Mexicanos, atrapados en Argentina

Dos emprendedores mexicanos permanecen varados por la suspensión de vuelos entre ambos países; ellos comparten con CNNExpansión.com la crónica de un retorno truncado por la epidemia de influenza.
laboratoio-en-movimiento  (Foto: Laboratorio en movimiento)

Terminamos hace pocas semanas nuestro largo recorrido. Trazamos una ruta, desde México hasta la Patagonia, a bordo de nuestra curiosa camioneta, funciona con aceite de cocina usado, transformado por nosotros mismos en biodiesel.

De México hasta Ushuaia y Buenos Aires, en 11 meses y 30,000 kilómetros ... Hemos reciclado 3,000 litros de aceite usado, dado 24 pláticas en universidades e investigado 30 proyectos de desarrollo sustentable en el camino.

Llegamos hace siete semanas, a Buenos Aires, un domingo de mucho calor. Todavía era verano. Nos estaban esperando amigos porteños muy queridos, habíamos cumplido nuestra meta, el próximo paso era regresar a México. Nos tardamos un tiempo para recuperar los gestos de la vida urbana, las costumbres de socialización, nos tardamos en recuperar la energía, el paso acelerado de la ciudad, ritmado por las tazas de café, los movimientos del transporte público, los horarios de oficina.

Vivimos Buenos Aires con alegría, caminamos sus calles, recorrimos museos, teatros, librerías, reanudamos las largas pláticas con los amigos. Aprovechamos el momento, el verano, la euforia, para casarnos, inventarnos un recuerdo para siempre ligado a nuestro viaje, a los retos cumplidos, a la espontaneidad.

Empieza el otoño. Grandes cielos azules con viento fresco, escalofríos en la mañana y en la noche. Planeamos perezosamente el regreso a México. Nos da miedo el regreso, la Gran Gran Ciudad, los fantasmas de nuestras vidas pasadas.

De un día al otro, los periódicos nos dan la noticia: epidemia de influenza en México. De un día al otro por más extraño que pueda parecer, nos entra un ansia, una urgencia enorme por regresar a casa. Algo anda mal por allá, tenemos que estar. 

Hablamos a México, con nuestros amigos, nuestras familias. Viven encerrados. Entre las risas y las bromas inventadas al hilo de las horas, se escucha la inquietud de sus voces. De un día para el otro, no podemos volar a México. Se suspenden los vuelos un tiempo indeterminado entre Buenos Aires y el Distrito Federal. ¿Hasta que pasen las elecciones en Argentina? Aquí nadie duda de que esta decisión firme sea parte de un programa electoral.

Nosotros nos quedamos encerrados. Queremos sentir lo que ustedes viven. Nos encerramos en el departamento que rentamos por dos semanas más. Se nos acaba el dinero. Hablamos con México a diario. ¿Cómo están? Sí, está grueso. Se ríen un poco, nos preguntan con alegría cuándo regresamos, nos están esperando. Es increíble el genio creativo de México. En dos días diseñaron tapabocas, bromas, una cumbia y muchos videos. Increíble la negación también frente a la gravedad de la situación: la OMS anuncia que no se sabe lo suficiente sobre este virus, hay que tomar medidas extremas.

Mientras tanto, se elaboran todas las teorías posibles del complot, son las empresas farmacéuticas,  es Calderón, es Andrés Manuel López Obrador (AMLO), los banqueros, los gringos. Todos sospechan que no están pasando nada, que todo es una gran mentira. Desde lejos, es surreal. Vemos imágenes de chilangolandia desierta, peatones con tapabocas, restaurantes cerrados, sin cines ni teatros ni escuelas. Parece una tira cómica futurista con la leyenda "Sólo pasa en México". La OMS no puede estar comploteando contra México.

Pasa algo bueno: se libera la palabra sobre las deficiencias del sistema de salud público. En Buenos Aires, se muestran muy atentos con nosotros. Nos preguntan, se preocupan, nos invitan a un café, a una cerveza, a un paseo a Uruguay, renovamos nuestra visa. En un pequeño restaurante de Colonia (Uruguay), Chimi pregunta a los comensales de la mesa cómo se llama el platillo que están degustando. ¿Sos venezolano? No, mexicano. Un movimiento hacía atrás y risas nerviosas. Un momento después, se levantan de la mesa, vienen a disculparse, a darnos un apretón de mano. Disculpas aceptadas. Escuchamos muchos testimonios de mexicanos discriminados, bajados de un taxi, sacados de un restaurante. Es terrible. La ignorancia es terrible. Pero si sabemos más que los demás, es nuestro deber explicarles y no quedarnos en la ira.

Nos escandaliza la actitud de la Embajada de México en Buenos Aires. Hoy escuchamos la intervención de la embajadora en un programa de radio dedicado a México. Ofrece su ayuda a los mexicanos varados en Argentina, su apoyo incondicional a cada uno, se escandaliza por largos minutos contra la discriminación. Pero entre la palabra y la acción, hay una distancia del tamaño de la Patagonia. Llevamos dos días hablando a la Embajada. No atienden o las líneas están ocupadas. Escribimos un correo que nadie ha contestado. La página Web no ha sido actualizada desde el 4 de mayo. No tenemos noticias sobre la reanudación de los vuelos sino por los periódicos argentinos. Esperemos de la función diplomática que sea un instrumento de paz, un ejemplo que seguir, no que eche leña al fuego con tanta pasión. Parece que no busca reconciliación sino avivar la tensión.

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Es insoportable esperar. La camioneta se va el martes para México. Nos acaban de proponer alojamiento fuera de la capital un rato. Vamos a hacer esto, huir del ruido, del pánico que provoca tanta discusión, de la agitación inútil del debate. Vamos a respirar el aire del campo, aumentar las defensas y prepararnos para regresar con toda la fuerza posible a dar grandes abrazos a México.

*La autora es parte del proyecto Laboratorio en Movimiento (www.laboratorioenmovimiento.com).

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