5 de julio: ¿un proceso electoral más?

Las próximas elecciones en México ponen de relieve la carencia de propuestas eficientes; sin embargo, el IFE busca evitar el abstencionismo y lograr la participación ciudadana.
Elecciones  (Foto: Dreamstime)
Gabriela Palavicini*
CIUDAD DE MÉXICO -

Desde que se llevaron a cabo las primeras elecciones en México, en 1812, para la renovación de los miembros del Nuevo Consejo Municipal Constitucional, la celebración de comicios electorales no es algo nuevo, sino que forma parte de la cultura política del país, aún cuando lo determinante de la decisión emitida no sea siempre sopesada en la medida de su significado.

En este sentido, las elecciones en México siempre han representado un evento "especial" pues es el día en el que se ejerce el acto ciudadano más representativo; la emisión de un voto por el candidato o partido "predilecto". ¿Pero qué es lo que hace que sea así? Hasta la fecha no se ha podido determinar cuáles son los factores que conllevan a la preferencia de un candidato, o de un partido sobre otro. Hay quien opina que el candidato prevalece sobre el partido, que las ofertas de campaña orientadas a mejorar el nivel de vida de la población juntan más adeptos, sin embargo son sólo suposiciones. Lo que sí es cierto es que la elección varía, dependiendo del momento por el que atraviese el país, si se trata de elecciones locales, nacionales, para diputados, para senadores, o para presidente, siendo éstas últimas las que siempre registran un mayor número de votantes.
 
Para la próxima jornada electoral, que tendrá lugar el 5 de julio, en el país se han llevado a cabo varias acciones desde meses antes; la recredencialización, las modificaciones a la Ley de Radio y Televisión, con la regulación respectiva en materia de spots televisivos y de radiodifusión, así como los horarios de transmisión, etcétera.

En este sentido se puede decir que la tarea previa a la fecha establecida, que lleva a cabo el Instituto Federal Electoral (IFE), -también controvertido-, ha sido realizada hasta el momento y que quedaría pendiente la etapa posterior a ésta, dejando en este lapso de tiempo el papel principal a los actores en juego: los partidos políticos contendientes y sus candidatos.

Sin embargo, ¿cuál es el resultado que se prevé de esas elecciones? Para responder a esta pregunta, veamos con qué contamos hasta la fecha: Tres partidos políticos fuertes; Partido Revolucionario Institucional (PRI), Partido Acción Nacional (PAN) y Partido de la Revolución Democrática (PRD), contendiendo frente al Partido Verde Ecologista (PV), el Partido del Trabajo (PT), El Partido Social Demócrata (PSD), Convergencia y Nueva Alianza (NA). Algunos de ellos han formado alianzas, al presuponer que "la unión hace la fuerza". Otros, participan individualmente, convencidos de la ideología que representan y otros más, prefieren apostar a la confusión, al presentar a un candidato que pertenece a una de las alianzas, pero que ha sido la cara distintiva del PRD. Esto en cuanto a la forma en la que han decidido presentarse en primera instancia.

Sin entrar de manera profunda en sus propuestas -no es posible dada la simplicidad de ellas-, tenemos un partido que, por un lado, lejos de apoyar a sus candidatos a la diputación realiza una campaña orientada a la principal preocupación de la actual Administración; el narcotráfico y está dirigida, de forma clara, a "apoyar al presidente en la lucha contra el narcotráfico". Ello conlleva a preguntarse, ¿no se quería en México el equilibrio de poderes que pudiera cuestionar y apoyar, o desechar las propuestas del Ejecutivo?, ¿Se prefiere acaso un equilibrio de poderes disimulado en el discurso y unilateral e inexistente en la práctica? Por otro lado, el mismo partido realiza campañas negras, de manera astuta, en contra de uno de sus principales rivales, haciendo que sea la población quien califique al oponente, como fue la "sopa de letras" del PAN.

Un partido que lejos de caer en provocaciones intenta reinventarse tratando de convencer a la población de que es la mejor opción, dada la experiencia que le dieron los 71 años en el poder y los casi 9 de ser oposición, pero cuyas propuestas no quedan tampoco claras.

Un partido que apela a los sentimientos de la población en cuya campaña una niña es el elemento clave y que intenta contrarrestar la antigüedad de sus candidatos, de quien se desconocen las propuestas.

Un partido más de quien se desconocen incluso los candidatos, pero que apela a la pena de muerte y a la responsabilidad del Estado de cumplir sí, con algo que le es inherente como es la provisión de medicamentos a la sociedad, pero que lo presenta de manera obligada con una publicidad que más que crear adeptos, crea molestia y genera incertidumbre.

Un partido que sin propuestas utiliza la voz del exdirigente del PRD, como si fuera él el candidato.

Los partidos en esta ocasión no han realizado propuestas y mucho menos han dicho cómo las van a llevar a cabo; muestran los problemas pero no dan soluciones, -o al menos no las que requiere un país en el siglo XXI-.

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Esperemos que el IFE con su campaña de llamado al voto, -que también es elemental-, logre cubrir el voto duro de los ciudadanos, que el voto de castigo, -que siempre hay-, decida de manera racional y no pasional, que el abstencionismo ceda el paso a niveles elevados de participación y que el descontento no haga del voto nulo el principal actor de las elecciones del 5 de julio.

*La autora es profesora-investigadora del Tecnológico de Monterrey, Campus Santa Fe y miembro del Sistema Nacional de Investigadores. 

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