Obama en México: ¿invitado especial?

La visita del presidente de EU al país revela el deseo de un acercamiento en un momento complicado; el eje de la reunión bilateral será la seguridad, un tema que afecta a ambos lados de la frontera.
Obama Calderon  (Foto: Notimex)
Susana Chacón*
CIUDAD DE MÉXICO -

A tres meses de asumir la presidencia de Estados Unidos, Barack H. Obama visita México. El momento es difícil: La relación atraviesa situaciones complejas. Veamos por qué.

El 4 de noviembre, el día de las elecciones estadounidenses, coincidentemente moría en México el secretario de Gobernación, Juan Camilo Mouriño. Al tiempo en que los vecinos festejaban un gran triunfo de esperanza, México respiraba desesperanza. Pocos países no compartieron el triunfo del primer presidente afroamericano en la historia de EU. Pocos no tuvieron en sus primeras planas a Obama. Qué histórica situación. Estados Unidos festejaba y México estaba de pésame. Así, el primer acercamiento del presidente Calderón y el presidente electo Obama fue una llamada de pésame de Barack a nuestro mandatario. Dos meses después, el 13 de enero, Felipe Calderón lo visitaba en la Casa de México de la Ciudad de Washington. Ahí, en una excelsa visita, el presidente mexicano fue el primero en ser recibido por presidente electo. El encuentro resultó cordial y afable.

En febrero, a menos de un mes como presidente, se desataron todo tipo de críticas de militares estadounidenses hacia México: se nos nombró "Estado Fallido", se criticaron los niveles de violencia y la falta de control del gobierno de Calderón. De todo se nos acusó. La reacción mexicana fue de profundo enojo racional que resultó, en marzo, en una súbita visita -a la capital mexicana y a Monterrey-, de la secretaria de Estado Hillary Clinton. Ella buscó matizar los daños. Por vez primera en años, mencionó la corresponsabilidad de problemas comunes como tráfico de armas y drogas. Semanas más tarde se tuvo la presencia de la secretaria de Seguridad Interior, Janet Napolitano y del consejero de lucha antiterrorista de la Casa Blanca, John Brennan en la frontera sur de EU. La misma Napolitano y el Fiscal General, Eric Holder visitaron también nuestro país. En ambos acercamientos se empezó a definir, en forma conjunta, una agenda acorde a los intereses de seguridad. Desde marzo se ha vivido la antesala de la llegada de Obama. Así, en un escenario de incertidumbre estamos ante la primera visita del primer presidente afroamericano a México.

Ahora bien, ¿qué expectativas  hay? Barack Obama no es un especialista en México. No obstante, ha demostrado ser un excelente observador. Es sin duda alguien que aprende y rápido lo prioritario. Viene a México con una agenda distinta a la de su primera salida al exterior ya como presidente. Fue con su homólogo canadiense en un encuentro definido desde el 20 de enero. No es así con la organización de este viaje. La prioridad de su salida era la Cumbre de las Américas en Trinidad y Tobago y en el diseño de su primer contacto con a América Latina, vislumbró la realidad de un México enormemente complejo. De ahí la decisión de su visita. De ahí, la emergencia de la planeación.

Muchos son los temas bilaterales. Tenemos entre los más importantes: migración, comercio, energía, finanzas, sustentabilidad,  seguridad, tráfico de armas y drogas, crimen organizado y los lazos culturales a través de los mexico-americanos y sus contribuciones a EU. Todos son fundamentales para la relación. En todos, somos altamente interdependientes. No obstante, se subraya un elemento clave de la historia tradicional: Estados Unidos no puede permitir inestabilidad en su Frontera Sur. Hoy, a diferencia de otros momentos, la mayoría de los problemas son compartidos. Vivimos problemas comunes. No son sólo mexicanos. Toda decisión afecta a los dos países. El eje bilateral será seguridad.

La Casa Blanca vislumbra la visita como una señal de admiración por Calderón y su combate a la violencia e impunidad del crimen organizado, amén de querer profundizar la relación bilateral en el resto de los temas y retos comunes ya mencionados. Además, reconoce la importancia de los acuerdos en materia de energía y medio ambiente propuestos cuando Obama era presidente electo. 

Rescatemos también las prioridades del hemisferio: la crisis económica que para el hemisferio buscarían un énfasis en las microfinanzas; los retos energéticos en términos de abastecimiento y sustentabilidad y, finalmente, la  seguridad pública, para lo que se ha planteado a la Iniciativa Mérida, específicamente para México y Centroamérica. Para EU, la presencia de nuestro país en el hemisferio es clave. Así nos lo recuerda el ex embajador en México, Jeffrey Davidow al señalar como fundamental, recuperar el hemisferio. Pregunta si seremos el líder hemisférico. A nosotros corresponde si asumimos o no el liderazgo.

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Con la visita se abre una puerta para profundizar los lazos de cooperación bilateral. Al responsabilizarnos de la agenda de seguridad, no descartamos el resto de los temas. Son de nuestro interés. Lograr plantearlos en la mesa de negociación, será tarea de corto, mediano y largo plazo para el cuerpo diplomático mexicano apoyado por los distintos grupos de la sociedad. Si no planteamos una agenda nacional estratégica y jerarquizada, desaprovechamos el valor del acercamiento bilateral. Una vez más, el binomio "política interna-política exterior" requiere de atención unificada.

*La autora es directora de Investigación y Desarrollo del Tecnológico de Monterrey, Campus Santa Fe y funge como Secretaria General de la Sección Mexicana del Club de Roma. Es Doctora en Historia por la Universidad Iberoamericana y cuenta con un post-doctorado en Relaciones Internacionales por la Universidad de Georgetown.

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