El paradigma de la riqueza

Muchas empresas aún no practican la responsabilidad social, dice el CEO de Banco Compartamos; la generación de riqueza no se contrapone con el desarrollo social, indica Fernando Álvarez.
Fernando-Álvarez  (Foto: Alfredo Pelcastre/Mondaphoto)
Fernando Álvarez*

Durante años, la palabra ‘empresa' suscitaba en la mente de los individuos la idea de una institución cuyo fin último, independiente de su actividad, era generar riqueza para los inversionistas y, en consecuencia, para la sociedad.

En el último cuarto del siglo XX aparecieron diferentes entes productivos que no podían ser etiquetados como empresas, pero tampoco como organizaciones no gubernamentales.

Aunque muchos tuvieron su origen en ONG o en proyectos sociales, la figura les quedó corta para los alcances de su tarea.

¿Es acaso posible la existencia de una empresa que genere dividendos para sus inversionistas al tiempo que resuelva alguna necesidad social?

La respuesta es sí, y gracias a la caída de muchos paradigmas hoy existen empresas con esas características, conocidas como double bottom line enterprises (DBL).

Se trata de instituciones que atienden necesidades de la población sin dejar de producir ganancias. ¿Cómo se compaginan ambas tareas? El secreto estriba en crear modelos de negocios eficientes y poco convencionales.

Las mejores compañías son las que ‘escuchan' a sus clientes y estas double bottom line enterprises no son la excepción.

A pesar de los grandes esfuerzos financieros que individuos e instituciones han hecho para solucionar los problemas mundiales (alimentación, salud, educación, protección de los animales, etc.), los recursos son limitados, y las ONG que tienen como estandarte estas banderas deben luchar para conseguir un pedazo de este limitado pastel.

En este contexto, no siempre obtiene los recursos la mejor organización, sino aquella que mejor ‘vendió' su causa o que mejor se relacionó para tal fin.

Si en épocas de bonanza económica era difícil para estas instituciones conseguir recursos, en tiempos de ‘vacas flacas' más de una desaparecía sin importar qué tan buena o trascendente era su causa. Desgraciadamente, justo en estos tiempos es cuando más escasean estos apoyos.

En la primera mitad de este siglo, C. K. Prahalad publicó su famoso libro La base de la pirámide. En él, enuncia que hay más de 4,000 millones de personas con diferentes necesidades insatisfechas y que más que ser una carga para la sociedad, son una oportunidad de negocio.

Recuerdo un artículo publicado en la revista Expansión en el que mencionaban cómo grandes empresas de consumo se percataron de que los sectores populares no sólo estaban al tanto de que había marcas destinadas a sectores más altos de la población, sino que las exigían y estaban dispuestos a pagar por ellas.

La única diferencia era que ellos no podían pagar presentaciones de gran volumen (como las que ofrecen en clubes de precio). ¿Por qué discriminar su acceso a productos y servicios que pueden incidir para bien en sus vidas? Nadie sabe manejar y valorar más el dinero que quienes tienen poco acceso a él.

Adiós a ‘Papá Gobierno'

Es de resaltar que este tipo de razonamientos se oponen radicalmente a ideas proteccionistas y paternalistas de ciertos sectores. Según este viejo paradigma, el individuo es incapaz y necesita de subvenciones y apoyos infinitos para subsistir.

Como ocurre con el mundo de la filantropía, por muchos recursos que haya en un Estado, éstos serán finitos y por tanto se diluirán entre el amplio mundo de beneficiarios de los programas sociales.

Por el contrario, hay quienes piensa que cada persona tiene la creatividad y la capacidad para salir adelante por sí misma y que lo único que necesitan para hacerlo es un pequeño ‘empujón'.

Un ejemplo reciente. El pasado julio, SKS, la microfinanciera más grande de India, realizó su OPI, recaudando más de 300 millones de dólares (mdd).

Vinod Khosla, uno de los fundadores de Sun Microsystems y accionista de SKS, anunció que invertiría sus ganancias de esta transacción (poco más de 170 mdd) en la creación de empresas sociales o double bottom enterprises.

"No hay dinero suficiente en el mundo que pueda ser donado para enriquecer a los pobres", declaró el 5 de octubre a The New York Times.

La cantidad de empresas que se necesitan son tan grandes como el mercado mismo. Esta población tiene necesidades que incluyen el ámbito financiero, la salud, la educación, el deporte, el ocio, etcétera. Otros beneficios de un modelo de negocio de este tipo son los siguientes:

  • Creación de riqueza para clientes e inversionistas. No hay que equivocarse, estas instituciones pueden y deben brindar retornos aceptables para los inversionistas. Al tiempo que los incentivarán a seguir invirtiendo, beneficiarán a la sociedad.
  • Un flujo de recursos continuo y adecuado a las necesidades de este sector.
  • Procesos, prácticas y políticas. Como todas las demás empresas serán reguladas por las autoridades correspondientes, contribuirán con la riqueza del Estado pagando impuestos, serán transparentes y deberán obedecer principios de ética y gobernabilidad.
  • Tendrán beneficios no cuantitativos. Precisamente por atacar necesidades de la base de la pirámide, estas compañías muchas veces atienden a grupos o sectores poco favorecidos (como las mujeres en el caso de las microfinanzas). El empoderamiento, la autoestima y el reconocimiento a su dignidad no pueden ser cuantificados ciertamente, pero son invaluables para la sociedad.

Los primeros pasos se han dado. Aunque grandes empresarios como Khosla, Bill Gates y Warren Buffett están comprometidos a fomentar este tipo de industrias fondeándolas con recursos obtenidos de compañías exitosas tradicionales, creo que el siguiente paso será cuando éstas surjan como las demás empresas: por medio de grupos de empresarios, universidades, incubadoras y emprendedores.

Falta aún, en muchos lugares del mundo, crear las condiciones y la regulación adecuadas para su buen funcionamiento.

Eso sí, debido al tipo de público que atienden, es fundamental que se apeguen a códigos éticos y sociales que aseguren su buen funcionamiento. Hay mucho camino andado, pero, desgraciadamente, su alcance aún es limitado y la sociedad espera.

*El autor es director general de Banco Compartamos.

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