George W. Bush veta plan hidráulico

El presidente de EU rechazó el plan pese a que el Congreso lo había apoyado mayoritariamente; la excusa del mandatario fue que el precio de las obras resulta excesivo para el país.

El presidente George W. Bush vetó el viernes un proyecto de ley que autoriza la ejecución de centenares de obras hidráulicas, pese a que los legisladores tienen votos suficientes para anular el veto.

Pese a las advertencias de legisladores tanto demócratas como republicanos, Bush cumplió su promesa de vetar el proyecto por considerar excesivo su precio.

Debido a la posición común de republicanos y demócratas, los congresistas casi con seguridad anularán el veto presidencial por primera vez en su presidencia. Bush ha utilizado su poder de veto muy esporádicamente, aunque no a fines de su segundo mandato.

El líder de la mayoría demócrata en el Senado, Harry Reid, dijo que el veto de Bush indica que Bush está desconectado del pueblo estadounidense y sus prioridades.

El proyecto, con un costo de 23,000 millones de dólares, fue aprobado en ambas cámaras del Congreso con más votos que los dos tercios necesarios para anular el veto presidencial y transformarlo en ley.

Bush objetó los 9,000 millones de dólares adicionales sumados al proyecto durante la reconciliación del plan entre la Cámara de Representantes y el Senado. Confía que su actitud, aunque seguramente será anulada, le granjeará la simpatía de los sectores más conservadores que exigen una moderación del gasto público federal.

El plan aprobado en un principio por el Senado tenía un precio de 14,000 millones de dólares y el de la Cámara 15,000 millones. Bush y unos pocos republicanos se quejaron que la versión final rezumaba proyectos locales innecesarios que casi duplicaron la versión original.

Pero cuando los republicanos tenían el poder del Congreso y aprobaban aumentos de gastos, Bush nunca vetó proyecto alguno. Eso lo deja vulnerable a críticas de que exigir disciplina fiscal ahora es una maniobra política para atacar a la oposición demócrata, o en el mejor de los casos, una buena intención surgida demasiado tarde.

La legislación solamente autoriza los proyectos; su financiación debe ser aprobada por separado.

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