Un futbolista renuncia a la canchas para poder reconocer su homosexualidad

Marcus Urban, un futbolista alemán dejó su promisoria carrera para "ser libre" y dejar de esconder que es gay
marcus urban jugador gay
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Tom McGowan
Autor: Tom McGowan
(Reuters) -

Cuatro paredes, una cama y un tazón para los desechos. Si la prisión representa el confinamiento físico y la pérdida de todas las libertades individuales, ¿cómo se siente el aprisionamiento de la mente?

"Es insoportable", de acuerdo con Marcus Urban, un futbolista alemán que renunció a la profesión que había elegido —su primer amor— a causa de la homofobia.

En un deporte famoso por el comportamiento machista en la cancha y por los cánticos homofóbicos en la tribuna, Urban combatía una vergüenza inefable.

Urban era talentoso y prometedor; durante su juventud jugó al lado de futuras celebridades de la selección nacional alemana como Robert Enke, Bernd Schneider y Thomas Linke.

"Jugar futbol básicamente significa gozar la vida", dijo Urban a CNN. "Nunca dejé de jugar futbol. Siempre fue mi primer amor y lo será siempre".

Sin embargo, como ocurre con muchos primeros amores, Urban lo dejó con un dolor casi insoportable.

El joven centrocampista nació y creció en Alemania del Este en las décadas de 1970 y 1980, en los días anteriores a la reunificación con Alemania Occidental en 1990; soñaba con representar a su país, pero vivía una agotadora doble vida.

En la superficie era una celebridad del futbol en ascenso, pero en el interior era un hombre que estaba aceptando su homosexualidad. "Me escondía 24 horas al día, me adaptaba", explicó Urban, quien estaba aterrorizado de que lo "descubrieran" en un deporte en el que hasta el día de hoy solo hay un jugador abiertamente homosexual en Europa.

"Era un dolor casi insoportable, un gran sacrificio, un doloroso precio qué pagar para lograr mi objetivo de ser futbolista profesional. Constantemente escuchaba que se usaba la palabra gay para maldecir, como equivalente a "basura", lo que me hacía pensar: 'Claro que soy basura'. Invertía el 50% de mi energía tratando de esconderme, así que sólo tenía un máximo de 50% de energía para el futbol. No era justo".

"No podía dejar de pensar: 'No puedo seguir así, no quiero. ¿Qué está pasando?' No había quién me ayudara".

El romance de Urban con el futbol comenzó en 1978, cuando se unió al club Motor Weimar de Alemania Oriental a los siete años, antes de cambiarse al Rot-Weiss Erfurt en 1984.

Entrenaba dos veces al día con su nuevo equipo y parecía capaz de cumplir su ambición de jugar para la selección nacional alemana al ganar un campeonato juvenil con el Rot-Weiss en 1985.

Su reputación crecía y lo convocaron a la selección juvenil de Alemania Oriental en 1986. Urban jugó más de 100 partidos con el equipo mayor del Rot-Weiss en la segunda división alemana.

Sin embargo, en vez de que esto marcara su ascenso a la cima del futbol alemán, la temporada que Urban pasó en Efrurt demostró ser el pináculo de una carrera que se truncó a causa del miedo, la inseguridad y el odio a sí mismo.

"Para cuando tenía unos 20 años estaba agotado", dijo.

"Me di cuenta de que si me volvía futbolista profesional, sufriría como hombre. Elegí la libertad en vez de construir una prisión".

"El talento no es suficiente. Necesitas tener voluntad, condición física, buena suerte y una mentalidad sólida. Pero, ¿qué pasa si te escondes las 24 horas del día porque eres gay?".

"El miedo y el dolor me robaban la energía porque estaba pensando constantemente en qué decir, en cómo actuar para que la gente pensara que era heterosexual".

Cuando se hizo evidente que estaba en el ocaso de su carrera deportiva, Urban finalmente reunió el valor para abrirse ante uno de sus compañeros después de su cambio al equipo SC 1903 Weimar en 1991.

"Le dije a un solo jugador en Weimar, al final de mi carrera y precisamente por esa razón", dijo Urban. "Le pareció interesante que fuera gay, yo era uno de sus mejores amigos en el equipo".

En comparación con otros sectores de la sociedad, las estadísticas muestran que hay pocos jugadores abiertamente homosexuales en el futbol profesional. El exseleccionado estadounidense, Robbie Rogers, anunció que es gay el mismo día en que se retiró del deporte, mientras que Anton Hysen, quien juega en Suecia, es actualmente el único jugador abiertamente gay de Europa.

El mundo debe saber la verdad

La trágica historia de Justin Fashanu es el relato de la última ocasión en que un jugador de primera división fue tan honesto.

El inglés se suicidó en 1998 a los 37 años, tan solo ocho años después  de anunciar que era gay. Se volvió el primer jugador negro en ganar un millón de libras esterlinas cuando jugaba para el Nottingham Forest en 1981.

Durante un discurso en un foro deportivo que se celebró en Berlín en diciembre, la canciller alemana, Angela Merkel, urgió a los jugadores gay a sentir confianza de "salir del clóset".

Sus comentarios siguieron a un artículo publicado en una revista alemana en la que un jugador gay anónimo de la Bundesliga dijo que la razón por la que no había anunciado su sexualidad era el temor a la atención adicional de los medios.

El jugador del FC St. Pauli, equipo de la segunda división alemana, se puso en el frente de la batalla que el futbol libra contra la homofobia durante un partido contra el Paderborn.

Los aficionados del club —que anteriormente presidía Corny Littman, quien es abiertamente gay— organizaron una protesta en contra de la discriminación y llevaban carteles coloridos y un banderín en el que se leía: "El futbol es todo… incluso gay".

El basquetbolista Jason Collins recientemente hizo historia al volverse el primer jugador de la NBA abiertamente gay, mientras que la liga estadounidense de hockey (NHL) ha sido aplaudida por sus labores contra la homofobia.

A quince años del suicidio de Fashanu, cuando otros deportes como el rugby y el basquetbol están sentando precedentes y se reporta que la NFL está más cerca que nunca de contar con un jugador homosexual, ¿el futbol está listo para tener un jugador gay de alto perfil?

"¿Por qué no?", respondió Urban. "Es una gran oportunidad para que el mundo del futbol demuestre que está listo. Las asociaciones y los clubes pueden presentarse como 'amigables con los gays'. Así, los seguirán los jugadores, los árbitros, los entrenadores y muchas personas más".

"Los efectos de las revelaciones de los futbolistas gay trascenderán al futbol".

Después de años de tormento y reserva, la revelación de Urban demostró ser un punto de inflexión. Con renovada confianza, pudo llevar una vida lejos de la cancha de futbol.

Urban contó su historia en el libro Hidden Player: The story of a gay footballer (El jugador oculto, la historia de un futbolista gay). Además de ser una especie de entrenador para la vida, asesora a organizaciones —entre ellas asociaciones de futbol— sobre temas de diversidad e integración.

"Estaba muy contento de por fin ser yo mismo y finalmente supe para qué sirvieron los años de tormento", explicó. "Con la energía y el impulso de la liberación salí adelante, a la ofensiva".

"Trabajo como entrenador personal y consultor sobre diversidad. Trabajo para organizaciones y les ayudo a apreciar las dimensiones de edad, raza, género, religión y hasta tendencias sexuales".

Con una amplia experiencia en el tema de las "revelaciones", Urban está en una posición privilegiada para ofrecer consejo a cualquier jugador que se encuentre en una situación similar a la que él vivió hace dos décadas.

Cómo conseguir el apoyo para hablar

De acuerdo con Urban, el exjugador de la selección galesa de rugby, Gareth Thomas —quien en 2009 reveló al mundo que era gay— es el ejemplo perfecto a seguir.

"Él actuó en etapas", dijo Urban, haciendo referencia a Thomas. "Primero le dijo a su esposa. Luego le dijo a su entrenador y a dos jugadores. Después de cada paso, recibió retroalimentación positiva. Todos le dijeron que seguía siendo la misma persona. Esto le permitió fortalecer su autoestima hasta que fue lo suficientemente fuerte como para revelarlo públicamente. Entonces recibió retroalimentación excepcionalmente positiva".

Una celebridad del futbol abiertamente gay sería un punto de inflexión no solo para el deporte, declara Urban, sino para la sociedad en su conjunto.

Urban señala que el futbol llega a lugares en los que se ha demostrado que es difícil cambiar las actitudes ante la homosexualidad.

"El futbol es la única forma de abordar este tema de forma integral", dijo. "Muchas personas ven por televisión a los futbolistas y los consideran ejemplos a seguir. Si las estrellas del mundo del futbol aceptaran su homosexualidad, los jóvenes cuestionarían la conducta agresiva y machista".

"El resultado sería un cambio social que trascendería al futbol".

Urban ahora se siente cómodo con su sexualidad, pero no es inmune a los insultos homófobos que a veces escucha en las conversaciones.

"Maricón, marica, todas las formas negativas de llamar a una persona gay", responde Urban cuando se le pregunta cuáles insultos ha escuchado. "Constantemente me afectaban los insultos. Aunque no me los dirijan a mí, me inquieta, aún hoy".

"Sin embargo, actualmente tengo mayor autoestima y confianza, veo la homofobia desde la perspectiva de un entrenador personal y consultor sobre diversidad. A veces también tengo que reírme de ello, porque es estúpido y ridículo".

La autoestima y la confianza han ayudado a que sanen las heridas que el primer amor de Urban, el futbol, le infligió.

Una vez más está enamorado del deporte, juega con equipos que dan la bienvenida a los gays en todo el mundo. Tal vez no jugará en el Mundial con la selección alemana, pero Urban está de vuelta en la cancha y esta vez, lleva la frente muy en alto.

"En realidad quería jugar con la selección varonil", reflexionó Urban. "Me hace feliz haber aprendido algo de mis experiencias".

"Durante años no pude jugar futbol en el estadio. Veía el pasto y no soportaba ser un espectador en vez de estar abajo jugando en la cancha. Me arrepentí, estaba triste y enojado".

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"Cuando confesé me sentí mucho más confiado. Jugué futbol en la universidad, en un equipo compuesto principalmente por jugadores gay y jugábamos contra equipos gay de París, Londres, Nueva York o Washington. Actualmente juego para un club en Hamburgo, todos me aceptan y mis compañeros están orgullosos de mí, creo. Es una gran experiencia jugar futbol y sentirme libre, es felicidad pura".

"Ciertamente hay vidas más aburridas que la mía".

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