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OPINIÓN: Shell se baña en Gloria y no le teme a nada

Tras la segunda licitación para aguas profundas, en México entró con ánimo una gran empresa en un momento complicado e incierto, justo antes de las elecciones en las que todo podría pasar.
Shell
Shell Durante 2016, los medios reportaron que la salud financiera del emporio no era buena, golpeada por los precios bajo del petróleo. (Foto: ARSELA/Getty Images)

Nota del editor: Miriam Grunstein es profesora e investigadora de la Universidad Panamericana. Es académica asociada al Centro México de Rice University, coordinadora del programa de Capacitación al Gobierno Federal en materia de Hidrocarburos que imparte la Universidad de Texas en Austin y socia fundadora de Brilliant Energy Consulting. Las opiniones expresadas en esta columna son exclusivas de su autora.

(Expansión) — Hace un poco más de un año, cuando terminaron de anunciarse los resultados de la cuarta licitación de la Ronda Uno, la representación mexicana de Shell, una de las empresas de más alcurnia y fuerza en el planeta, salía cabizbajo de la sala del Centro Banamex tras no haberse llevado una sola área contractual en ese concurso. Era extraña su derrota pues empresas menos aptas para zambullirse a 3,000 metros de tirante de agua, en busca de los hidrocarburos, se llevaban incluso más de un contrato.

La explicación es sencilla: en las licitaciones, las áreas contractuales se adjudican por criterios cuantitativos más que cualitativos. Si, como mexicana, para esa licitación me hubieran dado a escoger entre algunas de las ganadoras menos experimentadas, que ofertaron mucho, y Shell, que no llegó al precio, sin duda hubiera elegido a la anglo-holandesa, que ya tiene bloques vecinos en el área de Perdido, pero del lado de los Estados Unidos.

Por tecnológicamente asombrosa, la infraestructura del proyecto “Great White Development”, que produjo su primer barril comercial en 2010, en sociedad con Chevron y BP, no le pide nada a las imágenes de La Guerra de las Galaxias. A diferencia de sus socias, Shell es la operadora del proyecto. Es decir, ella pone las manos al fuego del subsuelo y lo ha hecho bien.

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Luego vino la segunda licitación de la Ronda 2 en la que Shell ganó el área 15. Aquí, al contrario de quedarse corto en su apuesta, ella parece grande para el proyecto. Las razones de las empresas pueden ser inescrutables y obedecen a estrategias que involucran procesos complejos de toma de decisiones: consideraciones financieras, presencia geopolítica, análisis costo beneficio y también de relaciones gubernamentales. Hay tanto en juego en un barril que todo cabe sabiéndolo acomodar.

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Sea como fuere, la empresa que inició en la mente de Marcus Samuel, un simple importador de conchas, se convirtió en una de las 7 hermanas mayores de la industria. En una de sus conchas, Samuel encontró la perla que habría de convertirse en una fuente inconmensurable de riqueza. Por esa misma razón, que Shell se quedara con una sola área contractual en esta licitación parecía una entrada muy tímida a nuestro país.

Durante 2016, los medios reportaron que la salud financiera del emporio no era buena, golpeada por los precios bajo del petróleo lo cual lo hizo retirarse de sus operaciones en el Ártico, de por sí polémicas por sus implicaciones ambientales. Sin embargo, la concha sigue en su afán de crear más perlas y se las prometió a México el 2 de febrero de 2018 al ganar 9 de las 20 áreas contractuales adjudicadas , con una inversión comprometida de 93,000 millones de dólares en caso de éxito exploratorio.

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Los que nos hemos engolosinado con esa cantidad espléndida debemos recordar que eso ganará México si Shell encuentra petróleo en aguas profundas lo cual tiene posibilidades entre un 20 y 30%. También es importante considerar que el periodo de búsqueda es largo, entre 8 y 10 años. Así que, como dicen los anglófonos, hay que mantener quietos los caballos (Hold your horses) porque ese dinero va a tardar en llegar, si es que en efecto así sucede.

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Otro punto llamativo es que la contraprestación ofrecida al Estado para estas áreas contractuales fue alta, entre el 65 y el 67% sobre ingresos brutos. Sin embargo, para que estos pagos sean más que cuentas alegres deberá haber ingresos y eso, cuando se trata de aguas profundas, es una apuesta que conlleva riesgos considerables En Estados Unidos, donde estos proyectos han alcanzado un grado sustancialmente más avanzado de madurez y hay mucha más información, la contraprestación es del 55%. De nuevo, ¿estas son cuentas o cuentos?

Cuestiones económicas aparte, el momento en que Shell va con todo es peculiar: se trata de la licitación petrolera más importante justo antes de las elecciones en las que todo podría pasar. Muy pronto veremos si hay humo blanco o negro para “La Mafia del Poder” que ha apoyado y celebra los avances de la reforma energética. Pero Alberto de la Fuente, el Director General de Shell México, ha declarado que no le teme a Andrés Manuel López Obrador y que Shell Trabajará con el gobierno que quede.

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Esas palabras son interesantes pues se prestan a interpretaciones múltiples. Una de ellas es que Shell confía en que AMLO respetará sus derechos por ser México un país con un alto grado de compromiso e institucionalidad. ¿En serio? Otra lectura podría ser en el sentido de que se trata de una empresa tan poderosa que, si alguien osara a pisotear sus derechos, se metería con Sansón a las patadas. Y así podríamos hacer exégesis de estas palabras hasta el cansancio. Por lo pronto, en México entró con ánimo una gran empresa en un momento complicado e incierto. Hasta el momento, nos halaga que una de las joyas de la industria como Shell en nosotros se fije. Ojalá no nos haya prometido las perlas de la virgen.

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