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OPINIÓN: Trump realmente no sabe qué hace grande a Estados Unidos

Sin elecciones libres y una sociedad plural, no hay manera de que Estados Unidos pueda ser grande, opina Julian Zelizer.

Nota del editor: Julian Zelizer es profesor de Historia y Asuntos Públicos en la Universidad de Princeton. Editó el libro The Presidency of Barack Obama: A First Historical Assessment. También es conductor del podcast Politics & Polls. Síguelo en Twitter como @julianzelizer . Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

(CNN) — Por segundo verano consecutivo, Donald Trump, presidente de Estados Unidos, se presentó ante la prensa y demostró que no sabe qué es lo que hace grande a Estados Unidos. Las expresiones de sorpresa se dejaron oír de costa a costa el lunes 16 de julio, mientras el presidente de Estados Unidos se reunía en Helsinki con el presidente de Rusia, Vladimir Putin, y reprendía a los servicios de inteligencia estadounidenses a lo largo de unos cuantos minutos que pasarán a la historia política.

Los comentarios de Trump fueron tan desconcertantes que incluso en Fox News hubo quienes tuvieron que reconocer lo mal que Trump lo había hecho (aunque algunos como Sean Hannity y Tucker Carlson encontraron formas de alabarlo ).

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Una cosa habría sido que Trump callara frente a Putin ante la gran cantidad de pruebas de la interferencia de Rusia en las elecciones presidenciales de 2016 en Estados Unidos o que reconociera brevemente la situación para pasar a otro tema. Pero Trump tomó una decisión muy diferente. Decidió deliberadamente decir cosas favorables sobre Putin y Rusia mientras ponía en tela de juicio a quienes habían hecho sonar la alarma en Estados Unidos sobre la amenaza real que hoy se cierne sobre nuestro proceso electoral.

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El martes 17 de julio, Trump se disculpó a medias y explicó que se había equivocado al decir "no veo razón alguna por la cual habría sido" Rusia quien interfirió en las elecciones. Pese a todo, con esto no se explican el resto de sus comentarios ni sus muchos tuits al respecto.

La amenaza a nuestro sistema electoral es un golpe directo contra uno de los mejores dones de la Constitución de Estados Unidos. Aunque el sistema original distaba de ser perfecto, las generaciones anteriores lucharon para expandir el derecho al voto y consolidar el proceso, ya sea con la elección directa de los senadores o con la aprobación de la Ley del Derecho al Voto de 1965, que sirve para garantizar que la mayor porción de nuestro electorado pueda disfrutar de este derecho fundamental. Nuestras elecciones han sido esenciales para distinguir a nuestro país de las autocracias, las dictaduras y las monarquías, en las que el poder democrático tiene contrapesos o se contiene.

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Cuando siete organizaciones investigadoras (la CIA, la Dirección de Inteligencia Nacional, el FBI, la Agencia de Seguridad Nacional, el Departamento de Justicia, la Comisión de Inteligencia de la Cámara de Representantes y la Comisión de Inteligencia del Senado) coinciden en que Rusia interfirió en las elecciones, los líderes gubernamentales se encuentran con un grave problema. No es un tema a debatir ni es retórica partidista a refutar. Es una crisis política que tiene que abordarse de inmediato.

Pero desde el primer día de su presidencia y culminando con la conferencia de prensa de ayer, Trump se ha negado a hacer lo necesario para proteger la integridad de nuestras elecciones. Ha halagado repetidamente a Putin pese a que la comunidad de inteligencia de Estados Unidos le ha advertido que Rusia es una amenaza.

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De hecho, Dan Coats, director de Inteligencia Nacional, advirtió hace poco que "las luces de alerta están en rojo otra vez" respecto a los ciberataques rusos. Trump ha hecho poco para asegurarse que el problema no vuelva a ocurrir. Ha reservado sus palabras más firmes para halagar al líder del país responsable del problema.

El expresidente de Estados Unidos, Barack Obama, se ha contenido de denunciar a Trump por sus actos, pero estuvo a punto de hacerlo en un discurso que dio en Sudáfrica por el centenario del nacimiento de Nelson Mandela: "No estoy siendo alarmista, simplemente estoy afirmando los hechos. Miren a su alrededor: la política del hombre fuerte está en ascenso, de repente, por lo cual se mantienen las elecciones y cierta pretensión de democracia, la forma en que aquellos en el poder buscan socavar toda institución o norma que le da significado a la democracia".

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El presidente de Estados Unidos se negó a tomar en serio nuestro apreciado sistema electoral a casi un año de los acontecimientos espantosos de Charlottesville, cuando Trump cometió el mismo error y no culpó a quien había que culpar durante la conferencia de prensa que dio luego del mitin de supremacistas blancos que desembocó en la muerte brutal de una persona.

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En la Trump Tower, en la Ciudad de Nueva York, el presidente de Estados Unidos desconcertó al mundo al negarse a censurar duramente a los manifestantes y lo que representan. Como ocurrió en Helsinki, Trump no entendió ni le importó que el negarse a adoptar una postura firme fuera esencial para demostrar su compromiso genuino con la excepcionalidad de Estados Unidos.

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Los manifestantes de Charlottesville representaban valores fundamentalmente antitéticos de lo mejor del carácter del país: su pluralidad. La vitalidad de este país surge del hecho de que dentro de nuestras fronteras coexisten diferentes culturas, etnias y razas. Somos un país de inmigrantes, somos un país compuesto de diferentes razas, somos un país moldeado por los muchos, no por los pocos.

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La palabra "crisol" se ha usado para connotar esta parte esencial de nuestro carácter. Aunque ha habido debates importantes sobre la necesidad de preservar las múltiples identidades culturales en el todo, a lo largo del siglo pasado ha crecido la noción de que nuestra heterogeneidad es una gran virtud. Por eso la ira de los nacionalistas blancos en las calles de Charlottesville fue tan perturbadora en muchas partes del país.

Apenas nueve años después de que eligiéramos al primer presidente afroestadounidense, un hito del progreso, Trump se mostró renuente a condenar firmemente las voces que rechazan esta idea.

Hoy, los expertos debaten si los comentarios de Trump fueron " traicioneros ". Sin importar en qué termine ese debate, lo que debería quedar claro es que sus actos fueron antipatrióticos.

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Para empeorar las cosas, la conferencia de prensa no fue una especie de anomalía. Los ataques de Trump contra el derecho al voto, su respaldo a las políticas duras antiinmigración, su hostilidad ante las alianzas de democracias en Europa… todo apunta a la misma visión del mundo que resultó tan perturbadora ayer.

Sin elecciones libres y una sociedad plural, no hay manera de que Estados Unidos pueda ser grande. En estas dos cuestiones, Trump ha estado del lado equivocado de la historia.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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