Sin pasto, sin zapatos, sin balón. El futbol que da placer al África rural

Los habitantes de las zonas rurales del continente encuentran en el deporte la alegría de sus días, según un trabajo fotográfico
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Autor: James Masters
(Reuters) -

Un niño toma un condón.

Lo infla lentamente, cada respiro medido meticulosamente mientras la creación comienza a tomar forma.

Toma algo de plástico y la envuelve cuidadosamente alrededor del condón, lo que asegura que no será perforado antes de utilizar pedazos de neumáticos triturados y una cuerda vieja para atar alrededor de la esfera que tiene una forma extraña.

Esto es el futbol, al estilo rural africano.

Sin pasto, sin zapatos, solo un machete en la mano para cincelar las espinas que se quedan atoradas en los pies de los jugadores.

Bienvenido a Chicome, una pequeña villa en Mozambique, ubicada a 150 kilómetros del camino golpeado y a ocho horas en automóvil a través de la selva.

Chicome existe sin electricidad o agua potable; en su lugar vive de tres cosas: agricultura, familia y futbol.

“Tener menos es interesante porque nos hace ver las cosas en una forma diferente”, dijo a CNN la famosa fotógrafa internacional Jessica Hilltout.

“Lo que sé es que todos dicen lo mismo, ¿cómo las personas pueden estar tan contentas?

“La felicidad es un estado de la mente. Ves a personas con tantas cosas que están enterradas en sus pertenencias y agobiadas por su apego a las posesiones.

“Aquellos que tienen menos también tienen menos preocupaciones y se enfocan más en lo que es esencial”.

El futbol es lo que mantiene viva a la villa. Cada tarde se lleva a cabo un partido entre el ruido y un carnaval de color.

A las 16:00 horas, todos los días, el silbato suena en señal del comienzo del partido mientras las personas llegan de todos lados de la selva a la cancha.

“Fue un momento de magia”, dijo Hilltout. “Olvidan las penurias del día y las personas simplemente se divierten. No solo por los jugadores sino por los aficionados, las esposas, fue un verdadero deleite.

“Fue un verdadero partido africano. Pies descalzos, se metían las espinas, las cortaban con machetes, vestidos de forma individual. Fue fantástico”.

Hilltout está bien calificada para explicar las actitudes y el papel del futbol en la sociedad africana rural después del éxito del proyecto “Amén”.

En el Volkswagen Beetle de su padre, Hilltout viajó por toda África, al documentar en cada toma cuán crucial es el futbol para la supervivencia de aquellos que luchan contra todo pronóstico.

“No fue fácil al comienzo. Me sentaba en mi tienda, llorando, ¿por qué hago esto?”, recordó.

“Odiaba el futbol. Es un mundo tan masculino, luego hay tan pocas mujeres blancas, y todos me veían.

“Con tiempo en el terreno aprendí que lo mejor para mí era establecerme en un área en la que sintiera una buena vibra. Quería utilizar mis sentidos, sentir, hablar con las personas, hacer amigos, ver las canchas y pasar tiempo con las personas para explicar el proyecto y ganar su confianza.

“Las personas sospechan porque las personas blancas toman fotografías y ganan dinero por esto. Tenía que romper eso. Creo que las personas vieron que ponía amor en mis registros que vieron que no eran un proyecto comercial”.

“Vieron que cuando dejaba de escribir sus nombres y ponía algunas citas memorables había algo más que eso”.

Hilltout no es extraña a África. Su recorrido por Madagascar en 2007 agudizó el apetito por algo que se adentraba mucho más en las vidas diarias de aquellos que vivían en un continente tan vasto y enriquecedor.

Fue mientras pasaba Navidad con su padre en Sudáfrica hace cinco años que nació la idea de un proyecto de futbol.

“Amo África y mi padre ama el futbol. Hizo el diseño del libro y yo tomé las fotografías e hice el viaje”, dijo.

“No soy una aficionada del futbol en lo absoluto. Veo el Mundial, pero realmente no soy una gran aficionada.

En mis viajes a través de África, a menudo vi algunos balones hechos a mano que creí que eran hermosos y simbólicos de tanto. Pero creí que había algo maravilloso sobre mostrar cómo es la vida en África a través del futbol.

“Quería hacer un estudio del futbol en su sentido más puro, sin todos los patrocinadores corporativos, la televisión y las cosas que vienen con esto.

“Quería mostrar que las personas jugaban solo por el puro placer”.

Hilltout pasó nueve meses a través de África, visitando Lesoto, Malawi y Sudáfrica en su primer viaje antes de visitar Ghana, Costa de Marfil, Burkina Faso, Níger, Togo y Benín.

“Cada vez que me detuve en algún lado, encontré a alguien que podía hablar el dialecto e inglés o francés y eran mi vínculo con la población. Quería divertirme”, dijo.

En Kumasi, Ghana, otra historia se volvió realidad a través del lente.

“Estoy bien, estoy bien”, dijo Sani Pollux, entrenador del famoso equipo Anokye Stars.

Pollux, un hombre tranquilo y humilde, entrenó a los niños desde que tenía 14 años y fue responsable de desenterrar a algunos de los jugadores más talentosos de Ghana.

El club, que está conformado de 150 niños, tiene equipos en varios grupos de edad y sobrevive al vender a jugadores a equipos más grandes.

Jugadores de la talla de Sulley Muntari del Milan, el exdelantero del Leeds, Tony Yeboah, y el mediocampista internacional Isaac Boakye pasaron por el equipo Anokye Stars.

Niños de todo el país viajan para asistir a las pruebas, ya que Pollux evalúa si “estos jóvenes bailarines en el polvo” están a la altura, de acuerdo con Hilltout.

“Los niños cuidan de Sani, y él cuida de ellos”, dijo. “Vive en una casa de 10 metros cuadrados, en el viejo vecindario Suame.

“En el techo hay una antena parabólica gigante con todos los canales de deportes. La sala es el centro de esta casa. Aquí escuchan este radio masivo anticuado, comen y ven futbol.

“El lugar es un desastre organizado con balones colgando, viejas fotografías de jóvenes exitosos, zapatos viejos, copas, trofeos y un ventilador en el techo que está peligrosamente bajo”.

El proyecto generó reacción de todo el mundo con miles de personas que donaron equipo viejo y nuevo, mientras que Adidas también contribuyó.

“Va más allá de las expectativas”, dijo.

“Siempre me atrajo el mundo de la imagen. Asistí a fotógrafos para asegurarme de lo que realmente quería hacer. Viajé en una Land Rover de Bruselas a Mongolia y después a África cuando era más joven.

“Realmente formó mi manera de ver el mundo. Quería ver lo imperfecto, lo banal y todas las cosas sencillas en la vida de las que a veces nos olvidamos.

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“Para cualquiera, sin importar su pasión, cuando le das a un proyecto todo lo que tienes y te impulsas un poco más allá, siempre ocurre una especie de magia”.

Amén a eso.

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