Ronald Perelman, inversionista belicoso

Tras la muerte de su ex esposa, Ronald Perelman emprendió una lucha contra su familia política; la historia entre la familia Perelman y Cohen cuenta con todos los elementos de una telenovela.
perelman-ronald-revlon-escandalo.jpg  (Foto: AP)
James Bandler y Doris Burke

Tal vez Ronald Perelman no sea el magnate más polémico del planeta, pero sí pasa mucho tiempo en la corte, pues este multimillonario implica conflicto. La lista de ex asociados y batallas legales que ha peleado incluyen al ex presidente de operaciones financieras de su compañía, un ex vicepresidente y a sus cuatro ex esposas. Sin duda tiene problemas con el prefijo "ex". Así que en 2008, cuando el presidente de Revlon demandó a su ex suegro, Robert Cohen, y a su ex cuñado, James Cohen, a nadie le sorprendió.

Robert Cohen es el padre de la ex esposa de Ronald, la periodista de sociedad, Claudia Cohen. La demanda buscaba obtener control de la mitad de la fortuna de Robert Cohen para depositarla con Samantha Perelman, la hija que tuvo con Claudia Cohen, aunque Samantha sea una de los seis nietos descendientes de Robert. El magnate argumentó que, como albacea de los bienes de Claudia, tenía derecho a demandar, porque décadas antes él había prometido ese dinero a Claudia.  Incluso para los estándares de las batallas de familias disfuncionales, esto fue una barbaridad.

Robert Cohen no es un hombre sano: sufre de una enfermedad neurológica que lo tiene paralizado y sin habla. Necesita atención permanente de su equipo de enfermeras, quienes hacen todo por él, incluso evitar que se ahogue. Pero todo indica que Ronald se metió con el minusválido incorrecto.

El negocio de la familia Cohen, Hudson Media, compite como uno de los vendedores regionales de revistas más grandes (socio de negocios de Time Inc.), y cuyas publicaciones incluyen otros grandes títulos como Time, People y Sports Illustrated. La familia Cohen, no tan rica como Perelman, forjó su gran fortuna en tres generaciones. En 2008, Hudson vendió su omnipresente negocio de noticias en cerca de 800 millones de dólares, pero su gran negocio ha estado tambaleándose desde hace algunos años, cuando los Cohen lucharon por el control del mercado del condado de Hudson, en Nueva Jersey, y tuvieron que lidiar con artistas chantajistas y grupos mafiosos, y no fue nada fácil.

Robert Cohen tenía 82 años cuando supo en febrero de 2008 que Ronald Perelman estaba movilizando a uno de los despachos legales más temidos del país para demandarlo. Respondió llamando al abogado defensor más feroz que encontró, Robert Gold, ex fiscal federal. Gold no sabía cuánto podía luchar el anciano, y le dijo que si quería un abogado que estuviera moviendo papeles, debía buscarse a alguien más, pues él era el tipo abogados que sólo sabía luchar. Robert Cohen le respondió: "Bobby: quiero que lo hagas pedazos". 

Ambiciones

Nadie sabía que habría un conflicto en junio de 2007, cuando un grupo de limusinas se estacionó frente a una sinagoga de Manhattan para el funeral de Claudia Cohen. Era un evento donde asistió gente mediática que debería haber cubierto la misma Clauida como una de las columnistas de espectáculos más importante. Entre los asistentes se encontraban Donald Trump, Jon Bon Jovi y Calvin Klein. Todos los ojos volteaban hacia Perelman cuando se aproximó a su féretro. La mayoría de la gente conocía la historia de su ambicioso matrimonio y de su divorcio público, pero nadie sabía que había estado intentando financiar una vacuna experimental contra el cáncer. "Era mi roca, mi confidente", dijo con la voz quebrada. La pareja se había conocido en 1984, gracias a un amigo en común que Ronald llamada en broma "cafetería" en referencia al legendario restaurante de Le Cirque. Tres días después él la invitó a salir.

Perelman, entonces de 40 años, estaba a punto de convertirse en una fuerza de Wall Street. Nieto de un migrante lituano, fue criado en una próspera familia de Filadelfia. Después de graduarse de la Universidad de Pensilvania, trabajó para su padre, Raymond, un artista disciplinado. Se casó con Faith Goldinf, heredera de bienes raíces. A sus 35 años pidió dinero para comprar una cadena de joyerías, y después compró una participación en MacAndrews & Forbes Group, que eventualmente se convertiría en su compañía accionaria.

Mientras su carrera iba al alza, su vida personal iba en picada: Golding solicitó el divorcio alegando que él tenía un romance con una florista. Pidió una parte de las acciones alegando que el préstamo había sido colateral. Perelman se defendió con Roy Cohn -conocido abogado de mafiosos- y lograron llegar a un acuerdo en el que Ronald obtuvo el control.

Su nuevo amor, Cohen, también era una mujer rica; aunque ganaba cerca de 50,000 dólares al año como periodista de sociedad en televisión, vivía en un espacioso departamento en Central Park. Su padre pagaba las cuentas. En un viaje a Miami ella se quejó de que su habitación de hotel no fuera tan lujosa, así que fueron al departamento de sus padres, con vista al mar. "Esta es la segunda casa más bonita que he visto", dijo Perelman a sus suegros justo después de conocerlos.

Ambos magnates, el padre de Claudia y Ronald, pasarían mucho tiempo juntos, pues compartían el gusto por los puros y las corbatas Hermès.

Todavía con dudas sobre el matrimonio, él pidió a Claudia Cohen que firmara un acuerdo prenupcial para evitar cualquier problema con la participación de MacAndrews & Forbes. A cambio, él accedió a no inmiscuirse en sus propiedades. Robert Cohen se encargó de las negociaciones de su hija, y dijo a su futuro ex yerno que era "una mujer muy, muy rica". Su acuerdo prenupcial la valuaba en 3 millones de dólares.

La pareja se casó en 1985. En ese momento, Perelman buscaba obtener el control de Revlon. Diez meses después de su boda, el magnate logró dominar al gigante de los cosméticos, y Robert Cohen acompañó a su triunfante yerno a cerrar el trato. Después de la adquisición, Ronald se volvió multimillonario. Cohen estaba orgulloso de él, y decía que era muy poca la gente que lograba hacer su fortuna a base de deudas. Ronald Perelman no tenía idea de lo difícil que era pertenecer al negocio de la distribución de periódicos; comparado con eso, su trabajo era muy simple.

Roces con la ley

Al igual que su nuevo yerno, Robert Cohen había trabajado con su padre, Ike. También tenían raíces lituanas y sus respectivos antecesores habían llegado de niños a Estados Unidos. Comenzó su compañía como Bayonne News en 1926, y se volvió el periódico de mayor distribución en el condado de Hudson, Nueva Jersey. Robert Cohen comenzó a trabajar en la compañía en 1947. Él y su esposa, Harriet, ex pianista, tuvieron tres hijos: Claudia, apodada "panquecito", Michael y James.

Tanto Ike como Robert Cohen habían tenido roces con las autoridades federales y con una figura criminal prominente. A finales de la década de los cincuenta, las investigaciones federales analizaron a los distribuidores, incluyendo a al padre de Cohen y a un mafioso llamado Irving Bitz, ex capataz de Hudson News, y quien tenía nexos con el crimen organizado desde hacía décadas. Cuando los Linderghs abrieron negociaciones con los secuestradores de su bebé, contrataron a Bitz. Entre sus antecedentes también se incluía la posesión de estupefacientes y armas de fuego.    

En 1961, a cambio de inmunidad, Ike Cohen testificó en contra de Bitz en un caso de soborno que involucraba a jefes sindicales, pero su amistad sobrevivió. Ike murió dos años después y Bitz pasó cinco años en prisión. A finales de los setenta, los fiscales federales comenzaron a investigar a Robert Cohen en un fraude que idéntico al de su padre. Según el New York Times, los federales estaban interesados en su relación con Bitz. En 1981, Cohen se declaró culpable de 20 casos de soborno a autoridades sindicales.

"Tu crimen fue serio", dijo el juez a Cohen en una sentencia. "Fue motivada por codicia y por buscar el crecimiento de tu negocio. Si no puedes deshacerte de los líderes sindicales, no tienes valor suficiente". Robert Cohen estuvo tres años en libertad provisional, y a Bitz le tuvo peor suerte: fue secuestrado y asesinado; su cuerpo se halló en una playa de Staten Island.

Símbolos de una era

A mediados de los ochenta, para los Cohen todo parecía volver a la normalidad. Robert era libre y el negocio iba viento en popa. Claudia y su esposo pronto se volvieron símbolos de los excesos en la década de los ochenta. La revista Spy publicó los excesos de sus renovaciones en el hogar. La biografía de Perelman -"Cuando el dinero manda"- escrita por Richard Hack, describe los excesos en su casa, como un aire acondicionado que llevaba la temperatura de 90 a 78 grados Fahrenheit en 15 minutos. "Lo que quiero de un aire acondicionado es prenderlo y que esté frío al instante" Claudia gritó, según Hack.

En 1990 nació su hija Samantha. Su relación se agrió y se divorciaron en 1994. Perelman se enamoró de nuevo, de Patricia Duff, demócrata. Duff primero se rehusó a la propuesta matrimonial de Ronald, pero cedió después de embarazarse.

Aunque se había divorciado de Claudia, Ronald continuó defendiendo sus propiedades: fueron a juicio después de una de sus caras renovaciones. Después él declaró que su enojo se debía a que ella estaba saliendo con un hombre y que éste pasaba mucho tiempo con Samantha. Esa persona era el senador Alfonse D'Amato, quien se negó a hablar con Fortune. Cuando Claudia dejó de salir con D'Amato, ella y su ex esposo retomaron su amistad.

Palabras duras

El 25 de mayo de 2004, Claudia Cohen pidió a su mejor amiga, Susan Hess, que la ayudara a escribir su testamento. Le habían diagnosticado de un fuerte cáncer unos años antes que empeoraba. Quería que los Hess fueran su albacea. Para entonces, el valor de sus propiedades era de 60 millones de dólares. Su padre y Perelman la habían mantenido desde el divorcio, pues su separación supuso un acuerdo de 20 millones de dólares para ella, así como un pago anual de 1.8 millones de dólares hasta que Samantha cumpliera 18 años. El resto del dinero sería entregado a Samantha cuando cumpliera 25, 30 y 40 años.

Mientras su enfermedad empeoraba, el magnate dueño de Revlon luchó por salvarla. Juntó a los mejores investigadores y gastó millones de dólares de dólares para crear una vacuna específica, al mismo tiempo que intentaba acelerar la aprobación de las regulaciones. La tragedia perseguía a la familia: su hermano Michael murió repentinamente en 1997, la mente de su madre había cedido ante el Alzheimer y Robert había sido diagnosticado con una forma Parkinson llamado parálisis supranuclear progresiva, que afecta el movimiento ocular y termina afectando el lenguaje, el humor y el comportamiento. Como resultado del medicamento, comenzó a tener alucinaciones.

El control de la compañía pertenecía ahora a James Cohen, quien había vivido a la sombra de su padre. Logró hacer crecer el negocio en tiendas de autoservicio y librerías, e hizo que las ventas en ese sector crecieran de cero a 650 millones de dólares al año. Desde la muerte de Michael, James era el único heredero de las compañías: Claudia tenía otros activos, incluyendo seguros, bienes raíces y el jet G5 de Cohen. Al igual que su cuñado, el joven Cohen vivió mucho. Construyó una mansión estilo Tudor en Nueva Jersey, que la revista Architectural Digest escribió una crónica de la construcción y tituló el artículo así: "Windsor en el Hudson".

A pesar de la protesta de algunos protectores de sitios históricos James pagó 26.5 millones de dólares para comprar un terreno antiguo en East Hampton, donde Perelman tenía su propia  magnífica casa, de acuerdo con los papeles de la corte. Tenía un departamento de bomberos como parte de ejercicios de entrenamiento, ganando a la vez una reducción de impuestos.

En 2007, Claudia ingresó al Centro Cancerológico Memorial Sloan-Kettering. Su fin se acercaba. El 18 de mayo, un mes antes de su muerte, en su habitación privada, se suscitó una controversia: Perelman la visitó, y antes de que terminara su visita, ella lo había nombrado su nueva albacea. Mandó llamar a sus abogados, Matthew Kamens, al hospital. El abogado declaró que había eliminado a los Hess como responsables, y el nuevo documento incluía el nombre de Ronald. Ahí se estipulaba que Samantha, una adolescente en aquel entonces, recibiría el dinero de golpe y que su padre sería su fideicomisario.

El testamento incluía la firma de dos testigos: el guardaespaldas de Perelman y otro abogado. Kamens dijo que Cohen "se encontraba lúcida, aunque débil y cansada".  Hoy James Cohen cree que Perelman se aprovechó de su debilidad y así logró entrometerse en sus negocios, para posteriormente demandarlos.

Antes de que comenzara el juicio, James Cohen envió una carta explicando que el principal deseo de su hermana era que la armonía familiar no se viera afectada. La corte asignó a un responsable de supervisar a Samantha, y sabia que algunas de las condiciones bajo las que se desarrollaría la ejecución de la sentencia no serían las ideales, ya que Kamens era el abogado tanto de Claudia como de Perelman. Samantha ayudó a convencer al juez cuando declaró que estaba más cómoda sabiendo que su padre era su albacea que los Hess. En noviembre de 2007, un juzgado de tutelas cumplió el deseo la joven.

A puño limpio

En ese momento, la relación entre los Cohen y Ronald se había deteriorado. Él estaba furioso de que a menos de un mes de la muerte de su ex esposa, James Cohen había comprado su participación en una casa en Palm Beach. No sólo le pareció insensible, sino que cree que el precio que pagó fue muy bajo. El dueño de Revlon comenzó a publicar información sobre los activos de Cohen diciendo que le pertenecían a Claudia. Estaban convencidos de que alguien tenía que hacer algo, y el acuerdo fue anunciado en diciembre, pero el magnate no accedió a las negociaciones sino hasta febrero, cuando los abogados se tambalearon ante los comunicados de prensa.

En febrero, los asesores de Perelman accedieron a tomar las armas cuando se percataron de que el abogado del tribunal, Ted Wells, había discutido con los Cohen. Wells envió a los Cohen una carta dándoles a conocer las amenazas del ex esposo de Claudia si no cumplían con lo que él pedía. Wells pidió que se garantizara que Samantha recibiría una cantidad del mismo valor actual de un tercio de los intereses del Grupo Hudson. "Esta cantidad se le había prometido a Claudia Cohen", redactó.

Los peores miedos de los Cohen se habían materializado. Parecía ser que Ronald estaba afilando sus navajas, y ellos también se prepararon para la guerra.

Historia familiar

Perelman demandó en varias ocasiones a los Cohen por múltiples razones. También demandó a James Cohen alegando que había realizado transferencias fraudulentas de su padre. Pero el caso más sonado fue el de "Los bienes de Claudia Cohen contra Robert y James Cohen", presentado en abril de 2008 en Nueva Jersey. Se alegaba que varios años atrás, Robert Cohen había prometido a su hija (nunca por escrito) que le dejaría la mitad de sus activos y los de su esposa. Lo que ella nunca supo es que James Cohen había estado ingeniando tomar el control total de Hudson, y pensaba garantizar que sólo los bienes menos significativos fueran a Samantha.

En junio de 2008, la demanda tuvo lugar, aunque el juez advirtió a Ronald que las promesas orales no eran obligatorias en Nueva Jersey a menos que fueran hechas antes del 1 de septiembre de 1978, cuando fue aprobada una ley que regulaba este aspecto. Los Cohen contraatacaron y en septiembre de 2008, el abogado de Robert Cohen presentó una declaración jurada en la que Cohen negaba haber prometido algo a su hija. Perelman, según la declaración, había creído que esto había ocurrido, pero no fue así, y Cohen juró que pasaría el resto de su vida defendiéndose de dicha demanda.

Cohen necesitaría mucha energía para los meses siguientes. Su nieta, Samantha, envió una declaración jurada a la corte alegando que su abuelo ni siquiera era capaz de haber escrito su propia declaración. Todo empeoraba muy rápido.

"Dejen de conmover mi corazón"

La juez Ellen Koblitz, en su pequeña oficina, era con frecuencia la encargada de pedir a los abogados que dejaran de gritar. Mientras se aproximaba el juicio, se fotocopiaron los testamentos de los Cohen y otros documentos, que revisados por Fortune, mostraban millones de dólares en activos, incluyendo joyería, bienes raíces y participación en corporativos que pertenecían a Claudia y a Samantha, y cuyo cambio de propiedad fue hecho en 2007 por Robert Cohen para beneficiar a otros nietos. Los abogados de Perelman alegan que estos cambios fueron planeados por el hermano de Claudia en vísperas de su muerte.

La gente cercana a los Cohen decía que Robert movía sus activos de forma más equilibrada entre sus nietos, y que los cambios mostraban la gran riqueza del padre de Samantha. Esta gente afirmaba que los cambios fueron hechos por Robert, y no por James Cohen. "Nadie le dice a Robert qué hacer", dijo Frank Huttle, abogado del hijo de Cohen. Cuando el caso entró en vigor en la primavera de 2009, la juez Koblitz se mostró escéptica ante la declaración de Perelman que sostenía que una de los seis nietos de Robert debía recibir la mitad de su dinero. "La nieta de 18 años, con un padre increíblemente rico, debería recibir la misma cantidad que James, de una generación anterior. ¿Eso es lo que quieres decir?" Sí, lo era.   

Cuando el abogado de Ronald intentó sugerir que la única víctima era Samantha, quien había perdido a su madre y después su tío había querido robarla, la juez Koblitz dijo que Samantha no podía compararse con la tragedia de un hombre moribundo que estaba siendo demandado por el ex esposa de su hija. "Dejen de conmover mi corazón", pidió.

El equipo de Perelman continuó, y exigió que Cohen fuera declarado incompetente. Revisaron sus antecedentes médicos y lo sometieron a horas y horas de exámenes para que la juez le asignara un guardián que supervisara el juicio. En otras palabras, el magnate quería proteger a Cohen de sus propios abogados. Se pidió que Robert fuera a la corte para que la juez pudiera ver por sí misma su condición, petición rechazada por motivos de salud.

La corte aceptó dos días de testimonios del padre de Claudia, y a pregunta expresa de su abogado, Gold, Cohen respondió que nunca había prometido nada. Respondió "sí" cuando se le preguntó que quería transferir la mayoría de sus bienes a James, y dijo que no deseaba un guardián y que sí requería la defensa de su abogado. Cuando se le preguntó lo que opinaba de su yerno, su respuesta fue casi incomprensible.

"Objeción", dijo Martin Flumenbaum, abogado de Perelman, "no se entienden sus palabras, no es justo".

"No ha lugar", dijo la juez, pidiendo a la terapeuta de lenguaje que continuara. La terapista dudó: "tal vez dijo ‘idiota'".

¿Qué hay de Samantha Perelman, por quien se lucha esta batalla? Samantha declaró que ella pretendía defender el legado y las propiedades de su madre, pero no parecía preparada para declarar. Después de un año de pleitos no podía identificar a sus propios abogados en la corte, excepto al abogado de MacAndrews y Forbes. Admitió que no había conocido a su abogado sino hasta antes de su declaración. La juez estaba impresionada del hecho, aunque los abogados de Claudia alegaron que en muchas ocasiones no era necesario que hubiera ese contacto con los abogados.

Perelman no lo hizo mucho mejor cuando se le cuestionó sobre los abogados de Cohen. Su equipo legal había sugerido que su testimonio sería clave, pero que lo mejor que podía ofrecer era contar sobre la conversación que tuvo con Claudia, en la que le dijo que la intención de su padre siempre fue dividir sus bienes de forma equitativa. Las decisiones de la juez Koblitz cayeron como bombas para el equipo legal de Perelman. En junio declaró a Robert Cohen "competente", rechazando la solicitud de un guardián para él. Después, dijo que el padre de Claudia no le había prometido nada a su hija antes del 1 de septiembre de 1978, y que no podía luchar por una promesa de oídas.

Después, la juez descartó el resto de las demandas de Perelman. El multimillonario había querido ganarle a un anciano y había perdido todo lo que invirtió. Aún así, ninguna de las partes está dispuesta a dejar de luchar. Están esperando escuchar del chantaje sistematizado contra James Cohen, para que una corte federal le dé seguimiento. Mientras tanto, los Cohen quieren vengarse. Contra-demandaron por un préstamo de 10 millones de dólares que Robert hizo a Claudia.  

Perelman declaró que ha usado millones de dólares de su esposa para financiar una campaña contra los Cohen, quienes quieren que se examine si es su ex esposa quien ha estado patrocinando su cruzada. En declaraciones para Fortune, Samantha Perelman defendió el litigio. "Amo a mi familia, y esta demanda es para defender a sus miembros inocentes, sobre todo a mi difunta madre, y de ninguna forma enriquece a mi padre".

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Es imposible saber lo que Claudia pensaría de este suceso, pero tenemos una idea cómo lo haría del panorama en general. Su ahora inválido testamento, escrito por ella misma una mañana de primavera del 2004, reza así:

"Pido que mi ex esposo Ronald deje a mi hija visitar libremente a mis padres y a mi hermano, James. Estas relaciones son EXTREMADAMENTE importantes para mí y quiero que se conserven, y espero que Ronald entienda y facilite esto". Fue la única palabra que escribió en mayúsculas en todo el documento, y lo único que pidió a Perelman.

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