México, en busca del mapa del genoma

En dos meses se liberará la primera parte del código genético mexicano, cuyo costo fue de 1 mdd en 2009 se espera encontrar las bases genómicas de la diabetes, hipertensión, obesidad y cáncer
El ADN de los chilangos será el primer paso para descubrir e  (Foto: )
Alma López

Al sur de la segunda metrópoli más grande del mundo, en un complejo de cristales polarizados, la luz blanca que invade el lugar y el fuerte olor antiséptico acentúa el ambiente de pulcritud. En poco tiempo, en ese edificio se procesará el ADN de muchos chilangos por la variedad genética que ofrece su genoma. Entre puertas con claves secretas, microscopios, matraces y computadoras transcurre una de las principales investigaciones que podría convertirse en un hito de la humanidad como su aplicación a todos los mestizos de Latinoamérica.

Gerardo Jiménez Sánchez sale de una reunión rodeado de un grupo de personas, entre ellas cuatro militares uniformados. No es un búnker donde está encerrado el mayor secreto de energía nuclear… pero casi. Esa mañana de mayo, el director general del Instituto Nacional de Medicina Genómica (Inmegen) solamente salía de una de las múltiples juntas que tiene desde que asumió el cargo en México y cada vez más frecuentes desde que dirige la Comisión de Biotecnología de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

Ya en su oficina, anuncia que en dos meses liberarán la primera parte del mapa del genoma o HapMap del mexicano. Después de tres años de investigación y 1 millón de dólares en inversiones por parte de un patronato de empresas, México presentará al mundo una parte del orden preciso de las cuatro sustancias base –codificadas con las letras A, T, C y G por adenina, timina, citosina y guanina– que contienen ácido desoxirribonucleico (ADN) de los mestizos.

Con todo, habrá que esperar dos años más para tener la secuencia total. Para integrar la información de 115,000 variaciones (cambios de una sola letra conocidos como SNP), la institución tuvo que avanzar a marchas forzadas. Por un lado, para lograr que la Secretaría de Hacienda cuadrara la inversión dentro del presupuesto federal de los últimos tres años. Por otro, para integrar el equipo completo de especialistas, de los cuales 70% son mexicanos repatriados de Estados Unidos y de Europa.

Con los resultados de este mapa inicial en mano, México finalmente entrará a la ‘era genómica’ que Estados Unidos, Japón, Reino Unido, Alemania y Francia iniciaron en 1990, con el proyecto de la primera secuencia del genoma humano.

El trabajo de su patronato ha sido determinante, pues cada uno de los 13 integrantes ha aportado su expertise.

Bajo la coordinación general de Carlos Represas Almeida (Nestlé México), Emilio Azcárraga Jean (Televisa) se encarga de la comunicación; Jaime Serra Puche, de las relaciones internacionales; Henry Davis (Promotora DAC y parte de los consejos de Kansas City Southern, Ixe, Grupo Bimbo y Grupo Aeroportuario del Pacífico), de la incubadora de negocios; Marcos Martínez Gavica (Grupo Financiero Santander), del financiamiento externo, y Nina Zambrano (Cemex y Marco), de la repatriación de talentos.

“México tendrá uno de los primeros cuatro mapas del genoma del mundo –dos corresponden a Islandia y otro a Estonia y a Europa del Este– y el primero de Latinoamérica”, celebra Jiménez Sánchez. Al ser el primer país de la región detrás del ADN confía en el potencial de beneficios de salud pública, económicos, sociales y de competitividad que desencadenará la base de datos en beneficio de los mexicanos.

Pero antes de eso, se deberán completar las siguientes dos fases del proyecto del mapa genómico que terminarán por agregar 1.5 millones de variantes o SNP al mapa local, durante 2009. Al concluir ese proceso, deberán encontrarse las bases genómicas de los principales problemas nacionales de salud: diabetes, hipertensión, obesidad y cáncer.

Pero llegar al origen de esas enfermedades –causantes de la muerte de muchos mexicanos y altamente demandantes de presupuesto público y gasto de bolsillo de los pacientes– implicará un largo camino.

Uno de los retos en ese tránsito será la creación de un marco regulatorio para poder desarrollar la ‘genoeconomía’ mexicana, es decir, que involucre productos, servicios, empresas y tecnología genómicos.

Esto demandará también la definición de un esquema comercial que haga accesible a toda la población los productos y servicios de la medicina genómica. Sin ciertas garantías jurídicas y de mercado, la medicina genómica corre el riesgo de convertirse en un factor más que aumente la brecha entre ricos y pobres.

Made in Mexico
“¿Cuántos productos o servicios de medicina genómica ha generado ya el Inmegen?”, se le pregunta a su director general. “Ninguno”, responde. A cuatro años de su creación, el instituto solamente tiene 25 proyectos, de los cuales 50% tienen un componente internacional y el resto son nacionales. Se trata de convenios de colaboración y de intercambio académico con Estados Unidos, Europa y Singapur, donde están los principales centros de investigación del genoma en el mundo.

Cuando alguno de esos organismos no reúne el número suficiente de muestras de ADN, el de México las complementa para proyectos de cáncer de mama o cualquier otra enfermedad. Y los resultados finales los usan en beneficio común.

En otros casos, colaboran en pruebas internacionales de alguna técnica de diagnóstico, con lo cual el Inmegen tiene el privilegio de utilizarla en cuanto es liberada. También con el Instituto de Oftalmología Conde de Valenciana y el Hospital de la Ceguera, de la Ciudad de México, trabajan en el proyecto sobre degeneración ocular asociada a la edad, que es la segunda causa de pérdida de visión en el país.

Gracias a la aportación de 80,000 dólares por parte de Nestlé, y una vez que concluya el reclutamiento de los especialistas, el Inmegen podrá iniciar la Cátedra Nestlé en Nutrigenómica.

Como lo plantea esta nueva rama de la ciencia, la idea es encontrar la vinculación entre genes y nutrición para llegar a una nutrición casi personalizada de cada uno de los consumidores.

“Se espera que la medicina genómica produzca los primeros productos y servicios para la práctica rutinaria de la medicina del mundo en los próximos cinco o 10 años. Y estoy deseando que también suceda en México”, advierte Jiménez Sánchez.

Dentro y fuera del país es muy alta la expectativa de lo que pueda generar este centro de investigación genómica. La agenda del director está saturada de reuniones, congresos, conferencias, llamadas y viajes. Inversionistas y empresas nacionales y extranjeras de alimentos, farmacéuticas y de productos de consumo quieren aliarse, invertir o simplemente donar algún capital a los proyectos.

“La generación de soluciones a los problemas de salud nacional, de las empresas y de los productos y servicios relacionados con ese campo depende de la continuidad del programa de trabajo del instituto y su vinculación con el sector privado”, subraya Tonatiuh Ramírez, jefe del Departamento de Medicina Molecular y Bioprocesos del Instituto de Biotecnología de la UNAM.

La medicina genómica está en la mira de México desde inicios de siglo. La propia UNAM promovió la organización de la Sociedad en Ciencias Genómicas en 2001 y ésta, a su vez, creó, en noviembre de 2004, el Centro de Ciencias Genómicas, en Cuernavaca, Morelos.

El directivo del Inmegen sabe lo difícil que es comprometer a los inversionistas para que financien los proyectos que se desarrollan en los centros mexicanos de investigación. Desde hace una década, esa área de la UNAM ha tratado de crear su propia incubadora de empresas, pero sin grandes resultados. Apenas ha logrado atraer el interés y la inversión de un par de compañías mexicanas –Probiomed y Silanes– y de otras tres de Estados Unidos y Australia. “El inversionista mexicano no está acostumbrado a proyectos de largo plazo, de filantropía ni de investigación científica, no le apuesta a la economía del conocimiento”, expone Tonatiuh Ramírez, de la UNAM.

Es algo de lo que todavía no padece el Inmegen por tener dos grandes garantías: el respaldo explícito por parte del gobierno y el sello de las empresas más importantes de México. Para encaminarse hacia la economía del conocimiento, la entidad tiene la Unidad de Propiedad Intelectual que está vinculada al Instituto Mexicano de la Propiedad Intelectual.

Todo el material de sus cursos, seminarios y congresos, además de su imagen corporativa y logotipo, son marcas registradas. También patentó dos software para diagnóstico, de los cuales uno podría ser su fuente de ingresos pues una cadena de laboratorios de diagnóstico y gabinete (estilo El Chopo) lo está probando en una fase precomercial.

Bajo la supervisión del patronato que encabeza el ex presidente de Nestlé de México, Carlos Represas, y la asesoría del IPADE y otros especialistas, se creó la Incubadora de Empresas del Inmegen, hace seis meses.

Apenas están elaborando el plan estratégico, pero ya trabajan en cuatro proyectos importantes que incluyen la definición de genes que aumentan la predisposición al cáncer de mama, algo similar enfocado al cáncer de próstata y otros vinculados a las industrias de alimentos y farmacéuticas. “Todos son proyectos de mediano plazo”, explica Mauricio Ulloa, encargado de la incubadora.

Además de los productos que se generen con esos proyectos de carácter científico, el Inmegen ofrecerá servicios de consultoría estratégica en diferentes campos.

Quieren estar listos para desarrollar desde planes de negocios, simple validación científica hasta transferencia de tecnología no sólo en genómica (estudio del ADN) sino también en proteómica (de la estructura de las proteínas de un genoma), bioinformática (de software y tratamiento de la información para analizar datos experimentales de nivel molecular) y biotecnología (de la tecnología aplicada a sistemas biológicos).

“Se nos han acercado algunos países de Latinoamérica para que les hagamos sus HapMap”, dice el director general del Inmegen. No hay nada concreto, pero el también funcionario de la OCDE confía en que México será el primero en ofrecer soluciones genómicas a los problemas de salud de la región. La cifra de 170 millones de potenciales consumidores mestizos, incluyendo a los hispanos de Estados Unidos, no es nada despreciable.

Cambios por venir
El primer viernes de mayo pasado, el Congreso de Estados Unidos aprobó la primera ley contra la discriminación por características genómicas. La medida quiere evitar que las aseguradoras discriminen a quienes, por su secuencia genética, sean más susceptibles de desarrollar determinadas enfermedades.

En México, hay ocho iniciativas de reforma a diversas leyes en las comisiones de salud, ciencia y tecnología y economía del Congreso. Las más importantes tienen que ver con la no discriminación, soberanía genómica, uso de información de bancos de datos genómicos y el reconocimiento del genoma humano como materia de salubridad general. Coordinado con el Poder Legislativo, el Inmegen trabaja con el gobierno chileno y la Unidad de Bioética de la Organización Mundial de la Salud, con sede en Chile, en los aspectos éticos y legales del genoma humano mestizo.

Faltan dos años para que estén disponibles los datos genómicos de los mexicanos, y el esquema legal aún está en la cocina. Varios advierten sobre la urgencia de un marco jurídico que regule el trabajo de los institutos de investigación y el uso y la comercialización de todos los productos y servicios que genere la medicina genómica. “El riesgo está en que se abuse de los precios o se vendan productos que no correspondan a las características genéticas del mexicano con simples adaptaciones pero con graves riesgos para el paciente”, advierte Francisco Kuri, integrante de la Comisión de Expertos en Biotecnología para la Normatividad Sanitaria Nacional de la Comisión Federal para la Protección Contra Riesgos Sanitarios (Cofepris).

“Vienen enormes retos, sobre todo éticos, sociales, religiosos y filosóficos”, concede el también funcionario de la OCDE. Para iniciar el proyecto más grande del Inmegen, que es encontrar las bases genómicas de dos de las principales enfermedades del país –probablemente, diabetes y cáncer de mama, aún no lo definen– debe invertir 200 MDD durante 10 años. Junto con el patronato han tocado varias puertas dentro y fuera del país, sin una respuesta concreta.

El avance más importante en este sentido fue el convenio de colaboración firmado, en enero pasado, con la Secretaría de Salud del gobierno del Distrito Federal. “El gobierno capitalino permitirá la instalación de los centros de recolección de muestras en sus propias unidades de salud y serán las más importantes que tendremos, estarán en la capital del país”, dice Jiménez Sánchez.

Éste será el punto de arranque de la definición de las bases genómicas de dos de las principales enfermedades que afectan a la población del país.

Aún no selecciona los padecimientos que intentarán detectar en el ADN de los chilangos, ni se sabe cuándo empezarán a hacerlo ni en cuántos estados recabarán ese tipo de datos. Por ahora, el DF será prioridad por la diversidad étnica que concentra de los migrantes de varios estados del país.

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