Wimbledon, identidad británica en el deporte del tenis

El evento deportivo de quince días es el más viejo del tenis y uno de los más populares en todo el mundo
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James Montague
Autor: James Montague
(Reuters) -

Los próximos 15 días, Gran Bretaña es anfitriona de un evento deportivo que se las arregla para combinar cada estereotipo concebible asociado con el país: la lluvia, la realeza y el heroico fracaso británico.

Wimbledon sigue el Jubileo de Diamante de la Reina, donde los británicos, con la bandera en la mano, estuvieron parados en la lluvia mientras la monarca cruzaba en un barco el Támesis, y un día después de la salida del equipo de futbol de Inglaterra de un torneo internacional; como tantas otras veces en penales, después de la derrota contra Italia en la Euro 2012.

Desde su creación en 1877, el All England Law Tennis y Croquet Club en un pequeño y afluente suburbio del suroeste de Londres que le da al evento su nombre, ha presidido el torneo, el más viejo y más grande en el circuito del tenis, que se ha vuelto más que un simple evento en el calendario de los grand slams.

Las imágenes pintorescas y tradiciones del campeonato; de los recogepelotas reglamentados, ollas de fresas con crema, filas de fanáticos con buenos modales amablemente pidiendo boletos, jugadores haciendo reverencias si la Reina asiste, se han vuelto tan ubicuas como el tenis.

Los jugadores extranjeros como Novak Djokovic no se cansan de la historia del torneo.

“Lo grandioso sobre Wimbledon que realmente aprecio es la tradición que ha sido respetada y protegida por más de 130 años”, dijo el campeón Djokovic el domingo en su página de Facebook.

“Seguimos vistiendo ropa blanca durante el torneo, ¡y el campeón defensor siempre juega a la 1 p.m. en lunes!”.

Y para las millones de personas que verán Wimbledon en todo el mundo; y está estimado que la audiencia global de televisión podría llegar a ser de 500 millones, el torneo también refuerza lo que muchos consideran como británico.

“Tiene un aspecto parecido a David Niven en lo que se refiere a los estándares de comportamiento que fueron aceptados… al menos durante el tiempo de Niven [en la década de 1950]”, explica el profesor Ellis Cashmore, un académico y comentador social cuyos más recientes trabajos explican si Gran Bretaña está perdiendo la civilidad por la que es famosa.

“Todavía se refieren a las ‘damas’ en el tablero de resultados (hasta hace poco) en lugar de nombres cristianos; los jugadores tienen que vestir de blanco, y el árbitro, viste la chamarra del club.

“Así que hay un poco de identidad británica antigua… y debemos olvidar la convención sagrada de que los británicos nunca ganan. Bueno, no desde 1977, y no en un futuro previsible”.

Marca británica

Desde esa victoria para Virginia Wade hace 35 años; y tienes que regresar a 1936 y a Fred Perry para encontrar un campeón británico varón, la historia de Wimbledon ha sido uno de los grandes fracasos para sus anfitriones. Sin embargo, el poder de la marca Wimbledon para formar lo que el mundo piensa de Gran Bretaña permanece.

“Wimbledon es una marca global; es internacionalmente reconocido en una forma en que el Abierto de Estados Unidos y de Francia anhelan”, explica Cashmore.

“En términos de alcance, Wimbledon se acerca a la Liga Premier [inglesa] en un segundo lugar. El nombre en sí resuena como un trueno. No hay ningún lugar en el mundo donde puedas decir ‘Wimbledon’ y las personas no sepan de qué hablas”.

“Es como la BBC: un emblema de Gran Bretaña que inspira respeto y admiración en todos lados.

“Pero los emblemas no son necesariamente reflejos precisos de la realidad, son representaciones, imágenes o símbolos de un ideal; un lugar perfecto donde las personas visten sombreros, comen fresas frescas con su champagne y se codean con la realeza”.

Para comentaristas sociales como Peter York, autor del famoso Slone Ranger Handbook, Wimbledon representa un tipo de “identidad británica” que ya no existe: una llena de imperios gloriosos que son abrumadoramente blancos, afluentes y todavía centrados alrededor de Londres y el sureste de Inglaterra.

“Wimbledon ligeramente confirma que el tenis en todo el mundo es un juego de clase media jugado en una forma muy restringida con una audiencia muy restringida. La gente no entra en ningún fervor. Eso es para otros deportes proletarios.

“Es un deporte de clase media a dondequiera que vayas… ya es agradable (y) refuerza la imagen británica, no la crea. Es definitivamente algo muy sureño (en Gran Bretaña), un suburbio muy sureño. Es un suburbio victoriano con un personaje social particular”.

Cashmore está de acuerdo en que Wimbledon sólo refleja un muy pequeño aspecto de la sociedad británica, y uno que todavía fracasa al reflejar el personaje multicultural del país que lo rodea.

“(Wimbledon representa) sólo uno de los muchos tipos de identidad británica”, dice.

“El futbol, boxeo y atletismo representan otro tipo de identidad británica, una en la que los competidores son negros, asiáticos, blancos, y que vienen de todo tipo de clases.

“Si Wimbledon va a ser ridiculizado, es porque parece remoto y aislado de este tipo de identidad británica”.

¿La última esperanza británica?

Si Gran Bretaña sobrevivirá a sí mismo en los próximos años es otra pregunta. Este año la esperanza del país anfitrión de nuevo recae en los hombros de Andy Murray. También representará a Gran Bretaña en los Olímpicos de Londres en este verano.

Sin embargo, Murray también es escocés y Escocia votará sobre la cuestión de independencia en verano de 2014. La única esperanza viable para la victoria del país en el futuro previsible es jugar bajo una bandera diferente en 2015.

Tanta es la confusión sobre identidad nacional, un debate centrado en el conflicto entre la identidad británica y sobre las naciones de Inglaterra, Gales, Escocia e Irlanda del norte, sin mencionar las influencias de culturas fuera del reino, que el Primer Ministro, David Cameron, ha hablado sobre la necesidad de ser más muscular en promover una idea de lo que la identidad británica realmente es.

Este verano tiene muchas oportunidades de hacer eso después del Jubileo de Diamante de la Reina, ahora con Wimbledon y el próximo mes en los Olímpicos. Pero quizá como la poeta y autora Bonnie Greer recientemente dijo: “No sé qué significa ser británica y creo que es algo positivo.

“Gran Bretaña es el tipo adecuado de plantilla para el siglo XXI en que es un estado multinacional que no está en guerra, que no está desgarrándose, y que en realidad está mostrando al mundo cómo funcionar”.

Es esa versión de Gran Bretaña, hay mucho espacio para un evento como Wimbledon.

“Wimbledon sigue siendo especial”, afirma Cashmore.

“No existe una concepción unificada y única de la identidad británica que es buena para cualquier época.

“Wimbledon encarna una imagen. Es la idea de nadie de todas las cosas británicas”.

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