Antros, una buena opción ecológica

Las ‘discotecas sustentables’ convierten el baile en electricidad, y el sudor en agua para baño tienen como objetivo ahorrar 60% de energía eléctrica, adoptando ciertas tecnologías ‘verdes’.
Un sistema absorbe el aire caliente que despide la transpira

Cada vez que la joven arquitecta Alijd van Doorn entraba a una discoteca de música electrónica, tan comunes en Europa, se hacía la misma pregunta: ¿cómo reducir la enorme cantidad de energía que consumen estos establecimientos, con sus deslumbrantes juegos de luces y potentes sistemas de sonido?

Van Doorn trabajaba en el área de innovación arquitectónica de la firma Döll de Rotterdam, y logró asociarla con Enviu, una conocida organización holandesa que promueve el uso y el diseño de soluciones ecológicas. En 2006, la mancuerna creó el original concepto de ‘discoteca sustentable’ (sustainable dance club). Su objetivo es que estos locales ahorren 60% de electricidad adoptando ciertas tecnologías ‘verdes’.

Por ejemplo, forrar los muros con materiales que no absorben el sonido para bajar el volumen y el poder del sistema de amplificación de la música; copiar la técnica de los faros de los automóviles para disminuir la intensidad de los cañones de luz, o almacenar el agua de lluvia y calentarla con paneles solares para reciclarla en los lavabos.

Sin embargo, las ideas más ingeniosas tienen que ver con aquello a lo que se va a una discoteca: el baile. Van Doorn y Stef van Dongen, fundador de Enviu, desarrollaron un curioso sistema que absorbe el aire caliente que despide la transpiración de cientos de jóvenes en pleno baile y, a través de una cámara de enfriamiento, lo convierte en agua que se destina a los baños.

Crearon también un piso especial, fabricado en placas transportables, que transforma la presión que se ejerce sobre la pista de baile en voltaje eléctrico, que satisface parte de las necesidades energéticas del lugar. El metro cuadrado de este piso cuesta entre 100 y 200 dólares.

“El proyecto requiere inversiones sustanciales suplementarias; la tecnología y los materiales sustentables son caros”, reconoce Van Doorn. “Pero nuestros proveedores están muy entusiasmados con el proyecto. Hemos acordado tarifas reducidas para que nuestros futuros clientes paguen el mismo precio de entrada que en otras discotecas, lo cual es único, ya que los productos respetuosos con el medio ambiente suelen ser muy costosos”.

Su apuesta está demostrando ser viable en la práctica. El 10 de julio pasado abrió en Londres Club4Climate, la primera discoteca británica asociada al concepto sustainable dance club, y que adoptándolo produce, de modo ecológico, 60% de la electricidad que requiere.

El propietario, el excéntrico millonario Andrew Charalambous, conocido en la ‘comunidad tecno’ como Doctor Earth, invirtió para ello 2 MDD. El precio de entrada fue el ordinario, 20 dólares, e, incluso, fue gratis si los clientes probaban que habían llegado a pie, en bicicleta o en transporte público.

“Es una forma más atractiva y fresca de plantearle el problema del cambio climático a la nueva generación, que está cansada de los sermones de las grandes organizaciones no gubernamentales”, opina Doctor Earth, quien planea la apertura de otras ecodiscotecas en Nueva York y Río de Janeiro. Las ganancias las donará a la ONG Friends of the Earth.

A finales de 2007, Van Doorn y Van Dongen organizaron la primera noche electrónica sustentable de Rotterdam, a la que asistieron 1,400 personas. Este verano, montarán discotecas sustentables en los principales festivales musicales europeos y pronto abrirán un local en Rotterdam. “Emprendedores de todo el mundo se están acercando a nosotros. Definitivamente, hay interés en el producto que estamos ofreciendo”, comenta Van Doorn.

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