Silencio y lágrimas despiden al América y reciben al León, nuevo monarca

Los monarcas del futbol mexicano dejaron en silencio al inmueble más grande de México, que esperaba ver a su equipo bicampeón
Autor: Javier Rodríguez Labastida | Otra fuente: CNNMéxico

La noche negra del América este domingo en el Estadio Azteca fue el broche de oro de un León ofensivo e invencible que ahora ostenta el título de campeón.

Las Águilas perdieron su primer partido de la temporada como locales y lo hicieron en el duelo decisivo en el que buscaban el bicampeonato.

Ni un estadio lleno y ‘vestido’ de amarillo, ni los gritos de la afición, ni el apoyo del nuevo piloto de Force India, Sergio Pérez, pudieron cambiar la suerte del América que quedó echada desde el duelo de ida en el Nou Camp, cuando perdieron 2-0.

Como en la final ante Cruz Azul, el Azteca se hizo escuchar desde antes de que empezara el partido con gritos a favor de su equipo, sin embargo, el delantero leonés Mauro Boselli calló rápidamente las decenas de miles de voces que se ahogaban al grito de “Vamos, América”.

Apenas iban 12 minutos y el panorama que de por sí era oscuro para las Águilas que estaban obligadas a meter tres goles, se complicó con otro en contra.

El estadio calló. Por más de 20 minutos no parecía que en el inmueble hubieran más de 100,000 aficionados y en varias ocasiones se pudo escuchar el “olé” de los seguidores de León que apenas ocupaban una esquina en la parte superior del inmueble.

El grito de esperanza de la afición llegaría al minuto 43, tras una jugada de Rubens Sambueza que terminaría en la portería esmeralda gracias al desvío de la defensa. Un autogol ponía al América otra vez a dos goles de extender el juego a tiempos extra y buscar la hazaña que les dio el campeonato seis meses atrás.

Terminó el primer tiempo y las Águilas comenzaron el segundo tiempo con nuevos bríos. Una jugada de Raúl Jiménez que desvió el arquero William Yarbrough impulsó de nuevo a la afición que coreaba una y otra vez “Sí se puede, sí se puede”.

Pero nuevamente el León, la mejor ofensiva de la liguilla, que cerró con 17 anotaciones en seis partidos, calló al Estadio Azteca.

Ahora fue Juan Ignacio González que remató un cabezazo tras un tiro de esquina por la banda izquierda y mandó el balón al fondo. El campeonato estaba sentenciado.

Dos minutos después, las constantes quejas de los americanistas y su técnico por supuestas faltas derivó en un jalón desesperado de Francisco Javier El Maza Rodríguez sobre Matías Britos, quien ya enfilaba solo para enfrentar al portero Moisés Muñoz.

El árbitro expulsó al Maza y el América estaba obligado a ir por cinco anotaciones con 10 hombres, cuando quedaban 35 minutos por delante.

El América no dejó de presionar a pesar de los goles y generó varias jugadas de peligro, pero ninguna entró y el rostro de los aficionados pasó de esperanza a frustración.

El llanto en algunos de los aficionados llegó tras el tercer gol al minuto 73, cuando un contragolpe del León terminó en los pies de Erwin Hernández, quien no perdonó y sentenció los números finales del juego.

“Aún somos campeones, aún somos campeones”, gritó un aficionado que coreaba con sus amigos “Vamos, América”, mientras pedía a decenas de personas que comenzaban a abandonar el estadio que no se fueran.

La noche negra de las Águilas se redondeó con la expulsión del técnico Miguel Herrera, quien dirigió su último partido antes de tomar las riendas de la Selección Mexicana para el Mundial de Brasil 2014.

El Piojo no pudo terminar el último partido con el equipo que hizo campeón en un año y medio y llevó a una segunda final consecutiva.

Sin embargo, los aficionados lo acompañaron mientras caminaba a los vestidores con el grito de “olé, olé, olé, olé, Piojo, Piojo”.

El América no pudo hacer más en los minutos restantes y León se conformó en defender su ventaja.

El árbitro silbó y a pesar de los aficionados que despidieron al excampeón con aplausos y gritos de “Águilas, Águilas”, el futbol mexicano comenzaba los honores para un nuevo campeón.

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Rafael Márquez, cuatro veces campeón de la Liga Española con el Barcelona, uno de los mejores equipos del mundo, y una vez ganador de la Liga de Campeones de Europa, levantó a sus 34 años por primera vez una copa como campeón del futbol mexicano.

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