El día que le repitieron la dosis a AMLO

En vísperas de la elección en Yucatán, el periodista Salvador Camarena recuerda el caso Tabasco la estrategia del PAN para lanzar una campaña negativa a nivel nacional y en Tabasco puede repe
Yucatán, nuevo escenario de 'guerra electoral' . (Notimex)
Salvador Camarena*

El resultado de la elección de Yucatán podría servir para conocer algo más que el nombre del futuro (a) gobernador (a) de esa entidad. Los números que arrojen las urnas este domingo podrían dar pistas sobre la vigencia del modelo de campaña negativa como la conocimos en 2006, año en que el equipo de Felipe Calderón le propinó a Andrés Manuel López Obrador una doble derrota electoral con un mismo método: la guerra de spots.

La primera derrota de López Obrador, ya se sabe, fue la del 2 de julio del año pasado, cita a la que llegó en medio de un bombardeo mediático que logró que se asociara la frase “Peligro para México” al nombre del ex jefe de gobierno del Distrito Federal. De esa derrota, incluida la campaña negativa, se escribirá durante muchos años más. En cambio, del segundo revés poco se ha dicho hasta ahora.

En ese segundo descalabro participaron los mismos agentes de la primera campaña negativa. Con la información proporcionada y corroborada por diversas fuentes, hoy es posible aseverar que la derrota de César Raúl Ojeda el 15 de octubre de 2006 se debió, entre otros factores, a la campaña negativa que armaron los mismos personajes que habían formado parte del cuarto de guerra que instrumentó la artillería mediática en la elección presidencial: Antonio Sola y Rafael Giménez.

La historia a grandes rasgos es como sigue. En medio del conflicto poselectoral del 2 de julio, Tabasco se convirtió en la arena que podría dar fuerza al movimiento de López Obrador. El perredista César Raúl Ojeda contendía de nueva cuenta por la gubernatura, enfrentando a Andrés Granier del PRI. El candidato del PAN, Juan Cáceres, al igual que había pasado con la votación de Felipe Calderón en esa entidad, estaba en un lejano tercer lugar. El blanquiazul sin embargo, se convertiría en el fiel de la balanza.

Con la anuencia de Juan Camilo Mouriño, desde el 2004 el hombre más cercano al hoy jefe del Ejecutivo, Sola, Giménez y el también miembro del cuarto de guerra calderonista Jordi Iñesta se trasladaron a Villahermosa en los primeros días de septiembre. Uno de los testimonios señala que Ojeda había logrado recortar distancia en algunos “trackings” de las empresas encuestadoras y que eso disparó la alerta en el cuarto de guerra de Calderón.

Según explica otra de las fuentes consultadas, los calderonistas llegaron y más que revolucionar toda la campaña de Granier, reorientaron su parte mediática. Revisaron los números de las encuestas, y tal como había ocurrido en la contienda presidencial, detectaron elementos que la población rechazaba o temía, negativos pues, con el fin de ligar éstos al nombre del candidato Ojeda (hay que recordar que igual se la aplicaron a López Obrador, a cuyo nombre ligaron el concepto de “deuda” en múltiples spots).

El análisis de la información arrojada por las encuestas les llevó a dos conclusiones, explicó una de las fuentes: a) los tabasqueños se mostraban cansados de los conflictos que las malas relaciones entre sus autoridades y el gobierno federal les habían traído en el pasado (hay que recordar el profundo diferendo entre Roberto Madrazo y el presidente Ernesto Zedillo); y b) la sociedad de Tabasco veía con muy malos ojos los plantones de López Obrador a lo largo del Paseo de la Reforma y el atropello de los derechos de terceros.

Con eso en mano, los operadores de Calderón, que habían dominado la técnica denostativa durante la campaña presidencial, intervinieron en la elaboración de spots televisivos que subrayaran, por un lado, la posibilidad de que si Ojeda ganaba se repitiera el conflicto con el gobierno gederal --“Ojeda anuncia que de ser gobernador no reconocerá al presidente de la República”, aseveraba uno de los spots producidos bajo la guía de los calderonistas--; y por otro lado, subrayaron la posibilidad de que “nuestro estado sufra los atropellos que han promovido (los perredistas) en otras ciudades”, según enunciaba otro de los anuncios televisivos pagados, eso sí, por el PAN, pero con la intención de ayudar al PRI y no a su candidato.

Días después de lanzada la operación mediática, en la columna de trascendidos de Milenio Tabasco del 4 de octubre de 2006 se consignaba que “algo ocurrió en las últimas horas en Tabasco, ya que los tracking del fin de semana y el lunes le vuelven a dar al candidato del PRI a la gubernatura, Andrés Granier, una ventaja de 11 puntos sobre el abanderado de la coalición Por el bien de todos, César Raúl Ojeda”.

El resto es historia. Granier es hoy el gobernador de Tabasco y desde principios de año ha habido quejas en Yucatán de que Antonio Sola operaría una campaña negativa a favor de Xavier Abreu, el candidato panista al gobierno de esa entidad. Así lo consignó el 4 de febrero EL UNIVERSAL en un despacho fechado en Mérida: “El español Antonio Sola, quien fuera asesor de imagen del presidente Felipe Calderón en la pasada campaña electoral, reapareció en esta entidad, y es denunciado por ex panistas como uno de los artífices de una ‘campaña de miedo’ rumbo a las elecciones por la gubernatura”.

Una de las fuentes insistió en que “lo más interesante” era que Tabasco había comprobado la efectividad de un modelo de campaña negativa, pero se cuidó de subrayar, meses antes de que se atestiguara el empate con el que llegan la candidata del PRI y el del PAN a la elección en Yucatán, que no necesariamente el modelo sería replicable ad infinitum. De llegar a perder el blanquiazul el domingo, y luego de la guerra de spots en su versión yucateca, los calderonistas no podrán decir, sin embargo, que por ellos no quedó el intento de repetir la receta negativa.


* Salvador Camarena es editor de la revista Chilango, Alma Delia Fuentes colaboró con investigación para esta columna de opinión.

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