Fabio Cannavaro: el jugador callejero que se volvió una leyenda del futbol

El exdefensa de la selección italiana habla sobre sus orígenes en el soccer, su apogeo y el retiro que lo llevó a las canchas de Dubai
fabio cannavaro  fabio cannavaro
Autor: Matthew Ponsford y Layla Maghribi
(Reuters) -

"Cuando ganas el Mundial, comienzas a convertirte en una leyenda; para las personas alrededor del mundo, eres diferente”.

Para Fabio Cannvaro, este estatus legendario fue duramente ganado.

Con 1.76 metros de estatura, no fue construido para ser el mejor defensa del mundo. Y ciertamente nunca esperó ser nombrado el mejor jugador del mundo.

“Estoy muy orgulloso porque, toda mi vida, trabajé muy duro para ser un futbolista”, dice el ganador del Mundial 2006 con Italia a la serie Human to Hero de CNN.

"No era como Cristiano Ronaldo, Messi; con muchas cualidades, con muchas habilidades”.

Al tomar la capitanía nacional de Paolo Maldini en 2002, se suponía que nunca iba a eclipsar a su ilustre predecesor, un hombre que se convirtió en la encarnación de la grandeza defensiva.

Como napolitano; considerado como un intruso sueño por muchos en las tierras industriales y futbolísticas del norte, Cannavaro era un héroe improbable para unir al país.

Pero las bases fueron sentadas en las calles de Fuorigrotta, un vecindario de clase trabajadora en el límite occidental de Nápoles, donde el joven Cannavaro aprendió que necesitaba jugar duro e inteligentemente; al desarrollar su posicionamiento, atletismo y un salto impresionante, para superar a mayores oponentes.

Era el scugnizzo por excelencia; un niño de la calle sonriente, que pasaba sus días jugando futbol en la calle, “entre automóviles, en todos lados”.

"Todos los días mis padres decían, ‘ah, es mejor que vayas a la escuela, es muy importante para tu futuro’”, recuerda el exfutbolista de 40 años. “Pero dentro de mí, decía: ‘Creo que la forma correcta es seguir al futbol’”.

Al levantar el trofeo del Mundial en el Olympiastadion de Berlín hace ocho años, su convicción rindió frutos.

La defensa azzurri solo permitió dos goles en todo el torneo; igualando el récord establecido en 1998 por el oponente final de esa noche, Francia, y peleó tenazmente durante un partido rudimentario que se empató 1-1 al final de los 90 minutos.

Sus actuaciones impregnables le ganaron el apodo “Muro di Berlino”; el Muro de Berlín.

Vistiendo su entonces sonrisa de oreja a oreja y corte de pelo de niño, Cannavaro raramente se veía como un hombre con el destino de una nación en sus hombros.

Su actitud relajada es típica de los napolitanos (cuando los reporteros le preguntaban cuál era el secreto de sus actuaciones fuertes, contestaba: “Comer bien, dormir mucho y tener sexo”), y lo diferenció de su contraparte francesa volátil Zinedie Zidane; quien dejaría la cancha en tiempo extra después de arremeter con un cabezazo infame.

Y cuando el capitán Cannavaro estaba calmado, sus compañeros también: el trabajo era “muy fácil”, dice, debido a la inteligencia y profesionalismo de aquellos a su alrededor.

A veces, incluida la parte de la final, no hacían que pareciera fácil, ya que trabajaban más allá del tiempo normal de juego, pero el profesionalismo era lo que mandaba en el desempate.

Italia había salido de tres de los cuatro Mundiales previos por perder en penales (perdiendo contra Brasil en 1994 en la otra final del torneo que se decidió en penales) pero esta vez dio un paso adelante y anotó todas las cinco oportunidades desde su lugar.

Le tomó un viaje de cuatro horas de regreso al estadio Circus Maximus de Roma; “un lugar donde los viejos gladiadores celebran”, para darse cuenta de que todo ahora cambiaría.

La vista de más de 150,000 italianos emocionados en la arena; y muchos más de fiesta afuera, no dejó dudas.

"Para nosotros fue algo increíble; más de dos millones de personas en las calles”, recuerda Cannavaro, quien de niño vio el triunfo previo de Italia en un Mundial en televisión en 1982.

"Entendimos que hicimos algo; ‘¡wow!’, entendimos que somos campeones mundiales.

"Ahora no solo somos jugadores normales”.

Trofeos y tribulaciones

Cinco días después de las celebraciones, la Juventus, el club de Cannavaro en esa época, fue expulsado de la primera división italiana por su papel en el escándalo de arreglo de partidos Calciopoli de la Serie A, y pronto estaba de salida.

"Mi equipo era increíble. Recuerdo que estaba con Zlatan Ibrahimovic, Alessandro del Piero, David Trezeguet, Lilian Thuram, Gianlugi Buffon; nueve jugadores en este equipo (que jugaron) en la final del Mundial”.

"Pero lo del Calciopoli destruyó todo”.

"Al final… decidimos cambiarnos. Algunos jugadores decidieron quedarse ahí pero yo me fui al Real Madrid con Fabio Capello, el entrenador”.

Sería el comienzo de un periodo turbulento para él, que culminó en otro Mundial; el cuarto de Cannavaro, esta vez, no fue tan agradable.

Con 32 años, su récord en el futbol de clubes en ese punto consistía en actuaciones elogiadas pero poco que mostrar. Los dos scudetti que ganó en dos temporadas previas con la Juventus habían sido despojados, y lo único que quedaba eran las victorias de la Copa UEFA y la Coppa Italia con el Parma, que vino entre periodos estériles en el Napoli y el Inter de Milan.

Con el Madrid, ganó títulos consecutivos en La Liga en sus primeros dos años, tomando la playera número cinco que anteriormente portó Zidane.

Cannavaro también comenzó a recibir premios individuales. Se convirtió en el tercer defensa en ganar el Balón de Oro; el entonces principal premio individual de Europa, usualmente tomado por jugadores creativos o delanteros que robaban la atención, al vencer a jugadores como Zidane y Ronaldinho.

Dice que el nuevo reconocimiento de su talento era abrumador:

"Recuerdo que cada semana, algunos tipos me llamaban y me decían: ‘Ah necesitas venir a París, necesitas venir a Madrid, necesitas recibir el trofeo…’”.

Cuando, el mismo año, se llevó a casa el título de Jugador del Año del Mundo de la FIFA, un recorrido enfático se completó.

"Cuando gané ambos, todos decían, ‘¡está bien, es el mejor!’ así que estaba muy feliz por el segundo trofeo”, dice mientras ríe.

Pero las cosas no permanecieron tan brillantes. Un regreso infeliz a la Juventus seguido de una tercera temporada en el Madrid, donde los aficionados en Turín se negaron a perdonar la salida previa de un jugador que adoptaron como suyo. Una prueba de drogas fallida en 2009; por la que después fue absuelto de toda culpa, se añadió a la tensión y después de dos temporadas sin títulos, estaba en camino a la salida.

Todavía como capitán nacional, superó a Maldini para convertirse en el jugador de Italia con más apariciones internacionales en agosto de 2009, con 127 apariciones (un récord que desde entonces superó su amigo y compañero del Mundial, Gianlugi Buffon). Pero, con 35 años, comenzaba a ser más lento y las lesiones en la rodilla se volvieron comunes.

Al estar en la banca con una lesión en el tobillo mientras Italia perdía en los cuartos de final en la Euro 2008, reapareció para un Mundial desastroso en 2010, donde los campeones defensores partieron a casa muy pronto, al no ganar ningún partido, en un grupo que comprendía naciones futboleras menores como Paraguay, Eslovaquia y Nueva Zelandia. Se retiró del futbol internacional a su regreso.

Después de un Mundial que lo hizo una estrella global, el siguiente marcó el final de su carrera jugando en el mayor nivel.

Sueños de Nápoles y Dubai

Sentándose en el Estadio Al-Rashad entre los rascacielos de vidrio de Dubai y yates de mucho dinero, Cannavaro ahora cuenta con un corte de cabello negro que podría hacerlo irreconocible en comparación del defensa sin cabello que levantó el trofeo en 2006; si no fuera por su inconfundible sonrisa amplia.

Los alrededores pródigos no fueron su primera elección.

Antes de unirse al equipo de la Liga de Futbol de Emiratos Árabes Unidos, Al-Ahli, donde ahora es entrenador asistente, intentó diseñar un movimiento de regreso al Napoli, donde hizo su debut casi dos décadas antes, y donde podría reunirse con su hermano menor Paolo, quien también es un defensa.

Era donde fue más feliz; al pasar de ser un recoge balones a un jugador regular del primer equipo en el club de su niñez.

"Cuando comencé a jugar en 1993 con mi equipo, estaba impactado porque era un aficionado del Napoli: crecí toda mi vida con una camiseta del Napoli como mi segunda piel y, para mí, estar cerca de estos jugadores era increíble. Decía, ‘¿qué hago aquí?’”.

Una historia famosa recuerda a un joven Cannavaro entrenando junto al mayor héroe del Napoli, Diego Maradona, y dando una dura entrada. Los entrenadores aparentemente no estaban nada impresionados, pero la leyenda argentina lo instó a mantener la pasión.

Incluso sobre las luminarias defensoras de su nación; Maldini, Franco Baresi y el resto, Cannavaro califica a Maradona, quien llevó a Argentina a la gloria del Mundial en 1986 antes de unirse al Napoli, como una inspiración de toda su carrera.

"Maradona, creo, no es un futbolista sino algo diferente. Era increíble”, dice Cannavaro.

Cuando el deseo de regresar a su hogar fracasó, fue momento de “intentar algo diferente”, al mudarse al Al Ahli primero como jugador en una transferencia libre después del Mundial de 2010, y después uniéndose al equipo de entrenadores el año siguiente después de que lesiones en la rodilla forzaran su retiro.

Para un jugador cuya carrera se definió por disciplina, trabajo duro y la inteligencia táctica, el movimiento a ser entrenador fue sencillo, y su nombramiento coincidió con un repunte en las fortunas del equipo de Dubai. También aprendió a hablar inglés.

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"Cuando llegué, el equipo era muy, muy malo. Ahora después de tres años con mi presidente, cambiamos el equipo”, dice, al reflexionar sobre una temporada 2014 que ha visto al club llevarse los honores de la Liga del Golfo Árabe, la Supercopa y la Copa de Liga de Emiratos Árabes Unidos. “Estamos muy orgullosos del trabajo que hicimos”.

Su contrato con Al Ahli termina en junio y el futuro es, por el momento, indefinido; aunque recientemente señaló su ambición de regresar a Italia una vez que gané sus insignias de entrenamiento de la UEFA.

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