Chanel prefiere ecología y funcionalidad

La firma mudó sus instalaciones de una zona de lujo a una industrial para ser más eficiente; con el cambio, logró juntar a su fuerza administrativa y operativa para hacer un equipo más sól
Guy Bodart, CEO de Perfumería de Versailles, concentró la em
Mónica Campbell

En el mundo de la moda, una decisión como ésta podría parecer de mal gusto: Perfumería Versailles, subsidiaria de Chanel en México, decidió mudar sus oficinas corporativas del exclusivo Santa Fe a la definitivamente ordinaria zona industrial de Naucalpan, en la Ciudad de México. Cualquiera que haya pasado por esos dos lugares conoce los contrastes: el corredor de relucientes edificios modernos decorado con arbustos manicurados, versus calles sombrías y descuidadas repletas de camiones, tarimas y plataformas. Estacionamiento con valet parking para largas comidas en el restorán La Mar, contra un recorrido esquivando baches para llegar al puesto de tacos de la esquina.

Con todo, parece que la mudanza –obra del director de Perfumería Versailles, Guy Bodart– puede ser más de vanguardia de lo que algunos imaginarían. Con una creatividad inteligente, pragmatismo y una visión global acerca de lo verde, Bodart logró reunir a la fuerza de ventas y mercadotecnia que tenían en Santa Fe (un grupo que, además de Chanel, distribuye fragancias, maquillajes y productos de Bvlgari, Tous, Carolina Herrera y Paco Rabanne) con los fierros y el equipo de contabilidad y distribución, que ya llevaba más de cinco años en Naucalpan.

No se trataba de un plan utópico. Bodart llegó a dirigir las operaciones en México en 2007, luego de servir como vicepresidente de Chanel para Sudamérica, desde Panamá. Pronto se percató de las ineficiencias del montaje en México. ¿Por qué trabajan los dos equipos en distintas partes de la ciudad, y más si un trayecto en auto puede volverse una pesadilla?

“Todo mundo sabe que Santa Fe es un dolor de cabeza”, reafirma Bodart, un hombre delgado de 47 años que creció en Suiza. “No podía justificar el seguir ahí. Además, sentí que las personas de Santa Fe eran vistas como los reyes, los inmortales, y que la gente de Naucalpan eran los trabajadores. Y eso no me gustó. Podemos ser una compañía de lujo, pero no podemos darnos el lujo de descuidar la logística”.

Bodart procedió con determinación a sabiendas de que la idea de consolidar los equipos no encantaría a todos los empleados. Sobre todo a los más chic, que no estarían ávidos de irse a una zona tan démodé de la ciudad. Decidió que las nuevas oficinas tendrían que estar a la par de otros espacios exclusivos de la capital.

Además de reunir a los equipos, buscó ir hacia lo verde y modernizar la bodega y las oficinas de Naucalpan. Se determinó que el nuevo edificio y las políticas internas fueran más amigables con el ambiente y redujeran impactos.

Guy Bodart buscó primero la aprobación del alto mando de la casa en Francia y la logró casi de inmediato. Explica que los directivos son grandes entusiastas cuando se trata de innovar en estrategias. “Mademoiselle Chanel fue una pionera, así que estamos más allá del miedo al cambio”, comenta. Enseguida, Bodart anunció que mudaría a sus empleados. “Hubo un largo silencio”, cuenta. “La reacción no fue buena. Pero como CEO tienes que tomar decisiones que no serán del agrado de todos”. El propio director de Mercadotecnia vio con escepticismo la idea. “Digo, ¿Chanel en Naucalpan? Sonaba raro”, asegura Sergio Bayón, de 42 años. Pero ahora que llevan poco más de cinco meses en las nuevas oficinas, Bayón dice que puede atender asuntos del trabajo con más presteza que antes, cuando tenía que viajar entre edificios. Y ya puede salir a comer con clientes a Polanco, sin mucha logística.

Hoy en día, los 120 empleados de Perfumería Versailles en la capital trabajan en un espacio corporativo minimalista que destila elegancia. Saliendo del complicado Anillo Periférico, después de maniobrar unas cuantas cuadras de la zona industrial, los trabajadores llegan a un sencillo complejo industrial. Visto por fuera, el edificio de Perfumería Versailles no es nada llamativo. Es un cajón de muros prefabricados como los de sus vecinos Toshiba y Bimbo. Pero por dentro es moderno y airoso. Las paredes son de un color suave y están decoradas con fotos de Claudia Schiffer anunciando productos. El mobiliario es de vidrio y de trazo simple. Hay televisiones de pantalla plana, flores frescas y escritorios color chocolate.

El toque verde
Algunas adaptaciones ‘verdes’ saltan a la vista. Las oficinas y los cubículos reciben luz natural difuminada a través de unos pequeños tragaluces cuadrados. Por estos tragaluces pasa tres veces más luz que la que entraría por una ventana vertical ordinaria. De esa manera, incluso los días nublados parecen soleados. Además, el grueso vidrio impide el paso a los rayos ultravioleta y aísla el edificio del calor.

En consecuencia, el aire acondicionado está apagado en las mañanas y es rara la vez que funciona a toda capacidad, dice Ramón Segoviano, el director de Operaciones. Además, en lugar de remplazar el viejo sistema de enfriamiento, su área determinó modernizarlo con nuevos ductos que circulan el aire de forma más eficiente a un costo total de 52,000 pesos. Las luces se activan por medio del movimiento, lo mismo que el servicio en los baños y lavabos.

En las oficinas de Perfumería Versailles uno se encuentra también con los toques clásicos: reciclan el cartón, hay depósitos para la basura orgánica e inorgánica y el papel reciclado se usa la mitad del tiempo. Hay detalles verdes que no se ven, como las llamadas ventanas ‘inteligentes’, que permiten la entrada de la luz pero evitan que se salga el calor y, en contra parte, lo absorben del exterior cuando la temperatura baja. “Son unas oficinas hermosas”, opina Segoviano. “Pero la parte interna del edificio en sí es horrible”.

Raúl Huitrón, arquitecto en Biomah, una firma mexicana de consultoría en arquitectura y energía, tuvo sus dudas cuando le pidieron un proyecto de instalaciones elegantes y, a la vez, eficientes en el uso de energía. Él había visto las sofisticadas oficinas de Santa Fe, por lo que dedujo que sería un gran reto crear un espacio que tuviera el mismo nivel de comodidad. Sin embargo, tras analizar el flujo de aire y la luz, se dio cuenta de que optimizar la iluminación y el aire acondicionado y añadir aislamiento térmico con fibra de vidrio era algo relativamente fácil de hacer y que traería beneficios reales. Huitrón dice que el clima templado de la capital también ayuda, a diferencia de lugares como Monterrey, donde la dependencia del aire acondicionado es intensa.

En total, Perfumería Versailles invirtió 155,000 pesos en mejoras para uso de la energía, una inversión que espera recuperar en menos de dos años, según Adán Darío Chávez, jefe de Mantenimiento de la firma. A la fecha, dice, los ahorros en energía son claros, pues la empresa ya registró una caída de 60% en el uso de la electricidad en lo que va del año.

Paredes ecológicas
Es claro que Perfumería Versailles no está sola en eso de ‘reverdecer’ un edificio. Hay un plan para una manita de gato ecológica al edificio que aloja a las Naciones Unidas, en la avenida Masaryk, en Polanco. El sector bancario también se ha sumado, como lo demuestra el banco británico HSBC, que ya tiene la certificación energética y sustentable conocida como LEED. Y el banco BBVA-Bancomer asegura que en sus nuevas oficinas corporativas, que estarán terminadas en 2013, el uso de agua y electricidad será 30% menor al consumo actual.

Los ambientalistas aplauden a las empresas que toman esa opción, que ahorra en costos de electricidad y disminuye las emisiones generadas por los traslados. “Con eso se crea algo que llamamos ‘ecoeficiencia’, explica Adriana Nelly Correa, académica del ITESM (Tec), campus Monterrey, y miembro del consejo consultivo de la Comisión para la Cooperación Ambiental de Norteamérica. “Las empresas se comienzan a dar cuenta de que lo que es bueno para el medio ambiente también tiene un balance económico, con lo cual se gana también una ventaja competitiva”.

Mientras tanto, la fusión de las dos áreas de trabajo creó nuevos hábitos laborales. Bodart anunció un nuevo horario, de 8:00 a 17:00, con 30 minutos para comer. “Más que suficiente”, opina Bodart; antes salían después de las 19:00 y pasaban más tiempo en traslados. “Les cuento a mis amigos que ya para las 6:00 estoy en el gimnasio y ellos dicen: ‘¿Qué?, ¿cómo?’”, dice Bayón, el director de Mercadotecnia.

Además, el parque industrial en el que se ubican está cerca de Polanco, donde se asientan la boutique de Chanel y las oficinas de clientes como El Palacio de Hierro, Liverpool y Sanborns. Una razón adicional para el horario tiene que ver con la seguridad. Cuando oscurece, esta zona industrial luce desolada. No es un área en la que ejecutivos como Bodart, que conduce una motocicleta BMW y porta uno de los más exclusivos relojes de Chanel, quiera pasar el rato. Sin embargo, él y sus colegas enfatizan que podrían ser un blanco similar en Santa Fe.

“Todavía estamos en fase de adaptación y mejora, pero, a fin de cuentas, nuestros días laborales son más cortos y somos igual de productivos, o hasta más”, asegura el directivo. “Además de los beneficios ambientales, nuestra nueva rutina nos deja tiempo para nuestra vida luego del trabajo”.

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