Los rarámuris, una comunidad que forja el atletismo desde el vientre

Su vida en la Sierra Tarahumara y las condiciones climáticas han desarrollado a una generación de atletas exitosos en el mundo
Autor: Verónica Díaz Favela | Otra fuente: CNNMéxico

Cada cierto tiempo, indígenas rarámuris dejan su vida en la Sierra Tarahumara de Chihuahua para montarse en algún avión que los llevará a participar en maratones y ultramartones internacionales, a menudo, con resultados destacados.

Su lema es "Resistencia y gran corazón; Tarahumara en acción".

Esta frase explica por qué los indígenas de esta región se han destacado como corredores de alta resistencia, dice el promotor de corredores rarámuris, Jesús José Cervantes, El profe Chepe.

Entre sus logros más destacados está el primero y segundo lugar conseguidos por Silvino Cubézare y Aurelio González en el ultramaratón celebrado en Costa Rica en noviembre del 2012; el primero y segundo lugar del ultramaratón de Los Ángeles en 1990 y el segundo y tercer lugar de una carrera en Austria en 2005.

En opinión de Cervantes, la resistencia de los rarámuris está ligada a la vida que llevan las madres de este grupo indígena asentado en el estado de Chihuahua.

“Muchos no se han puesto a pensar en esto, es una madre activa, en movimiento, cuida chivas, lava, trae agua, atiende al marido de sol a sol y todo lo hace con el niño en el vientre”, dice Cervantes.

“El niño desde que nace tiene que enderezarse y aprender a caminar y valerse por él mismo y resistir el frío, el agua, el hambre”, añade.

Un maratonista debe tener capacidad para dormir poco, resistir todo tipo de temperaturas y mantener una alimentación adecuada, dice.

Los rarámuris no comen harinas y rara vez toman refrescos, según Cervantes, quien dispuso una casa en la ciudad de Chihuahua donde recibe a los rarámuris.

Él coordina un grupo de corredores indígenas de alto rendimiento formado por 20 hombres de entre 18 y 50 años y seis mujeres de entre 25 y 30 años. El grupo asiste a todo tipo de carreras, nacionales e internacionales, siempre y cuando tengan recursos para ir.

“Es muy caro traerlos de la sierra a la ciudad, cuesta alrededor de unos 700 pesos el pasaje de ida y vuelta, más el alimento”, dice Cervantes. Cada carrera en la que participan implica búsqueda de recursos para traslados, alimentos y hospedaje.

Debido a la falta de recursos, los rarámuris no participarán en el Maratón de la Ciudad de México que se celebra este domingo, de acuerdo con Cervantes.

La fama que han ganado los rarámuris ha logrado que eventualmente reciban invitaciones de organizadores de maratones. En esas ocasionss se hospedan en hoteles de cinco estrellas, aunque en otras tienen que dormir en el suelo de salones que les prestan. "Estamos impuestos a todo", dice Cervantes.

Su fama como corredores también llevó a la empresa Nike a incluir su imagen en el lanzamiento de un nuevo calzado deportivo.

El gobierno del Estado apoya a los indígenas con trámites y la cuota de los pasaportes cuando viajan a otros países, dice el promotor. Para financiarse, siempre que pueden, los corredores rarámuris hacen presentaciones de baile, música y deportes tradicionales, como el tiro con arco y la lucha tarahumara.

Este trabajo es independiente de su vida cotidiana, que se divide entre la época que pasan en la sierra, donde cuidan a sus chivos y siembran y la época de la pizca en sembradíos donde trabajan como jornaleros de cinco de la mañana a seis de la tarde.

Cuando están en la sierra participan en la carrera de bola, un deporte considerado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. A través de esta competencia ellos mismos detectan quiénes tienen más talento y resistencia para correr, cuenta Cervantes.

El coordinador del gobierno estatal de la Tarahumara, José Luis García Naranjo, explica que aproximadamente cada mes varias de las 7,000 comunidades indígenas de la región se organizan para enfrentarse en la carrera de bola. Cada comunidad tiene entre 20 y 40 casas.

La competencia consiste en impulsar una pelota con los pies descalzos o con huaraches para llevarla desde aproximadamente una altura de 45 metros sobre el nivel del mar hasta 2,500 metros, durante un periodo de 20 horas o más. Cuando llega la noche, niños y mujeres con antorchas siguen a los equipos formados por 10 personas (más 12 suplentes) para alumbrar el camino.

El premio son cortes de tela, vestidos, blusas, cintos, animales y el propio honor de la comunidad. “Se puede decir que es su forma de entrenar”, según Cervantes.

La vida de los rarámuris es compleja aunque eventualmente se exagera su situación, dice García Naranjo.

Recuerda que en 2012 se esparció el falso rumor de que los tarahumaras se estaban suicidando por que no tenían alimentos.

La región sufrió una extensa sequía que obligó a las autoridades locales y federales a distribuir alimentos en las comunidades tarahumaras, pero nunca ocurrieron suicidios, dice García Naranjo.

Actualmente la situación es distinta: “Está la sierra, que si usted la viera, se enamora... cascadas, lluvia, lagos, lagunas, maíz”.

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Ese es el paisaje que dejan para participar en las carreras. A los corredores rarámuris les gusta subirse a los aviones, conocer otras ciudades, interactuar con otras culturas, dormir en hoteles, según Cervantes.

“Les gusta salir de su entorno –dice– pero también regresar”.

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