes empresas estadounidenses han reaccionado positivamente a las promesas de la reforma, otorgando bonos a sus empleados. Walmart, el empleador privado más grande de ese país, decidió incrementar el salario mínimo a 11 dólares la hora y otorgar bonos.

Deuda y financiamiento

El año 2018 será cuando Estados Unidos consolide el proceso de normalización monetaria. Como lo dijimos hace un año, el financiamiento del déficit público (el inercial y el causado por la reforma) tendrán que subsanarse con deuda pública. Dado que probablemente China (y quizá Japón) limiten su participación de la deuda estadounidense para escudar a sus monedas, Estados Unidos se tendría que financiar internamente.
Aquí es donde la reforma cobra mayor importancia. Y también la política monetaria con mayores tasas de interés.

Lo que seguramente quedará a deber es el famoso plan de infraestructura, cuya urgencia será opacada con los beneficios de corto plazo que traiga la reforma a las familias de la clase media estadounidense.

México y el escenario de 2018

Descritas las líneas estratégicas del primer año de gobierno de Trump, la pregunta es, ¿qué sigue para México?

Contrario a su deseo de salirse del TLCAN, Trump decidió esperar a que pase la elección mexicana para dar el segundo latigazo y retirar a su país del tratado. Salirse del tratado no es un capricho, sino una estrategia. Su postergación se da en reciprocidad al gobierno mexicano por su simpatía con una victoria del PRI en las elecciones.

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Los intereses de Estados Unidos están ligados a una victoria del candidato del PRI, tanto por la reforma energética, el negocio de los combustibles como por los negocios de la banca de inversión, entre muchos otros. Si gana López Obrador, por ejemplo, Estados Unidos se podría despedir del negocio de los combustibles refinados.

Independientemente de quién gane la elección presidencial de México, en nuestro escenario base para el 2018 esperamos una salida de Estados Unidos del tratado comercial.

Los errores económicos del pasado y la resaca inflacionaria

Con todo y la condescendencia de Trump, para el PRI será casi imposible ganar la elección, debido, entre muchos otros factores sensibles, a tres grandes errores de política económica que cometió recientemente, muy al estilo de los años '80:

1) La injustificada laxitud monetaria y el exceso de liquidez del principal agregado monetario, entre el año 2014 y el año 2016, que originó lo que hoy llamamos inflación.
2) El acelerado crecimiento de la deuda pública en ese mismo periodo (y anteriormente) y,
3) El gasolinazo de 2017, que es la causa coyuntural de la inflación del 2017 y de la que viene en 2018.

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La inflación del año 2018 difícilmente cederá. Estimamos que se ubicará en un nivel muy por arriba de la meta de convergencia. A pesar del freno monetario implementado en el 2017 -y el que viene este año-, los precios rezagados de un sinfín de productos estarán ajustándose en los meses próximos. Esto, además, de las nuevas presiones inflacionarias internacionales.

La restricción monetaria estará impactando a la actividad económica de México, más que detener a los precios.

Por otro lado, la desaceleración de la economía mexicana se acentuó a finales del año 2017 y aunque la elección presidencial traiga un breve respiro, el choque que representa una salida de Estados Unidos del TLCAN, los efectos tangibles de la reforma fiscal y la caída de la inversión, estarán orillando a México hacia un ambiente recesivo hacia finales de año.

Es casi un hecho que las encuestas de expectativas económicas de Banxico se ajustarán en este sentido a lo largo del año. Esto, a pesar de que Estados Unidos esté experimentando crecimiento y con una economía cercana al “pleno empleo”.

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El problema estructural es que Estados Unidos está desacoplándose de la economía mexicana tanto por la reforma fiscal como por una eventual salida del TLCAN.

A México le queda la opción de verdaderamente trabajar con otros socios comerciales y de estructurar inteligentemente una estrategia diversificadora de mercados desde la esfera privada. Ya vimos que por muchas negociaciones de alto nivel que se hagan, los resultados no han sido buenos.

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