Tu equipo puede ser todo un ‘Einstein’

Desarrollar el IQ de grupo potencia el desempeño más allá del rendimiento individual ordinario; contar con un equipo diverso y sensible puede traer más ideas y grandes beneficios empresariales.
trabajo equipo  (Foto: Photos to go)

En el ambiente laboral un equipo inteligente es capaz de tener un rendimiento superior al de la mayoría de sus integrantes más experimentados, pues trabaja de manera sincronizada, aprovecha sus diferencias y genera una mayor cantidad de ideas, de acuerdo con Karsten Jonsen, de la escuela de negocios IMD. Sin embargo, ese IQ grupal debe cultivarse.

En un artículo publicado por la revista ExpansiónCEO en septiembre de 2011, el investigador define el IQ grupal como la capacidad de un grupo de individuos para abordar y manejar situaciones complejas y no rutinarias.

Jonsen aclara que la inteligencia individual tiene poco que ver con la grupal. En ese sentido, explica, la inteligencia individual es la habilidad de la persona para el pensamieno abstracto, el razonamiento, el aprendizaje, la planeación y la solución rápida de problemas.

Por otra parte, la inteligencia grupal no es el promedio de la de sus integrantes, pues el desempeño de los grupos inteligentes puede ser superior al de sus miembros.

Es bien sabido que para que cualquier equipo funcione correctamente debe enfocarse en su estructura, procesos, liderazgo y contexto organizacional; pero existen otras premisas que elevarán su IQ.

De acuerdo con algunas investigaciones, comenta el catedrático, herramientas como la diversidad, la sensibilidad social y la participación derivan en una mayor inteligencia grupal.

En cuanto al tema de la diversidad, la proporción de mujeres en un equipo es importante, pues ellas utilizan estilos de de comunicación más sociales. Los estudios sobre cuotas de género o raciales aseguran que se requiere un mínimo de 20 o 30% de una minoría para cambiar la dinámica de funcionamiento grupal.

En cuanto a la participación, designar turnos para hablar es vital, pues de acuerdo con Karsten, las personas con poder, sobre todo los hombres, hablan e interrumpen más, y si el director no alienta a compartir pensamientos o ideas, la minoría dominante tiende a monopolizar la conversación.

La sensibilidad social es quizás la característica más importante y se refiere a la capacidad para decodificar señales no verbales y descifrar las emociones de otros. Un ejemplo es reconocer una expresión facial diciendo "No estoy de acuerdo con esto" y reaccionar en consecuencia.

Los equipos virtuales

El IQ del equipo puede prosperar mejor o igualmente bien en entornos virtuales, asegura el académico del IMD.

Por supuesto, el lenguaje corporal y expresiones faciales son más difíciles de interpretar, dependiendo de la riqueza de los medios empleados para juntas virtuales y otras formas de comunicación dentro del equipo. En ese sentido, la sensibilidad social exige mayor intuición.

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No obstante, en un entorno virtual las señales de estatus son menos visibles y la apariencia física se neutraliza, por lo tanto el mérito vence al carisma. Esto propicia que los participantes florezcan a partir de logros y habilidades.

Es común, concluye Karsten, que no se maximice el potencial de los equipos diversos. El objetivo es identificar competencias para aprovechar las diferencias, en vez de solamente tolerarlas, señala.

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