Los católicos siguen misa por televisión

En las pantallas se vio la misa de la Basílica de Guadalupe, con sacerdotes que llevaban mascarilla; Norberto Ribera pidió a los feligreses que obedezcan las recomendaciones contra la influenza H1N1.
CIUDAD DE MÉXICO (CNN) -

Millones de católicos mexicanos debieron resignarse el domingo a asistir a una misa virtual por televisión, después que las autoridades cancelaron las ceremonias por temor al contagio de la mortal influencia.

En sus pantallas vieron a sacerdotes con hábitos blancos y mascarillas quirúrgicas entrar al imponente altar de mármol de la Basílica de Guadalupe, el principal templo del segundo país con más católicos del mundo.

El arzobispo de la capital mexicana, el cardenal Norberto Ribera, pidió a los feligreses que obedezcan las recomendaciones de las autoridades sanitarias para prevenir el contagio de la influenza H1N1, que podría haber causado la muerte de hasta 121 personas.

"Aunque ya estamos escuchando noticias de estabilidad sobre esta crisis de salud que nos ha sacudido, creo que no debemos bajar la guardia", dijo en su homilía.

Sus palabras retumbaron en las paredes vacías de la Basílica, pero llegaron a unos 20 millones de católicos a través de las dos principales cadenas de televisión del país.

"Al usar la mascarilla durante la misa estamos transmitiendo el mensaje de prevención. Estamos inyectando ánimo y esperanza", dijo a Reuters el rector del templo, monseñor Diego Monroy.

México es un país profundamente católico donde un 80 por ciento de sus 107 millones de habitantes está bautizado. Unas 200.000 personas visitan la Basílica de Guadalupe en un domingo normal.

Pero, este domingo apenas medio centenar de religiosos y periodistas ocupaban los bancos del centro del templo entre grúas, focos y cámaras de televisión que daban al edificio la apariencia de un set de rodaje.

La cancelación de las misas es una de las medidas extremas decretadas por las autoridades para evitar aglomeraciones. En algunos estados se realizan ceremonias al aire libre.

"Somos conscientes de que la realidad es dura y dolorosa", dijo el cardenal Ribera.

Al final de la ceremonia, los religiosos intercambiaron el saludo con una inclinación en lugar del habitual apretón de manos. Algunos tuvieron que retirarse la mascarilla para recibir la hostia.

Caen ventas de santos

Las autoridades paralizaron gran parte de la segunda economía de América Latina hasta el 6 de mayo, y pidieron a la población de Ciudad de México a que permanezca acuartelada en casa, con la esperanza de frenar la expansión del virus.

El impacto económico de la epidemia era palpable fuera de la Basílica de Guadalupe, en el norte de Ciudad de México.

"Las ventas están flojísimas. Toda la gente está espantada. Estoy vendiendo el 20% de un domingo normal, apenas lo suficiente para comer", dijo Vanesa García, 27 años, delante de su puesto de vírgenes y estatuillas.

A unos minutos de allí, por las avenidas vacías de la ciudad, la iglesia de San Hipólito, un edificio colonial del siglo XVI, estaba abierta pero semidesierta. Los bancos fueron retirados para que los feligreses no se detengan durante mucho tiempo.

No todos los católicos están satisfechos con las misas virtuales.

"No estoy de acuerdo, porque solamente estamos en manos de Dios y la misa se debe de celebrar", dijo Teresa Rodríguez, una empleada de 50 años parada frente a las vallas que prohibían el acceso a la Basílica de Guadalupe.

"Si Dios salvó a los leprosos, ¿No nos va a salvar a nosotros?", comentó.

 

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