Europa no fabrica en China

Jugueteros europeos como Playmobil y Lego presumen que no producen en Asia; la decisión no fue sencilla y lo hicieron más por motivos económicos que por seguridad.
El 80% del total de la industria juguetera en EU fabricó sus  (Foto: )
Mark Landler e Ivar Ekman
FRANKFURT, Alemania -

La firma alemana Playmobil suele decir que sus coloridos piratas, bomberos y animalitos de plástico son mejores que los juguetes comunes. Presume que sus productos se diseñaron para heredarse más que para masticarse. Ahora podría tener otro argumento de venta: sus juguetes fueron fabricados en un país europeo y no en China.

Lo mismo podría hacer la danesa Lego, fabricante de bloques para armar figuras, y la alemana Ravensburger, que fabrica juegos y rompecabezas, aunque una pequeña parte de su producción tiene lugar en fábricas ubicadas en dicho país asiático.

Algunas compañías como Mattel y buena parte de la industria juguetera estadounidense se tambalean por el reciente retiro del mercado de millones de juguetes provenientes de China. La mayoría de los retiros fue por los altos niveles de plomo que contenía la pintura que usaron al colorear las piezas. Esto colocó a ciertos fabricantes europeos en una posición de ventaja al no haber seguido la tendencia de llevar su producción a China.

“Si miras atrás, se ve como una decisión acertada”, comenta Andrea Schauer, directora de Geobra Brandstätter, una compañía que fabrica juguetes Playmobil. “Para lograr la calidad que necesitábamos no teníamos la capacidad de supervisar a los fabricantes chinos”.

Los padres de familia están inquietos, les preocupa que los juguetes con los que se divierten sus hijos no sean seguros. Por eso la ‘etiqueta’ de ‘no hecho en China’ es como una bendición para los jugueteros europeos, en especial cuando se trata de ofrecer sus productos a los consumidores de los mercados locales.

Algunos analistas creen que incluso en Estados Unidos podría presentarse una pequeña reacción a favor de los juguetes que no fueron fabricados en China, no importa si son europeos o estadounidenses. Claro, para ello sería necesario que los padres miraran las etiquetas de los juguetes que adquirirán durante la siguiente temporada de compras. El riesgo, sin embargo, es que los consumidores generalicen su rechazo hacia los juguetes.

“Cuando los papás digan: ‘Mi hijo quiere un carrito o un tren’, ¿acaso se fijarán en dónde fue fabricado? ¿O simplemente dirán ‘mejor no compro nada’?”, pregunta Tim Conder, un analista de la industria juguetera que trabaja en A.G. Edwards & Sons, una firma de intermediación de valores en Estados Unidos.

Para Playmobil o Lego, quedarse fuera de China no fue una decisión sencilla. Otros fabricantes europeos, como la sueca Brio, que hace juguetes de madera, llevaron a ese país la mayor parte de su producción. Casi 80% de todos los juguetes que hoy se venden en EU provienen de China.

Quienes prefirieron quedarse en Europa lo hicieron por motivos económicos, más que por razones de seguridad. Sin embargo, la dificultad para controlar la calidad de las plantas del exterior también fue un factor de peso. “Analizamos varias opciones”, comenta Iqbal Padda, vicepresidente ejecutivo de Lego y quien está a cargo de la cadena global de suministros. Y al principio, recuerda, la opinión general era “debe ser China”.

Schauer, de la empresa que fabrica Playmobil, dice que la marca alemana soportó una intensa presión para trasladar su producción a China. La mayoría de la industria se estaba mudando allá y los bancos alemanes no querían prestarle a las compañías que querían construir fábricas en casa, dice.

Lo que las empresas descubrieron fue que al mismo tiempo que los costos laborales en China eran sólo una fracción de los que existían en el mundo occidental –el equivalente a 1.5 dólares la hora contra 30 dólares en Alemania–, la distancia geográfica entre China y los mercados más grandes de estas compañías erosionaba parte de esta ventaja.

Además, Lego y Playmobil necesitan responder rápidamente a los cambiantes gustos de los consumidores. El crecimiento de la producción derivada de éxitos sorpresivos, como el juguete de Playmobil basado en la Copa Mundial de Futbol, sería muy costoso de hacer en China, en donde las plantas están montadas para producir enormes cantidades de juguetes durante largos periodos.

“Los juguetes no son el negocio de moda, pero son como el negocio de la moda”, sostiene Padda, el ejecutivo de Lego. “La necesidad de tener una buena capacidad de reacción ante lo que quiere el mercado fue lo que nos hizo elegir Europa”.

Lego fabrica entre 65 y 70% de sus bloques de plástico en una planta que cuenta con tecnología de punta y que se ubica cerca de su sede en Billund, Dinamarca. Para ahorrar dinero, reparte su producción en dos plantas más, una en Hungría y, desde este otoño, otra en Ciudad Juárez, Chihuahua. Ambas fábricas son administradas por Flextronics, un fabricante de electrónicos con sede en Singapur. Menos de 3% de la producción de Lego proviene de China y la empresa no tiene planes para instalar otra planta en ese país.

Ravensburger dice que 85% de su producción es hecha Alemania y en otra planta propia ubicada en la República Checa. “La producción interna es la mejor manera de controlar la calidad de nuestro producto”, asegura.

Playmobil, que apenas representa una tercera parte del tamaño de Lego y una décima del de Mattel, también rechazó la opción de dar a terceras empresas la responsabilidad de su producción. Si acaso lo hace con pequeños componentes electrónicos, como las torretas de los carritos patrulla, que son elaboradas en China. Además de su principal fábrica, la cual se ubica cerca de su sede en Bavaria, posee dos plantas más, una en Malta y otra en la República Checa.

Las ventas de juguetes de Playmobil han crecido a una tasa de doble dígito, señala Schauer. Incluso planea exportar parte de su producción europea a diversas ciudades chinas, como Shangai y Beinjing. Esto podría realizarse el próximo año.

A pesar de todo, ni Playmobil ni otros fabricantes de juguetes europeos creen que lo sucedido con Mattel sea definitivo para esta industria. “No queremos lanzar piedras, por si acaso estuviéramos entre paredes de cristal”, comenta Schauer. La última vez que Playmobil tuvo que retirar del mercado alguno de sus productos fue en 1982, en Estados Unidos, e incluía juguetes hechos por un maquilador estadounidense. Los muñequitos de Playmobil que representan caballeros medievales o guerreros romanos contienen muy poca pintura –rojos brillantes, alegres amarillos– y aunque algunos contienen plomo no alcanzan los niveles suficientes para dañar a un infante. Para garantizar la seguridad de la pintura que aplican en sus productos, explica Schauer, la empresa supervisa de cerca este proceso de manufactura.

Está claro que los europeos confían menos en la maquila china que en sus propios empleados. En una declaración publicada en el sitio web de Playmobil, el fundador de la empresa, Host Brandstätter, señaló: “La calidad que buscamos sólo se puede lograr cuando la producción se realiza bajo los cuidados de uno mismo, por gente que ha desarrollado una conciencia de la marca durante mucho tiempo y que ha aprendido a fabricar bajo los estándares de la más alta calidad”.

Schauer lo explica así: “Nadie puede creer ciegamente en la manufactura alemana. Pero cuando están tan cerca de la fábrica puedes subirte al auto y estar ahí en 20 minutos”.

No todos los europeos están de acuerdo con el principio de que las fábricas deben estar tan cerca. En 2004, la sueca Brio mudó la mayor parte de su producción a China cuando cambió la propiedad de la firma a una compañía de inversiones.

Pero el presidente de la empresa, Thomas Brautigam, asegura que Brio ejerció un riguroso control de calidad sobre sus tres plantas ubicadas en la provincia de Guangdong.

“Cuando esto sucedió revisamos cada bote de pintura, pero no encontramos problemas”, comenta refiriéndose al reciente retiro de productos realizado por Mattel.

De acuerdo con Brautigam, Brio adoptó un control de calidad aún más estricto que el que usaba el promedio de la industria y eligió a unos socios chinos que se adaptaran a esos estándares de trabajo, incluso si eso implicaba renunciar a la opción de costos más barata. “La mayoría de la gente es consciente de que uno no puede ver de la misma forma todo lo que sale de China”, asevera. “Eso implicaría que 85% de todos los juguetes tienen problemas, lo que sería absurdo”.

The New York Times News Service

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