La violencia en el futbol egipcio, un problema de raíces revolucionarias

Para los aficionados, el incidente del domingo 8 de febrero en un estadio de Egipto tiene tintes de represión política
Decenas de muertos en partido de futbol en Egipto
Autor: James Montague | Otra fuente: 1

Nota del editor: James Montague es autor del libro When Friday Comes: Football, War and Revolution in the Middle East. Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente al autor.

(CNN) — Otro día de partido, otra morgue llena de cadáveres; otra multitud de madres destruidas por el dolor que lloran por el alma de sus hijos muertos.

El futbol nunca debería ser asunto de supervivencia, nunca debería ser asunto de contar ataúdes; sin embargo, la noche del domingo 8 de febrero fue una noche sombría más en Egipto. Mataron a unos 20 aficionados del Zamalek afuera del Estadio de la Defensa Aérea en El Cairo antes de un duelo con el ENPPI por el liderato.

Las autoridades egipcias anunciaron que habían muerto 19 personas. Los aficionados del Zamalek publicaron fotos de los cadáveres en las redes sociales.

Se había creado un tapón afuera de la estrecha entrada (que parecía más una jaula cubierta de alambre de púas) por la que se esperaba que pasaran los miles de aficionados. Mientras los espectadores trataban de abrirse paso a empujones, llegó la policía antimotines y empezó a arrojar gases lacrimógenos hacia la multitud.

Antes de que los cadáveres se enfriaran, ya habían empezado a repartirse las culpas. Mortada Mansour, el presidente del Zamalek, culpó de inmediato a Ultras White Knights (UWK, la organización de aficionados del equipo) y absolvió a la policía de toda responsabilidad.

El Ministerio del Interior de Egipto también culpó a los aficionados en un comunicado: "Saltaron la cerca. Las fuerzas de seguridad trataron de dispersarlos, los aficionados huyeron hacia el camino principal y obstruyeron el tránsito; detuvieron al autobús en el que viajaba el equipo Zamalek".

"Incendiaron un vehículo de la Policía. Nos reportaron muertos por una estampida".

Claro que hemos escuchado esto antes y la semántica es importante. ¿Mataron a los jóvenes (porque siempre se trata de jóvenes)? ¿Fue un motín? ¿Fue violencia pura y simple? ¿Fue un accidente o fue asesinato?

La revolución contra el régimen

Para entender la importancia de esto hay que remontarse a la revolución de Egipto, hasta el 25 de enero de 2011.

En ese entonces, el régimen Hosni Mubarak parecía impenetrable. Mubarak había encabezado un brutal Estado-policía durante décadas y había neutralizado a casi toda la oposición. Pero cuando la profunda inconformidad por la situación del país y la falta de libertades estalló en la plaza Tahrir, tres grupos ocuparon el frente: los activistas, la Hermandad Musulmana y, sorprendentemente, los ultras del futbol egipcio.

Los ultras son grupos de aficionados organizados que siguen celosamente a su equipo. Tienen una mentalidad antiautoritaria e independiente e ignoran a la prensa oficial que los considera hooligans adictos a la violencia.

Pero la verdad era más compleja. En 2007 conocí a los fundadores del Ahlawy, el grupo de ultras del Al Ahly (el equipo más importante de Egipto y el principal rival del Zamalek). Lo que empezó como una manifestación de apoyo a un equipo, con pendones estilo europeo y canciones sobre Mohamed Aboutrika, el mejor jugador de su historia, se volvió, para las autoridades, algo mucho más peligroso.

Durante años, los aficionados del Al Ahly fueron blanco de ataques de la policía cuando trataban de ver jugar a su equipo favorito. Pero los ultras, que habían adquirido cierto anonimato en las enormes gradas del Estadio Internacional de El Cairo gracias a que eran muchos, contraatacaron.

"No solo se trataba de apoyar a un equipo: luchabas contra un sistema y contra el país como un todo", me dijo uno de los fundadores de Al Ahly en 2011. "Luchamos contra la policía, luchamos contra el gobierno, luchamos por nuestros derechos… esto era algo nuevo, una especie de semilla que se sembró cuatro años después".

Cuando estalló la revolución, los ultras estaban en el frente de batalla. Eran los únicos grupos que tenían experiencia enfrentándose a la policía. Los dos equipos han sido rivales desde hace tiempo, pero, por un breve instante, los aficionados del Ahly y los del Zamalek (así como los partidarios de otros grupos de ultras) unieron fuerzas en la plaza Tahrir y en otras ciudades de Egipto.

En esos breves instantes de libertad del Egipto posrevolucionario, se veneraba a los ultras por ser protectores de la revolución. Pero, conforme las autoridades fueron recobrando el poder, la historia cambió.

El 1º de febrero de 2012, murieron 72 miembros de Ahlawy durante un partido contra el Al Masry, en Port Said. Al principio, las autoridades dijeron que había sido vandalismo, violencia entre dos grupos de aficionados, nada más y nada menos.

Pero pronto se supo que esto no podía estar más alejado de la verdad. El testimonio ambulante televisado de un aficionado que estuvo allí hizo que la opinión pública se pusiera del lado del Ahlawy.

El Ahlawy siempre sostuvo que el Estado había orquestado el incidente, que había sido el asesinato político de un grupo que había adquirido demasiado poder. Sin embargo se hizo justicia, al menos temporalmente. La liga se suspendió y el Ahlawy hizo plantones en los estadios para evitar que la liga se reanudara hasta que se hiciera justicia.

La tragedia de Port Said demostró que las protestas podían suscitar el cambio. Pero esto es algo nuevo en Egipto. El presidente democráticamente electo, Mohamed Morsi, quedó depuesto tras un golpe de Estado y lo sustituyó el general Abdel Fattah al Sisi. En las protestas han matado a tiros a cientos de partidarios de la Hermandad Musulmana.

Los activistas como Shaima el Sabbagh han muerto mientras se manifiestan pacíficamente. Los grupos que encabezaron la revolución desde el frente están perdiendo poco a poco su posición.

La imagen del domingo en la noche que se quedará conmigo es la de un video que se publicó en YouTube, en el que se ve a un agente de policía disparando latas de gases lacrimógenos hacia la multitud reunida afuera del estadio. La muchedumbre está tan apiñada que está claro que nadie puede escapar. Esa es la clase de brutalidad despreocupada de la Policía contra los manifestantes que viví antes de la revolución.

Pero aquí no se compara con Mubarak, con la revolución ni con lo ocurrido en Port Said.

Los estadios violentos

En el Estadio Hillsboroug, en Sheffield, Inglaterra, 96 aficionados del Liverpool murieron aplastados al principio de un partido en 1989. De inmediato se estableció la historia: los aficionados estaban borrachos; se agolparon en los torniquetes, robaron las pertenencias de los muertos. La policía y los periódicos como The Sun mancillaron la reputación de las víctimas.

Desde hace 25 años, los familiares han peleado para que se haga justicia. El veredicto de que la muerte de los aficionados había sido accidental se revocó y se está llevando a cabo una investigación pericial para determinar cómo murieron las 96 víctimas.

Tal vez nunca sepamos qué ocurrió en realidad el domingo por la noche. El presidente del Zamalek, un firme partidario del presidente al Sisi, ya dijo que los Ultras White Knights son una organización terrorista.

"No son aficionados, son criminales", dijo Mansour en una entrevista que dio en enero al diario británico The Guardian."Usan bombas, municiones y balines para escopetas… La semana pasada me arrojaron ácido… pero sigo porque es parte de la lucha de la nación contra el terrorismo". Resultó que el ácido era orina humana. Varios ultras terminaron en prisión por el incidente.

Las autoridades anunciaron que perseguirían y arrestarían a los líderes de los UWK. Los UWK declararon que el incidente del domingo había sido "una masacre deliberada". La ficción y la realidad se funden perfectamente después de los caóticos acontecimientos.

Lo que queda claro es que la liga se volvió a suspender indefinidamente y que los funerales de las víctimas se celebrarán en las próximas horas.

Mientras tanto, Egipto está contando a los muertos una vez más. Esto está lejos de la esperanza y el optimismo que tuve la suerte de vivir en la plaza Tahrir en 2011. Como escribió alguna vez George Bernard Shaw, "las revoluciones nunca han aligerado la carga de la tiranía, solo la han cambiado de hombro".

¿Qué pasó con el partido que intentaban ver los aficionados que murieron? Siguió adelante. Terminó 1-1.

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