¿Cómo era la prisión de máxima seguridad donde vivió Aaron Hernandez?

El exjugador de la NFL se suicidó en una cárcel de alta tecnología de Massachusetts.
Una vida en prisión para Aaron Hernández
(Reuters) -

Nota del editor: Esta nota fue publicada en 2015 cuando el exjugador de los Patriotas Aaron Hernandez fue declarado culpable de homicidio. Este miércoles Hernandez se suicidó en su celda donde cumplía una pena de cadena perpetua.

La vida en prisión no será agradable para Aaron Hernandez, el jugador de la NFL que fue condenado a cadena perpetua sin posibilidad de obtener libertad condicional, tras ser encontrado culpable por el homicidio en primer grado de Odin Lloyd. 

Después de que los oficiales de la correccional lo evalúen, será llevado a la prisión de máxima seguridad de Massachusetts, una de las cárceles de más alta tecnología en Estados Unidos con cero reportes de fugas: el Centro Correccional Souza-Baranowski en Shirley, a unos 64 kilómetros de Boston. 

Lee: Aaron Hernandez condenado a cadena perpetua

Se le llama Souza por pequeña y es la prisión más nueva del estado, aunque abrió en 1998, cuenta con 366 cámaras que graban las 24 horas del día y tienen un cable con detección de microondas en el perímetro de este inmueble. 

"No sé la fecha, pero él vendrá aquí. Esta es la facilidad de máxima seguridad", dijo Darren Duarte, el vocero del Departamento de Correccionales. 

Los representantes legales de quienes estan en esta cárcel la describen como estéril y violenta al mismo tiempo. Su demografía diversa incluye a los jóvenes y a los viejos, muchos de los cuales están ahí de por vida. Uno de los principales problemas es que los opiáceos son contrabandeados en su interior. 

Limpia pero peligrosa

"Se ve brillante, limpia y muy estéril", dice Leslie Walker, directora ejecutiva de Servicios Legales para los Prisioneros de Massachusetts, quien ha visitado la prisión de Souza cada seis semanas por los últimos 15 años y sirve a los prisioneros indigentes que están ahí. 

Pero añade: "Es una prisión muy peligrosa que está experimentando una inundación de opiáceos en este momento". 

Los oficiales dicen que Hernandez, de 25 años, será procesado en la correccional de máxima seguridad Instituto-Cedar Junction en Walpole, Massachusetts, a pocos kilómetros del estadio Gillette, donde una vez jugó bajo un contrato de cinco años de 40 millones de dólares (alrededor de 600 millones de pesos) para los Patriotas de Nueva Inglaterra. 

El sistema carcelario debe determinar en qué zona de Souza colocar inicialmente a Hernandez: confinamiento solitario, el bloque menos peligroso pero aún restrictivo, con la población en general, una sección especial para aquellos que pasan por cadenas perpetuas; o la zona de la cocina para quienes trabajan en esta área de la cárcel. 

"En este momento, hasta que terminemos de procesarlo, no lo sé", dijo Duarte cuando se le preguntó sobre dónde colocará a Hernandez. "Por ahora será tratado como un interno normal una vez que pase por la puerta". 

Un helicóptero lo sigue en la prisión 

Hernandez fue enviado inmediatamente para ser procesado en MCI Cedar Junction, una vez que fue sentenciado. Un helicóptero de una cadena de noticias lo siguió mientras fue transferido. 

Los oficiales están preocupados por su seguridad y sobre si sus enemigos, pandillas o presos que busquen generar titulares tratarán de lastimar a quien será el prisionero más famoso de Souza, 

Lee: ¿De qué se le acusaba a Aaron Hernandez?

"Puede haber presos con problemas que podrían ir tras él", dijo Walker. "Entonces tendremos que separarlo, y va a ser un reto para los oficiales y tal vez para él", dice Walker. 

"La buena noticia es que el superintendente de Souza-Baranowski es muy inteligente, cuidadoso y un ser humano decente, quien estoy seguro que hará todo lo posible por mantener a Hernandez a salvo", dice Walker. 

Ese superintendente, Osvaldo Vidal, no pudo ser contactado de inmediato para comentarios. 

¿Buscadores de autógrafos?

Por su estatus de celebridad Aaron Hernandez se la podrá pasar firmando autógrafos para otros presos e incluso guardias, dice Larry Levine, un expresidiario que pasó 10 años en prisiones de máxima y mínima seguridad.

"Habrá muchas personas que lo traten como un animal, pero habrá quienes quieran su autógrafo y lo tratarán como a una estrella", dice Levine, quien fundó el servicio de consultoría Wall Street Prison, que aconseja a quienes están por ser trasladados a prisión. 

A largo plazo no importará mucho en qué sección esté Aaron Hernandez. Cerca del 90% de los presos en estas cárceles de máxima seguridad están en sus celdas por más de 19 horas al día. 

Las celdas

Souza tiene celdas un poco más grandes que otras prisiones en Massachusetts de acuerdo con Walker. 

Aún así son pequeños cuartos herméticos con arreglos de metal, una litera montada en la pared, un lavabo-retrete, un pequeño estante para escribir y un banquito fijado al piso, dice Walker. 

También hay un estante para una pequeña televisión que debe ser sometida a inspección. Con excepción de este aparato, todos los demás muebles están fijos al piso o a la pared para evitar que sean usados para dañar a otra persona. 

Hay dos pequeñas ventanas: una por la que se puede ver hacia los otros edificios y los árboles, y la otra en la puerta que sirve para esposar a los presos. 

"Hay muy poco que hacer (...) es un edificio para ser castigado. La cosa es que no quieres que a las personas les gusten las correccionales. Algunos han estado ahí desde que abrieron, esas personas están asustadas o aburridas a muerte", asegura Walker.

Un duro momento en solitario 

Para combatir el uso de opiáceos entre los presos, los guardias usan perros para inspecciones.

"Es patético. Tengo clientes que son adictos a la heroína que quieren estar limpios", dice Walker. 

También hay pandillas, y sobre la violencia, uno de los presos más viejos fue asesinado a golpes el año pasado. 

Si Hernandez se encuentra en aislamiento, "eso no será bonito", dice Walker. 

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"El aislamiento es una tortura en la que ninguno la pasa bien. La falta de estímulos sensoriales y de contacto con la gente los vuelve locos", asegura Walker. 

Al principio los guardias podrán pensar que lo pusieron ahí por su seguridad, pero espero que no lo hagan porque es un momento muy difícil, dice Walker. 

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