Latinoamérica y su rebelión ante EU

En la presente década, los países de la región tendieron a oponerse a las políticas estadounidenses; Brasil se perfila como líder en lo económico, mientras que México se rezaga en varios aspectos.
washington-estados-unidos-JI.jpg  (Foto: Jupiter Images)
MEXICO (AP) -

Qué diferencia que hacen diez años.

A fines de los 90, casi toda América Latina se alineaba políticamente con la Casa Blanca y sus ministros de Economía cumplían con fidelidad las recetas del Fondo Monetario Internacional. La izquierda iba en retirada en todo el mundo tras el derrumbe soviético y la derecha ya no recurría a los golpes de estado. El hemisferio parecía encaminarse hacia un área de libre comercio desde Alaska a Tierra del Fuego, con Estados Unidos como socio principal.

Cuando comenzaron los 2000, México vivía días optimistas al estrenar la alternancia democrática y Brasil, tras una fuerte crisis económica, no tenía tiempo ni para la diplomacia global ni para los Juegos Olímpicos ni para el Mundial. Estados Unidos prometía vínculos más cercanos que nunca con la región que siempre había considerado su "patio trasero" y los presidentes vaqueros George W. Bush y Vicente Fox eran los mejores amigos de la vecindad.

Desde entonces, ya nada es lo que era en el hemisferio occidental.

El analista argentino Rosendo Fraga, director del centro Unión para la Nueva Mayoría, recuerda que, cuando concluía la presidencia de Bill Clinton en 1999, casi toda América latina "se mantenía alineada, con distintos grados de entusiasmo, con las políticas que impulsaba Washington".

"La democracia y el capitalismo se habían mundializado", dice. El régimen de Fidel Castro en Cuba "parecía condenado a desaparecer en el mediano plazo" y el nuevo presidente venezolano Hugo Chávez era "un coronel populista con pocas oportunidades de consolidarse en el poder y aislado en la región".

Luego vinieron los atentados del 11 de septiembre del 2001 y Estados Unidos se dedicó a Medio Oriente y Asia y a su estrategia de seguridad, dice Shannon O'Neil, cientista política del Consejo de Relaciones Exteriores en Nueva York. Latinoamérica ya no hacía "bip" en su radar.

Un gesto clave que marcaría ese distanciamiento llegó poco después, cuando México y Chile -a pesar de la presión estadounidense- se negaron a apoyar la invasión a Irak en el Consejo de Seguridad de la ONU.

"Una parte importante de la historia de la relación entre Estados Unidos y Latinoamérica en esta década es su deterioro", dice Jorge Domínguez, influyente profesor cubano-estadounidense de la Universidad Harvard.

Washington no logró avances en los temas que le interesan en la región, agrega.

El Área de Libre Comercio de las Américas fracasó; la guerra al narcotráfico siguió y "su punto álgido" se mudó de Colombia a México; con el intento golpista en Venezuela en el 2002 y el golpe de Haití en el 2004, Washington "perdió la credencial" de defensor de la democracia; y tampoco pudo reformar su política de inmigración, clave en la relación con México y Centroamérica.

"En un asunto tras otro -dice Domínguez_, el deterioro fue uno de los rasgos esenciales de la década".

Meses después del 11-S, el trágico colapso económico de la Argentina subrayó el creciente descontento con las doctrinas del FMI. Los latinoamericanos comenzaron a elegir más presidentes de izquierda y algunos de éstos empezaron a oponerse a Washington en hechos y palabras.

"La posición de Estados Unidos en el mundo declinó tanto que ya no era un escándalo criticarlo", dice el historiador Peter Smith, de la Universidad de California San Diego. En el 2005, Bush fue recibido con un mitin hostil en Argentina y al año siguiente Chávez lo acusó en Naciones Unidas de oler a azufre, como el Diablo.

"En los años 80, decir cosas así hubiera sido una invitación a los infantes de Marina", dice Smith.

De forma paradójica, agrega, la falta de atención estadounidense tuvo resultados positivos para la región, como la mayor presencia global de Venezuela y Brasil y las mejores relaciones comerciales con China y Europa.

Sin embargo, tras alejarse de Washington, América Latina no es un bloque unido. Por un lado, están Chávez y los antiimperialistas feroces; por otro, el brasileño Luiz Inacio Lula da Silva y otros progresistas moderados; a un costado, el colombiano Álvaro Uribe, el mexicano Felipe Calderón y algún otro aliado que le queda a Estados Unidos.

Brasil se consolida como el país más prominente, sobre todo en lo económico. "Pero aún no hay evidencia de que haya un liderazgo (político) brasileño aceptado en la región", dice Paulo Sotero, director del Instituto Brasil del Centro Internacional Woodrow Wilson en Washington.

En esta década, dice, "superada la gran crisis financiera del ྟ, Brasil tuvo su gran evento político, que fue integrarse como sociedad al elegir presidente -en un país muy desigual- a un hombre del pueblo".

Tras asumir en el 2003, Lula despejó las sospechas de radicalismo económico y logró que por primera vez en su país la clase media fuera mayor que la baja.

"Es el gran acontecimiento (de la década) en Brasil", dice Sotero.

"El país que era ejemplo hace 10 años era México", recuerda el venezolano Moisés Naím, director de la revista estadounidense Foreign Policy. "Había grandes esperanzas de que llegara muy lejos".

Sin embargo, añade, México está "empantanado" por la narcoviolencia, el bajo crecimiento, el estancamiento institucional.

Mientras Brasil se planta firme y fija posiciones independientes, como la de apoyar el programa nuclear iraní que tratan de frenar Estados Unidos y otros países, México ni siquiera tuvo un rol central en el conflicto de su vecino, Honduras, donde surgió una crisis institucional al ser derrocado el presidente Manuel Zelaya.

México "es uno de los más afectados" por la crisis global, dice Naím. "Ahora, Brasil es la esperanza y México, la desazón".

O'Neil, del Consejo de Relaciones Exteriores, cree que Estados Unidos ya no ejercerá su poder como solía en su antiguo patio trasero.

"Si alguna vez existió una hegemonía estadounidense en la región, ya se terminó", afirma.

Pero la mayoría de los observadores no comparte esa opinión.

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"Estados Unidos es demasiado importante" para desaparecer de la escena, dice Eric Farnsworth, vicepresidente del Consejo de las Américas y ex funcionario de la administración Clinton. Según dice, al hemisferio entero le conviene cooperar en temas como comercio, energía y cambio climático, para impulsar el desarrollo.

"Latinoamérica -dice- tiene que pensar en 'global'''.

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