Cómo la crisis nos está cambiando

Las costumbres en el consumo de los ciudadanos de Estados Unidos ha dejado de ser exagerada; ante la situación financiera los estadounidenses han decidido ahorrar y gastar inteligentemente.
crisis  (Foto: Dreamstime)
Dan Kadlec

La moderación y la seguridad están en circulación; el lujo y el plástico no. La debacle económica ha diseminado un cambio importante en nuestros valores financieros. Y ese cambio podría ser permanente. La agencia de empleo de Lynne Goldberg, en Northfield, Illinois, ha visto sus ingresos reducirse a la mitad durante la recesión. Su esposo, un fiscal, aún está trabajando, pero su capital está muy limitado. Goldberg, de 60 años, busca recortar 20,000 dólares de su presupuesto liquidando tarjetas de crédito, pagar la hipoteca, comprando menos y no llevando al perro al peluquero tan seguido.

"Ha sido como declarar una retirada", admite. Aún así, ver su dinero le ha otorgado un renovado sentido del control y derivó en una charla franca sobre sus prioridades, siendo la principal mantener a su familia cerca. "La visa está mejorando", dice Goldberg, "porque me he vuelto más lista".

Millones de estadounidenses están redescubriendo las bondades del ahorro durante esta profunda recesión. No es una sorpresa: Estamos cancelando tarjetas de crédito, cenando en casa más a menudo y privándonos de viajar - respuestas habituales ante cualquier declive.

Pero en esta ocasión hay algo más grande que está surgiendo, algo intangible que está guiando a Goldberg y a otros como ella a sentirse bien sobre lo que está pasando, a pesar de sus dificultades financieras.

Un nuevo set de valores americanos está emergiendo de las cenizas de los más de 600,000 despidos mensuales, una década perdida de mercados bursátiles, y la peor caída de los créditos de vivienda en la historia.

Estos valores podrían sonar familiares a quien sea que vivió la Gran Depresión. Pero para la mayoría de nosotros, es como un cambio a gran escala de nuestra forma de ver la vida y el dinero.

No sólo estamos disminuyendo nuestras cuentas, estamos rechazando el materialismo. Estamos anteponiendo nuestra seguridad y algunas recompensas intrínsecas como las relaciones y el crecimiento personal sobre el beneficio económico.

Estamos apoyando a nuestras familias y comunidades y preguntando cómo podemos ayudar a otros, no sólo a nosotros mismos.

"Hemos experimentado una vuelta de péndulo muy brusca", opina Douglas Brinkley, profesor de historia de la Universidad de Rice, en Houston. Y él, junto a muchos otros, cree que los cambios en el corazón de la nación durarán por varias décadas.

Pero, ¿cómo es este péndulo? Primero, tenemos una renovadora actitud acerca de cómo manejar y distribuir nuestro capital.

En una encuesta a nivel nacional hecha exclusivamente para ésta revista por Marketing & Research Resources, 9 de cada 10 encuestados dijeron que han cambiado la forma en que manejan su dinero como resultado de la crisis económica; 7 de cada 10 dijeron que sus prioridades se han movido también; y un impresionante 94% dijo que la recesión tendrá un impacto duradero en la forma en que manejan sus finanzas.

Los über-ricos, como sabemos, están bien. Pero todos los demás - incluyendo, quizás de manera especial, a los acomodados, han sido afectados de forma visceral. En el sondeo, sólo el 36% de aquellos que ganan por lo menos 75,000 dijeron que era optimistas con la economía - contra el 44% de aquellos que ganan menos.

Los nuevos valores trascienden el dinero. Casi el 10% dijo que estaban dándole más tiempo a obras de caridad. Más de la mitad opinaron que se sentían culpables comprando cosas que no necesitan. 7 de 10 dijeron que consideran que pasar tiempo con la familia es más importante que nunca.

Colectivamente, el resultado sugiere que los norteamericanos están reconsiderando la importancia de todo, desde su trabajo e inversiones, hasta las relaciones familiares y lo que realmente los hace felices.

Quizás lo más interesante sea que el cambio se ha provocado, por lo menos en parte, a la sensación general de que la crisis es una catarsis tardía; la sacudida que necesitábamos para revertir el cúmulo de malos hábitos financieros y actitudes destructivas desarrollados a través de los años.

¿Vivir dentro de tus límites? Tiene sentido. ¿Negarle a tu hijo la compra del ringtone de moda, y explicarle por qué? Eso es, en realidad, bueno para él. ¿Tratar tu patrimonio como una inversión a largo plazo, y no como una cuenta de efectivo? Bueno, quizás hasta podrías retirarte algún día.

No todas las lecciones que repentinamente aprendimos se quedarán con nosotros. David Reibstein, profesor de Wharton, compara ésta mesura con la búsqueda espiritual después de los ataques terroristas de 2001, cuando parecía que los viajes aéreos jamás se recuperarían.

Por supuesto, lo hicieron, y muy rápido. Aún así, historiadores como Brinkley piensan que mucha gente ha sentido el aguijón tan intensamente en este declive, que los valores fundamentales sobre el dinero podrían ser distintos mucho después de una recuperación.

¿Qué es diferente ahora?

La deuda se manifiesta. En años recientes, parece que todo el mundo tiene lo que siempre quiso (o, tal vez, todos excepto usted).

Parece que, a pesar de eso, las vacaciones paradisiacas de los vecinos fue pagada con un préstamo de dimensiones patrimoniales, tu amiga compró sus Manolo Blahniks con su tarjeta de crédito, y seguramente aún los debe.

La McMansión de tu colega salió gracias a una hipoteca de amortización negativa - y ahora está más hundida que el fondo del mar. Deuda, deuda y más deuda - y, asumiendo que esos Blahniks ya dieron de sí, ni siquiera nada que presumir, más unas cuantas fotos y toneladas de estrés.

Estamos empezando a ponernos la meta de pagar nuestra deuda y no adquirir más. Casi el 70% de nuestros encuestados respondieron que si no pueden pagar por una compra con efectivo o tarjetas de débito, mejor no la hacen. Casi tres cuartas partes del total opinan que incrementar sus ahorros es más importante ahora.

Y después de años de fingir este tipo de actitudes, los estadunidenses están finalmente guardando su dinero. Las estadísticas de ahorro nacionales, que han sido negativas en años anteriores, arrojaron sus cifras más altas en 14 años: el 5% en enero.

Michael y Paula Parish nos cuentan su visión de esta tendencia. La pareja de San José, ambos de 41 años, ha comenzado a empacar sus propios almuerzos todas las mañanas. Ya detenido sus impulsos de comprar en línea y han renunciado a las tarjetas de crédito. Durante el año pasado, se las arreglaron para disminuir su deuda a la mitad - a 15,000.

Nadie les puso una pistola en la frente. Paula aún trabaja medio tiempo como gerente de servicios a clientes en la industria financiera, y aunque Michael perdió su trabajo en la industria tecnológica, ahora gana casi lo mismo como consultor IT.

De cualquier manera, "Nos sentimos más pobres", dijo Paula. "Estamos determinados a deshacernos completamente de la deuda - para siempre".

El lujo es malo. Aunque usted pueda costearse algunas cosas caras, ya no está bien la ostentación. Los consumidores ya se ocultan. Las ventas en tiendas bajaron un 8% en el último cuarto de 2008.

"Éticamente, no se siente bien estar viendo unas botas o un bolso de 1,000 dólares", opina Gemma Allen, abogada de Chicago. Ella y sus amigas acostumbraban reunirse para irse de compras a Barney's o a Saks, ahora van a tomar un café.

En una encuesta reciente de Metlife, casi la mitad dijo que ya tenían todas las posesiones que necesitaban, a diferencia de otra en 2006, en la que sólo el 34% opinaba así.

El nuevo símbolo de estatus, dicen los cazadores de tendencias, es tener (no rentar) un auto con al menos tres años de antigüedad, lo que explicaría que las ventas de autos semi-nuevos aumentó en un 1%, mientras que la industria automotriz en general ha perdido un 18% en ventas.

"Todos mis clientes han reducido sus gastos - no sólo por necesidad, sino porque les provee de una sensación de control en sus vidas", dice Stacy Francis, presidenta de Francis Financial en Nueva York. "No podemos controlar el mercado bursátil o si fuimos despedidos.

Pero podemos decidir cuándo cerrar nuestras carteras.

No confíe en nadie. Con la suspensión de las pensiones tradicionales, los patrones han puesto sobre nuestros hombros la responsabilidad de nuestro retiro, pero ninguna forma de inversión ha funcionado - ni maximizando las combinaciones del 401(K), ni la diversificación, ni el promediado del costo del dólar, ni siquiera la paciencia.

Por encima de eso, hemos sido completamente engañados por contadores, reguladores, agencias, analistas, fondos mutuos, fondos de protección, corredores hipotecarios, bancos y CEOs. Los precipitados escándalos de los viejos guardianes durante la década pasada nos han dejado sin aliento, y los efectos se están mostrando.

La mitad de los encuestados en la encuesta de Money dijeron que ya no confían en consejeros financieros ni en analistas, tres cuartas partes creen que su desconfianza hacia Wall Street durará incluso después del fin de la crisis actual. Está finalmente pasando: Nadie se preocupará por ti más que tú. Cuidarse a uno mismo es nuestro derecho.

"Una cosa sí sé", dice Steve Mochel, de 44 años, antiguo ejecutivo de cuenta en Nueva York que fue despedido sin advertencia alguna justo unos días después del último día de trabajo de su esposa. "Si no soy capaz de crear una forma de controlar mis ingresos por el resto de mi vida, soy un tonto".

El haber sido despedido después de 19 años en la misma agencia fue una llamada de atención. Mochel tuvo que despedir a la niñera, congelar las tarjetas de crédito y cancelar los planes de comprar un auto nuevo.

Pero con una buena indemnización y nuevos bríos empresariales (una escuela de manejo), no está aterrado. De hecho, se dio cuenta llevar su vida de forma calmada ha sido una bendición. Opina que comer en casa todas las noches provoca que la familia permanezca unida. "¿Me siento victimizado?" dice. "no, siento que he encontrado mi camino".

Tu trabajo es tu mayor bien. Hace algunos años estarías obsesionado con el siguiente ascenso, el tamaño de tu aguinaldo y muchas quejas que te harían buscar un nuevo patrón. Esos días quizás regresen, pero el mercado está tan maltrecho ahora, que el sólo hecho de tener un empleo es razón suficiente para estar agradecido.

"Cualquier cosa que usualmente molestaba a las personas sobre sus empleos- su salario, su jefe, la cantidad de trabajo - ahora palidece a comparación de la posibilidad de ser cesado", dice Nicole Williams, una consejera sobre desarrollo profesional en Nueva York. "La gente está enfocándose en los aspectos positivos de su trabajo".

De acuerdo a una encuesta de Randstad, incluso beneficios importantes como el salario, horarios flexibles, vacaciones pagadas y ascensos han ido a la baja en la lista de aspectos importantes para la satisfacción laboral. A la alza: La seguridad.

Sabemos lo que realmente importa. Mientras los individuos afectados por la declive reflexionan sobre lo que los hace felices, la respuesta se centra cada vez más en pasar tiempo con la familia y ayudar a la comunidad.

En una encuesta reciente de Northwestern Mutual, a los participantes se les pidió que seleccionaran los atributos que mejor definían el éxito. Al frente de la lista estaba "pasar tiempo de calidad con la familia" (88%), seguida de "tener una buena relación con mi cónyuge o pareja" (86%).

El nuevo set de prioridades ha llevado a un aumento histórico de voluntariados. Solicitudes a través del sistema en línea de AmeriCorps de servicio voluntario se triplicó en febrero. Big Brothers Big Sisters of America dijeron que las llamadas para pedir informes aumentaron un 25% en enero. En el Volunteer Center of San Franciso, los miembros aumentaron 35% en enero y otro 20% en febrero.

Por qué nuestros nuevos valores prevalecerán

Algunos argumentan que cuando la economía se recupera, nuestro nuevo amor a la moderación, a permanecer en casa y al altruismo llegarán a su fin al perder el miedo a la Armagedón. Por supuesto que los norteamericanos prestarán y pedirán prestado de nuevo. Pero no será igual que la etapa antes de la crisis.

Los psicólogos notan que un trauma a menudo deriva a un cambio en el comportamiento - mientras mayor sea el trauma, más dura ese cambio. Por ejemplo, una experiencia cercana a la muerte generalmente lleva a la gente a enfocarse en las relaciones interpersonales en lugar del éxito material. No se observa eso después de, por ejemplo, arreglarse una caries.

Según Tim Kasser, profesor de psicología del Knox College, una pérdida, ya sea de empleo o en los mercados, que se observa como única y temporal, probablemente no te conducirá a reconsiderar tu forma de gastar. Incluso, podrías caer en la tentación de sobregirar tus tarjetas de crédito sólo para sentirte aliviado y bajo control.

Pero la extensión de esta recesión ha sido una experiencia cercana a la muerte en términos financieros para muchos, así que podría conducir a un cambio duradero. Opina Kesser: "Esta es una oportunidad muy clara para que las personas evalúen el camino que han seguido las últimas décadas, y decidir su es el más correcto".

Cómo están cambiando estas familias.

Kim y Allan Stephenson, ambos de 41 años, están entre los muchos ciudadanos que están haciendo justamente eso. "Comprar cosas importa menos", dice Allan, un entrenador personal de Upper Marlboro, Md. "Antes, tenía una lista de todas las cosas que quería comprar. Ahora simplemente agradecemos que tenemos un empleo y apreciamos como nunca la forma en que vivimos".

Kim, agente de ventas farmacéuticas, dice que están volviendo a lo básico. " No fui la mejor ahorradora en el pasado", admite. "Pero la importancia de ello se ha vuelto obvia".

Además de engrosar sus ahorros, la pareja siente un deseo agudo de ayudar a otros. "Si algunas personas en la iglesia están teniendo dificultades financieras, analizamos nuestro presupuesto y les damos unos cientos de dólares y nos es posible", dice Allan. "Eso es lo principal en nuestras mentes ahora".

Barbara Dafoe Whitehead, directora del centro John Templeton para el Ahorro y la Generosidad del Instituto de Valores Americanos, cita algunas razones por las que este cambio de actitud durará.

Primero, este declive esté teniendo un impacto profundo en la gente joven. Millones de adolescentes están viendo a sus padres luchar por encontrar un empleo y conservar su casa. Millones más de veinteañeros no tienen nada en el banco y están abrumados con las tarjetas de crédito y las deudas escolares, porque con la escases de empleo, los podría mutilar financieramente por años.

Esto es una repetición de lo que le pasó a los jóvenes durante la Gran Depresión - y muchos de ellos nunca perdieron el miedo a ser erradicados. (Para más sobre los efectos en la gente joven, vea la sección "¿Y qué hay con los niños?" en la barra de la derecha).

Y también, nuestras instituciones financieras - teniendo su propia experiencia cercana a la muerte, están experimentando reestructuraciones al por mayor.

Pasarán años tratando de reconstruir la confianza perdida cegarse a riesgos. En este contexto, los consumidores que pidan prestado no tendrán opción más que calcular sus riesgos. Dice Whitehead: "El cambio institucional disciplinará a las personas".

Por qué todo está bien

¿Nos estamos convirtiendo en nuestros abuelos, aquellos tacaños que exprimían un centavo hasta que Lincoln se ahorcaba? Quizás. Pero, ¿qué hay de malo en ello? No es como que ellos nunca hubiesen pedido prestado, o gastado un dólar. Simplemente eran más disciplinados.

"Mis clientes que vivieron la época de la depresión son notablemente más responsables fiscalmente, con verdadero respeto por el dinero y el crédito" dice Edward Gjertsen, un planificador financiero de Mark Investment Securities en Glenview, Ill. Si alguna reminiscencia de ello permanece, todos estaremos mejor.

Ciertamente, los encuestados de Money ven un efecto positivo a largo plazo. 9 de cada 10 creen que continuarán siendo más moderados y consientes de lo que eran antes de la crisis, casi 3 cuartos opinan que se fijarán más en sus relaciones interpersonales que en el éxito profesional y material. Muchos analistas están de acuerdo.

"Creemos que lo que está sucediendo ahora será transformador", dice Robbie Blinkoff, director administrativo de Context-Based Research Group, que estudia el comportamiento de los consumidores. "Están rodeados de muchas cosas que no tienen sentido, y han observado que esto no los hace felices", opina.

Blinkoff cree que también interactuaremos de manera distinta con los proveedores financieros como resultado de todo esto. "Estamos empezando a comprender que nuestras instituciones financieras nos han permitido vivir más allá de nuestros propios medios". Mientras los consumidores toman el control de eso, estarán prestando mucha más atención a los detalles en sus documentos financieros e hipotecarios.

También comenzarán a diferenciar el buen crédito (por ejemplo, la educación), del mal crédito (un Lexus nuevo, o un bolso Kate Spade). Probablemente seguirán comprando ropa de diseñador y autos de lujo, dice Blinkoff, pero sólo si pueden hacerlo sin recurrir al plástico o a otra hipoteca sobre la casa.

No hay duda de que muchas personas reincidirán en sus malos hábitos una vez que la economía vuelva a girar, pero usted puede mantener sus bajos instintos financieros a raya recordándose a usted mismo qué doloroso fue cuando estaba al borde en sus tarjetas de crédito o cuando perdió su trabajo sin remuneración alguna.

MetLife se dio cuenta que la mitad de los estadunidenses sentían que estaban a un mes de la insolvencia si perdían su trabajo. Esa es una sensación que no se olvida rápido. "El consumismo no es una forma de expresarnos", dice Blinkoff. "Busquemos otra válvula de escape".

Así que, haga voluntariado en alguna casa que le apasiones. Comience un negocio alternativo. Invierta en usted mismo, tomando alguna clase, teniendo un nuevo pasatiempo. Entérese de toda la diversión y cosas satisfactorias que no cuestan ni 10 centavos. En la Biblioteca Pública de Boston, nuevas suscripciones aumentaron en más de un tercio - tendencia que ha resonado en bibliotecas a lo largo del país.

Conviva con gente que piense igual que usted acerca de lo que importa en la vida, dice Whitehed, del centro Templeton. Si cae en un grupo de compradores compulsivos, se arriesga a adoptar sus malos hábitos. La belleza de ser ahorrador, dice Whitehead, es que hace que muchas cosas más sean posibles, como la seguridad financiera personal, hacer regalos a otros y pasar tiempo de calidad con sus seres queridos.

Por encima de todo, comprométase a vivir por sus propios medios. Concéntrese en mejorar sus habilidades laborales, sus contactos - cosas básicas que volaron fácilmente durante los momentos arduos. Mantenga un colchón de efectivo de al menos los gasto de un año, su patrimonio y su retiro en orden.

Sea moderado - el uso de cupones aumentó 10%. Sea listo - todos desperdiciamos billones de dólares cada año por no tomarnos el tiempo de llenar formas para ayuda estudiantil, cuentas de gastos médicos o manejar apropiadamente los fondos de nuestro retiro para alcanzar la mejor cifra. Sólo niéguese a lujos que comprometan su patrimonio. Separe sus necesidades de sus deseos.

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"Finalmente entendemos que no podemos tenerlo todo sin pagar un precio", dice Karin Maloney Stifler, una planificadora financiera certificada de Hudson, Ohio. "Y el precio ahora nos parece muy alto. No hay nada de malo en poseer bienes, pero sí está muy mal cuando los bienes nos poseen".

Este artículo es parte de una serie de historias llamadas "The New Path", que se enfocarán en ayudarle a alcanzar sus metas económicas enfrentando los retos actuales.

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