Siembra a la medida

Escuelas, campesinos y empresas desarrollan híbridos para firmas como Maseca y Sabritas; financiado por gobierno y empresas, el sistema ya funciona en Tamaulipas, Guanajuato y Veracruz
José Luis Herrera Ayala, director del proyecto que pretenden  (Foto: )
Diana Teresa Pérez

  ‘Pase, toque y lléveselo’ será la fórmula que aplicará Proyecto Maestro de Maíces Mexicanos (PMMM), un programa que ya funciona en Tamaulipas, Guanajuato y Veracruz, con aportes de empresas y gobierno, para que un grupo de campesinos aplique semillas híbridas en parcelas ‘demostrativas’, y que harineros como Maseca o fabricantes de alimentos como Sabritas puedan seleccionar el producto que comprarán en la próxima cosecha.

La iniciativa pretende, además, crear redes locales, regionales y nacionales con campesinos de zonas donde todavía se siembran los maíces más puros para preservar el uso de esas semillas criollas, por lo que recibirían 1,000 pesos por hectárea como ‘incentivo ambiental’.

“El subsidio podría provenir de un impuesto aplicado al grano importado, que compense las bajas o nulas ganancias que obtienen por la venta de su producto”, explica José Luis Herrera Ayala, director del proyecto. Este financiamiento es apenas una propuesta que la Confederación Nacional Campesina (CNC) acercó a la Cámara de Diputados y al Senado.

Si el Congreso la aprueba, iniciará en Puebla, Tlaxcala, Estado de México y Oaxaca, considerados centros de origen del maíz. Allí se financiarán 1,200 hectáreas e igual número de productores, que contarán con un técnico de tiempo completo como asesor.

El PMMM tendrá un costo de 186 mdp. Sesenta mdp serán destinados a crear un banco de germoplasma en la Universidad Autónoma Agraria Antonio Narro, en Coahuila. La empresa Monsanto aportó 20 mdp y la secretaría de Desarrollo Rural del gobierno de Puebla prometió otros 6 mdp iniciales. La Confederación Nacional de Productores Agrícolas de Maíz de México (CNPAMM) y la Universidad Antonio Narro apoyarán con infraestructura y falta definir quien financiará el resto. Frente a algunas críticas, Monsanto ha dicho, públicamente, que la semilla seguirá siendo propiedad del productor y la multinacional no comercializará con ella.

“Aún se está intentando convencer a otras empresas, como Pioneer, y a Idaquim (la asociación de la Industria de Derivados Alimenticios y Químicos del Maíz) y esperamos que los gobiernos de los estados en donde se implante el proyecto también hagan aportaciones significativas”, describe Herrera Ayala.

Monsanto se comprometió con la CNPAMM el año pasado a apoyar la conservación de las razas mexicanas de maíz y, en otras áreas del país, a ofrecer semillas híbridas que respondan a las demandas de los empresarios, fundamentalmente, los harineros. “La idea es disminuir la incertidumbre de los campesinos cuando vendan su producto”, dice Herrera Ayala. Las parcelas demostrativas –de cinco a 20 hectáreas– serán sembradas con las variedades de semillas híbridas y los harineros podrán seleccionar aquellas que más les convengan. Esto para evitar que los industriales exijan menor precio a los agricultores, argumentando una baja calidad en los granos, como ha venido sucediendo.

Minicluster

El proyecto ofrece el ADN de las semillas, las pruebas suficientes para mejorarlas y la venta de granos a medida de las necesidades de las compradoras.

• Habrá parcelas demostrativas de semillas híbridas.

• Costará 186 mdp, de los cuales la empresa Monsanto prometió 11%.

• Está previsto un banco de germoplasma de 60 mdp.

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