Bancos de EU, en la zona desconocida

Continúa el caos en los mercados globales luego del rechazo del plan de rescate de hipotecas en el Congreso realizará una nueva votación del proyecto la noche del miércoles.
El plan de rescate ha sido replanteado con el fin de lograr  (Foto: )
LONDRES -

¿Cuántos votos del Congreso logrará el plan ajustado?

Éste es el cálculo que se está haciendo en Washington, DC, después de que la Cámara de Representantes rechazara la propuesta de un plan de rescate de hipotecas de 700,000 millones de dólares por 228 votos contra 205 el lunes 29 de septiembre.

Los demócratas lo apoyaron con 95 votos de 140 y los republicanos lo rechazaron con 65 votos de 133.

Los banqueros no tienen la fantasía de que el ‘Plan –ajustado- Paulson’ será la cura de todos los males. Pero la mayoría lo ve como un paso en la dirección correcta, y esperan que sea aprobado.

Su rechazo dejó a los mercados desplomándose en caída libre. El  Dow terminó cayendo 7%, la  mayor pérdida de puntos en su historia. Quizás acorde con una economía en riesgo de entrar en depresión, las únicas acciones del índice S&P que terminaron en alza fueron las de Sopas Campbell.

El S&P cerró 29% por debajo de su máximo. Reflejando el temor de un debilitamiento  de la demanda del consumidor, las acciones de Apple Computer, los creadores del iPhone, bajaron un 18%. La conmoción siguió en Asia y Europa el martes por la mañana.

Peor aún, los mercados de crédito, ya disfuncionales, llegaron casi a su punto límite.

El lunes, los bancos estaban aún menos deseosos de prestarse unos a otros, y los fondos de los mercados de dinero huyeron de todo los que implicara un dejo de riesgo. Algunas corporaciones están luchando por extender el plazo de pago de papeles comerciales, deudas a corto plazo emitidas para financiar capital circulante, pagos de nómina, etcétera.

En un esfuerzo por evitar que se agotaran los mercados de dinero, la Reserva Federal amplió los acuerdos con otros bancos centrales que canalizan dólares para los  prestamistas en el exterior.

Estas inyecciones sin precedentes tienen como fin desahogar las inquietudes de que los participantes débiles en el mercado interbancario no podrán honrar sus deudas. Pero ahora se supone que muchos bancos no solo no tienen activos sino que son insolventes. La semana pasada Washington Mutual, una caja de ahorros llena de hipotecas incobrables, se convirtió en el grupo financiero de préstamos de vivienda más grande de Estados Unidos en quebrar.

Y el lunes, Citigroup acordó adquirir la mayor parte de los activos de Wachovia, un banco estadounidense aún más grande, a través de un acuerdo fijado por los entes reguladores. La situación se agravó considerablemente también en Europa.

El voto en contra fue un duro golpe para George Bush, Hank Paulson, Secretario del Tesoro, y Ben Bernanke, presidente de la Reserva Federal.

Hicieron alarmantes advertencias sobre las consecuencias de una crisis sin control, con la esperanza de persuadir al Congreso para que aprobase una intervención fiscal temprana e inusualmente agresiva. (En los ochenta, fueron necesarios muchos años más para que se diera una respuesta sistémica ante las fallas de los bancos estadounidenses de ahorros y créditos).

Pero como esta intervención es relativamente temprana, los votantes todavía padecerán muchos más efectos de la crisis en sus vidas. “El lunes a la mañana… salió el sol y mucha gente se dirigió a su trabajo, y no podían entender el porqué del pánico en Washington”, dijo  Paul Kanjorski, demócrata de Pensilvania a Paulson la semana pasada. Era mucho más fácil que los votantes lo relacionaran con 700,000 millones de dólares de sus impuestos gastados para resolver el lío de Wall Street.

Los líderes de los partidos acordaron ampliamente con este diagnóstico, al igual que los candidatos a la presidencia de ambos partidos. Pero las encuestas de opinión demostraron que los votantes estaban divididos; las llamadas telefónicas y los e-mails de los electores se oponen firmemente al proyecto de ley.

Los funcionarios oficiales y los líderes de los partidos están nuevamente trabajando para lograr al menos que 12 miembros cambien su voto; la apuesta tanto en Wall Street como en Washington, DC, es que van a lograrlo. (se considera menos problemático que el Senado apruebe el plan).

Pero no habría que darlo por hecho. Sin las enmiendas, cualquiera que cambie su voto se enfrentará a críticas feroces cuando busque la reelección. Cualquier enmienda para apaciguar a los Republicanos podría costar el apoyo demócrata y viceversa.

“No se puede permitir que el comercio de un día determine las medidas a seguir en la política pública”, sostiene Scott Garrett, Republicano de Nueva  Jersey y miembro del Grupo de Estudio Republicano, un bloque de miembros conservadores que lideraron la oposición al proyecto de ley. “El mercado va a ser un factor, pero nosotros tenemos en cuenta el cuadro más general”.

Los republicanos recalcitrantes preferirían que se les presentase un programa de venta de seguros para los bancos contra las deudas hipotecarias en vez de un programa de compra de  activos a los bancos. El Tesoro se opone tenazmente a este enfoque. Pero quizás se puedan lograr otros acuerdos, como por ejemplo relajar el ajuste de  cuentas al valor de mercado (mark-to-market accounting) o extender la garantía de responsabilidad del banco de  la Corporación Federal de Seguro de Depósitos a más de los primeros 100,000 dólares de depósito de cada cliente.

Hay otras propuestas como dar más tiempo a los bancos para deducir las pérdidas operativas relacionadas con las hipotecas de las futuras ganancias imponibles, dejar que las compañías repatríen las ganancias libres de impuestos que obtienen en el exterior y mejorar el tratamiento impositivo de las perdidas sustentadas por los bancos de las acciones de Fannie Mae y Freddie Mac.

Por su parte, quizás sean más los demócratas que respalden la propuesta si la administración también acepta ofrecer más estímulos fiscales, en especial para el gasto en obras públicas. Quizás sea posible un acuerdo, pero hay poco tiempo: los legisladores están ansiosos por volver a sus distritos para seguir con su campañas y está decayendo el deseo de arriesgarse de los inversionistas.

El voto de la Cámara de Representantes también representó un rechazo punzante al candidato Republicano John McCain. La semana pasada  McCain suspendió su campaña durante dos días citando como motivo la crisis financiera  y voló a Washington, DC, para ayudar a elaborar una solución para la misma. Su tarea principal era persuadir al sector más conservador de los republicanos a apoyar a su propio presidente. Es intensa la humillación a la que se enfrenta McCain.

Entre los esfuerzos para que se vuelva a considerar el proyecto, existe alguna esperanza de que no todo esté perdido. Lo que probablemente no ayude es el ambiente de amargura y recriminación que domina a al Capitolio. Con alguna razón, los demócratas están apenados por haber apoyado un anteproyecto de ley de Bush mientras que su propio partido no lo hizo. Pero los Republicanos culpan a la oradora demócrata, Nancy Pelosi, por hacer un discurso partidista justo antes del voto en el cual criticaba a los republicanos mientras trataba de convencerlos para votar. Habrá que construir muchos puentes en poco tiempo.

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