Cubanos surfean con tablas donadas

Deportistas de Australia, Francia y EU ayudan a sus pares de la isla con la donación de artícul aunque el deporte no es apoyado por las autoridades, se ha mantenido en el país.
Australia apoya al deporte en Cuba. (AP)  (Foto: )
LA HABANA (CNN) -

Los surfistas cubanos se fabricaban hasta hace no mucho sus propias tablas moldeando espuma de refrigeradores con un rallador de queso.

Hoy cabalgan las olas en tablas de segunda mano donadas por surfistas de Australia, Francia o incluso Estados Unidos, cuya solidaridad está manteniendo a flote a una de las tribus menos conocidas en la galaxia del surf.

"Cuba es uno de los últimos lugares no surfeados del mundo (...) Es como Bali en la década de 1960", cuenta Bob Samin, un ingeniero australiano de 49 años que promueve el deporte en la isla.

El surf, sin el apoyo oficial que reciben otros deportes en Cuba, sobrevivió gracias a la tenacidad de un puñado de fanáticos que aprendieron imitando lo que veían en revistas extranjeras.

Sin dinero ni tampoco tiendas donde gastarlo, los surfistas cubanos crecieron al margen de la moda y el consumo asociado a esa disciplina.

"En el resto del mundo el surf ha perdido el alma, se volvió muy competitivo. Aquí es diferente", dijo Samin, que trabaja en una plataforma petrolera en medio del Océano Indico y viaja cada cinco semanas a Cuba.

La mayoría de las donaciones llegan a través de su página web HavanaSurf (www.havanasurf-cuba.com). En lo que va de este año, explica, recibieron 20 y esperan otras 40 en los próximos meses.

Tablas para todos

Hay alrededor de un centenar de surfistas en Cuba. Casi todos tienen ya su propia tabla y pocos necesitan sujetarla al tobillo con una cámara de bicicleta, como ocurría antes.

"Los que donan las tablas saben lo que es estar sentado en la playa, mirando las olas sin poder surfear", dice Eduardo Valdés, líder de una Asociación de Surfistas de Cuba, un grupo todavía no reconocido por el Gobierno.

"Todo el que viene a Cuba trae algunas cosas y al final dejan incluso más de lo previsto, porque se dan cuenta que somos gente sana. Nos dejan hasta ropa", cuenta.

Por la casa de este químico de 27 años con un corte de pelo moicano y el cuerpo lleno de tatuajes desfila gente en busca de tablas o accesorios como "leashes" o parafina.

Hay tablas en el comedor, detrás de la puerta y también en el garage, donde Valdés está fabricando una con espuma que rescató de otra rota.

Las tablas son repartidas gratuitamente con una condición: nadie puede venderlas.

Años de necesidad enseñaron a los surfistas a compartir lo poco que tenían.

"Cuando fui al servicio militar, por ejemplo, yo le pasé mi tabla a otro surfista", explica Valdés. "Así es con todo, hasta con un pedazo de cera".

Surfeando en el huracán

Cuba no es famosa por sus olas. Muchos extranjeros llegan en realidad atraídos por la mística surfear en uno de los pocos países socialistas del mundo.

El mejor surf, cuentan, llega con los huracanes que castigan anualmente el Caribe.

A Valdés le brillan los ojos cuando recuerda el paso de Katrina, que barrió en el 2005 con Nueva Orleans.

"Estuvimos surfeando alrededor de una semana con olas de entre 6 y 8 pies (1,8 y 2,4 metros). Fue perfecto", recuerda.

El lugar ideal, dice Samin, es Baracoa, una ciudad colonial en el extremo oriental de Cuba expuesta al oleaje del Atlántico.

Los surfistas cubanos tuvieron que lidiar en el pasado con cierta desconfianza de las autoridades, sobre todo después que alguien escapó en 1994 a Florida en una tabla de windsurf.

"Aún vamos a la playa y hay personas que nos dicen '¿Te vas? Llévame contigo'. Es imposible cruzar 90 millas en una tabla de surf", dice, aludiendo a los 145 kilómetros que separan Cuba de Estados Unidos.

Fuera de competencia

Los surfistas cubanos deben todavía probarse en el circuito internacional.

"Sabemos por reportajes en revistas que el surf es joven en Cuba y necesita roce internacional para mejorar el nivel", dijo Karin Sierralta, de la Asociación Latinoamericana de Surf.

Nivel hay, asegura Valdés, lo que falta es infraestructura.

La Asociación Latinoamericana de Surf, dijo Sierralta, lleva tres años intentando contactar un promotor u asociación en Cuba para organizar una competencia.

Una de las razones podría ser que la Asociación de Surfistas de Cuba, que tiene hasta logotipo, no ha sido aún reconocida por las autoridades deportivas.

La falta de apoyo oficial les impidió, por ejemplo, organizar siquiera un torneo local.

Pero Samin, a quien las autoridades nombraron entrenador de un futuro equipo de surf, dice que el día en que un cubano corra olas en una competencia internacional no está tan lejos.

"Creo que estamos a un par de años de lograrlo", dijo.

"Estrellas estadounidenses como Cory Lopez o Kelly Slater aprendieron a surfear con olas parecidas a estas. Estos chicos pueden lograrlo", comentó.

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