Fidel Castro, un año sin uniforme

El traje verde olivo del mandatario cuelga en el ropero desde el 26 de julio de 2006; Castro transfirió el poder a su hermano Raúl por una enfermedad que lo tuvo al borde de la muer
Los textos de Castro en la Web son también publicados por el
LA HABANA (CNN) -

El uniforme verde olivo de Fidel Castro lleva un año colgado en el ropero.

El Comandante no ha vuelto a vestirlo desde el 26 de julio pasado, cuando pronunció su último discurso antes de transferir el poder a su hermano Raúl y desaparecer de la vida pública tragado por una enfermedad que lo tuvo al borde de la muerte.

Desde un lugar no revelado de La Habana donde se recupera, Castro sobrevive hoy políticamente escribiendo editoriales en equipo deportivo.

En las 42,000 palabras que publicó desde fines de marzo ha criticado duramente a Estados Unidos y alertado sobre el riesgo del calentamiento global, pero no dio siquiera una pista sobre su futuro político.

Quizás por eso, aunque el presidente venezolano Hugo Chávez asegure que su aliado "mira de reojo el uniforme", pocos esperan que reaparezca el jueves en un mitin en la ciudad de Camaguey, a 533 kilómetros al sudeste de La Habana, para conmemorar el inicio de la lucha armada que lo llevó al poder en 1959.

"Mi impresión es que mientras lo sigamos viendo de equipo deportivo él está indicando que no retomará el poder. No verde olivo, no reasunción de su puesto. Su influencia, sin embargo, continúa siendo enorme", dijo Julia Sweig, una experta en Cuba del Council on Foreign Relations en Washington.

Fue el 26 de julio pasado que Castro pronunció el último de los miles de discursos que lo convirtieron en una leyenda de la izquierda mundial y en una pesadilla para 10 presidentes de Estados Unidos. Nadie imaginaba que sería el último.

A comienzos de junio, reveló a la televisión cubana que su enfermedad lo tuvo "entre la vida y la muerte", fue sometido a varias operaciones fallidas y alimentado durante meses por vía intravenosa.

Fidel editorialista

"Hago por ahora lo que debo hacer, especialmente reflexionar y escribir sobre cuestiones a mi juicio de cierta importancia y trascendencia", escribió a fines de mayo.

Pese a los pronósticos de Washington, el socialismo cubano sobrevivió con su hermano Raúl al volante y todo sigue igual. Al menos en la superficie.

Muchos cubanos dicen que nada cambió sin el hombre que los gobernó durante casi medio siglo y la lucha, aclaran, continúa siendo por llegar a fin de mes.

El debate sobre el futuro de la revolución abierto con su enfermedad, cuentan, les es muchas veces distante.

También los temas abordados por el Comandante en muchos de sus editoriales.

"Yo estoy quitao de todo eso. No me interesa la política. Yo lo que quiero es que esto cambie", dijo Yoandri, un carpintero de 19 años que se gana la vida vendiendo ropa por las calles de La Habana.

Pero con sus editoriales, consiguió mantenerse en el radar.

"El mensaje es sencillo: reflexiono, luego existo", dijo un médico.

Sus reflexiones han tocado en las últimas semanas también temas domésticos, mostrando, para algunos, su músculo político.

"Son como pequeños golpes de timón", comentó un intelectual.

Hay quienes creen que, aún enfermo, tiene suficiente poder para vetar decisiones de Estado. Este mes, por ejemplo, criticó duramente a un funcionario que dijo que la crisis económica de la década de 1990 había terminado.

"¿De dónde habrá salido ese bárbaro?", escribió y aclaró que hay que continuar apretando el cinturón.

¿Fidel 2008?

Las dudas sobre su futuro político podrían despejarse en marzo del 2008, cuando el Parlamento cubano escoja entre sus diputados al presidente del Consejo de Estado, el cargo que Castro ha ocupado durante los últimos 30 años.

Mientras, Raúl, un general de 76 años con fama de pragmático, trabaja a contrarreloj para aliviar las mayores pesadillas de los cubanos: la abismal brecha entre precios y salarios, la falta de transporte y el déficit de viviendas que a veces obliga a cuatro generaciones a convivir bajo un mismo techo.

Otro de sus desafíos es preparar el terreno para un recambio generacional que garantice la continuidad del sistema.

La urgencia quedó de manifiesto en junio, cuando la muerte de su esposa Vilma Espín, la mujer más influyente de la revolución, sacudió a la vieja guardia que medio siglo después de bajar de la Sierra Maestra continúa gobernando el único Estado socialista de América Latina.

La televisión estatal mostró que junto al nicho donde Raúl depositó las cenizas de su esposa había ya pronto otro con su nombre, un detalle que no pasó desapercibido para los cubanos, acostumbrados a leerlo todo entre líneas.

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