1978: Gruma internacionaliza la tortilla

El entorno económico mexicano llevó a Gruma a utilizar su tecnología en EU y Costa Rica; su ingreso al país centroamericano permitió a la empresa la producción masiva de tortillas.
tortilla bicentenario  (Foto: Cortesía Gruma)
Alicia Ortiz, Anayantzin Romero y Catalina Díaz
DICIEMBRE DE 1978 -

Grupo Maseca (Gruma) desarrolló una máquina capaz de producir 600 tortillas por minuto. Se trata de la Tortec t-600. Un salto tecnológico que transforma un proceso artesanal y cotidiano ritual: la elaboración manual, o con máquinas de baja capacidad, de tortillas para autoconsumo, en un proceso mecanizado. Al fin, será aprovechado en México.

En la década de los 50, Gruma había dado muestras de innovación. Introdujo al mercado la harina de maíz nixtamalizado bajo la marca Maseca, que tiene la ventaja de su fácil conservación y que simplifica la elaboración de masa, con sólo agregar agua a la harina. Manuel Rubio llegó a Gruma en 1965, y es el hombre detrás del diseño de la Tortec-600.

La fabricante de harina de maíz lleva años dedicada a incorporar la tecnología mexicana (con diseño y patentes propios) a las máquinas que se producen en la planta estadounidense.

Sin embargo, el rígido control de precios vigente de las tortillas y su materia prima, el maíz, hicieron incosteable la utilización de la Tortec t-600 en el país. Los precios al consumidor aumentaron 21.4% en 1971, de acuerdo con el informe anual del Banco de México.

La inflación internacional y la escasez de alimentos por acaparamiento ha provocado la especulación, lo que complica la operación de las empresas agropecuarias. Además, el presidente Luis Echeverría impulsa una política económica más participativa por parte del gobierno en la economía, lo que ha elevado el déficit público. Tan sólo en el año 1971, éste pasó de representar 2.5% de la economía a 4.9%.

Eso, aunado a la crisis petrolera mundial, complica el escenario para Gruma.

Ante la difícil situación económica, la compañía decidió trasladar la operación de la máquina Tortec t-600 a una planta en Estados Unidos, en El Monte, California. EU restringe la importación de tecnología mexicana, por lo que Grupo Maseca adquirió la empresa Electra Food Machinery.

Con ese as bajo la manga, la firma de Roberto González Barrera despertó el interés de José María Figueres, presidente de Costa Rica.

El mandatario tenía una preocupación: conseguir una empresa capaz de desarrollar el mercado del maíz en su país.
Gruma tenía un problema: el rígido control de precios de las tortillas impedía aprovechar una máquina que, por primera vez, producía ese alimento a gran escala. El presidente Echeverría contribuyó con la intromisión perfecta: habló a Figueres de la firma mexicana.

El resultado fue el inicio de la internacionalización de la fabricante de harina de maíz que encabeza Roberto González Barrera. De no actuar, el gobierno de Costa Rica estimaba que en un par de lustros más la población habría estado acostumbrada a consumir sólo trigo, lo que haría a ese país dependiente de las importaciones de ese grano.

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El reto de Gruma fue tramitar permisos de importación, desarrollar la infraestructura adecuada para cubrir las rutas de distribución que permitieran llegar a todos los supermercados y ‘pulperías' (como se conoce a las pequeñas tiendas de abarrotes) y, sobre todo, diseñar estrategias para conquistar el gusto de una clientela que abandonó el consumo de maíz para privilegiar el de trigo.

Costa Rica, a través de Derivados del Maíz Alimenticio (Demasa), fue la pionera en la industrialización del grano. Oportunidad que la rigurosa política de control de precios le negó a México, por varios años. Finalmente, Gruma logró su sueño de producir de forma masiva el insumo básico del país: las tortillas.

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