Las medicinas van al supermercado

Las cadenas detallistas de Europa quieren romper con la cofradía de las farmacias; por primera vez en varios países del continente las medicinas se venden en las cadenas comercia
La venta libre de medicamentos en Europa ya es un hecho. (An  (Foto: )
Jad Mouawad
MILÁN -

En ese pequeño rincón del supermercado Carrefour, una pareja de clientes perplejos pasa revista a cinco estantes llenos de aspirinas, ibuprofeno, crema antiséptica y medicinas para la tos.

Por primera vez, en muchos países europeos las medicinas que no requieren prescripción médica están colocadas en puntos de venta separados de las farmacias propiamente.

“Me encanta poder comprar medicinas de esta forma, es más barato y conveniente”, dice Giovanni D’Ambrosio, mientras inspecciona las ofertas de remedios para el mareo como parte de los preparativos para sus vacaciones en Cerdeña. “No estoy seguro de cuál usar”, afirma, antes de pedirle ayuda a un empleado de la farmacia.

Por siglos, las farmacias europeas han sido parte de una cofradía cerrada gobernada por leyes que requerían que hasta los medicamentos más simples, como las vitaminas y el enjuague bucal, lo despacharan los farmacéuticos.

Pero con miles de millones de euros en riesgo, algunas de las grandes empresas de la industria quieren terminar con ese dominio sobre las ventas de remedios simples. Las grandes cadenas, como Carrefour y Auchan, desean ofrecer productos para la salud en sus pasillos; y grupos farmacéuticos como Boots y AS Watson, de Hong Kong, buscan crear redes al estilo británico en países que han dejado de brindar protección a las influyentes cofradías de farmacias.

“En Estados Unidos o Gran Bretaña, uno puede entrar a cualquier tienda y comprar medicinas que no requieren receta médica”, comenta James Dudley, consultor de la industria en Londres. “Pero ésa es una opción que no existe en gran parte de Europa”.

Los esfuerzos para exponer el mercado a la competencia son rechazados por muchos políticos que los ven como un experimento, quizá peligroso. “Todos están metidos en ello porque hay mucho dinero”, afirma Dudley, y enfatiza que los europeos gastaron más de 56,400 millones de dólares en medicinas que no requieren prescripción.

Pero, para los consumidores, la tendencia hacia la mayor competencia representa remedios más baratos y accesibles para malestares comunes. En Francia, España e Italia, durante el año pasado la participación de mercado de las medicinas sin receta vendidas fuera de las farmacias fue menor a 5%. Y con las ventas restringidas a las farmacias, los europeos han tenido que pagar en el pasado enormes precios por remedios básicos.

Es el caso del ibuprofeno, un analgésico común que se vende bajo muchas marcas. Una botella de 100 cápsulas de Advil puede costar menos de 9 dólares en Estados Unidos. Doce cápsulas de Moment, la marca que se vende en Europa, vale 8.45 dólares en una farmacia.

El sistema de cofradías, cuyas raíces van más allá del Renacimiento, ha tejido una red de protección sobre los farmacéuticos y las farmacias tanto en las ciudades europeas como en los pueblos. Muchos países permiten sólo a los farmacéuticos ser dueños de las farmacias, y cada uno de ellos no puede poseer más de una. Incluso en países como Italia y España, el número de farmacias está determinado por ley (sólo una por cada pueblo pequeño) y su propiedad se transmite de padre a hijo.

Los farmacéuticos, y hasta algunos ministros de Salud, alegan que tales controles son necesarios. “El sistema se justifica por la protección a la salud pública” y “para preservar la independencia profesional de los farmacéuticos”, dice Patrick Basseua, un vocero del Ministerio de Salud francés.

Argumentan que incluso los cambios pequeños terminarían con el negocio de farmacias de alta calidad y provocarían una amenaza potencial a clientes como D’Ambrosio, que están tan acostumbrados al consejo de los farmacéuticos que no sabrían cómo elegir atinadamente por sí mismos.

“Las cadenas comerciales responden al mercado, no a las necesidades profesionales”, asegura Giorgio Siri, presidente de Federfarma, la organización italiana de farmacias. “La transformación de un eficiente sistema descentralizado de 17,000 profesionales independientes en un sistema de apenas algunos grupos que puedan controlar el mercado y limitar las elecciones de los ciudadanos tendrá un efecto negativo”.

Los farmacéuticos proveen consejería de salud en gran parte de Europa. En Italia, por ejemplo, el farmacéutico local checa la presión sanguínea. Algunos artículos, como las píldoras anticonceptivas de emergencia, requieren de prescripción médica en EU, pero se pueden despachar sin receta en Europa ya que los farmacéuticos pueden aconsejar a los pacientes antes de una venta.

Sin embargo, en una época en la que las simples medicinas sin receta se venden hasta en gasolineras y tiendas de los aeropuertos de Gran Bretaña y EU, los gobiernos de Holanda, Italia, Noruega, Dinamarca, Portugal, Polonia y República Checa han comenzado a abrir el viejo sistema y permitido la entrada a las grandes cadenas, provocando que estos remedios estén más a la mano.

Hace dos años, Noruega cambió sus leyes para permitir que las medicinas sin receta se vendieran fuera de las farmacias y abrió el mercado para las cadenas de boticas. Ahora, 98% de las farmacias del país son parte de cadenas como Celesio, Boots y Phoenix. En Alemania, un proveedor en línea de medicinas holandés, Doc Morris, está buscando comprar una farmacia, contraviniendo las leyes alemanas que limitan su propiedad a los farmacéuticos.

Una consulta realizada por la Unión Europea reveló que el sistema “protege el monopolio mantenido por los farmacéuticos existentes, en detrimento del consumidor y la competencia”. La Comisión Europea, el brazo ejecutivo de la UE, ha retado las leyes que restringen la propiedad en varios países.

Parte de la diferencia en cómo se venden las medicinas sin recetas en América del Norte y la Europa continental deriva de una historia de diferentes sistemas de salud. En EU, donde la gente a menudo paga una parte o todo el costo de sus consultas –al doctor– y sus medicinas, ha habido esfuerzos durante años para minimizar las consultas oficiales y permitir la venta de medicinas directamente a los consumidores y a granel, a fin de minimizar los costos.

En Europa, con sus programas de salud gubernamentales, las consultas son gratuitas, así como lo eran las medicinas, incluyendo las que no requerían receta (si así lo recomendaba un doctor). Así que los pacientes europeos resentían menos la presión de tener que convertirse en consumidores educados en medicinas y en tener que tomar ellos mismos decisiones sobre los tratamientos.

En tanto los sistemas de Estado resintieron presiones financieras en los años recientes, esa generosidad ha disminuido y los europeos en muchos países ahora tienen que pagar por medicinas básicas. En consecuencia, se ha generado una mayor conciencia en el precio y la disposición de los pacientes de educarse por sí mismos.

Y también hay aspectos culturales, aunque están siendo derribados más rápidamente por los consumidores. Los clientes italianos del Carrefour en Assago, a las afueras de Milán, tienden a ver los carteles que anuncian medicinas desde lejos, ya que saben poco sobre las marcas y sus ingredientes.

Máximo Caemi trajo a un amigo para que le ayudara a encontrar algo para un dedo infectado. “Eccola! (¡aquí está!)”, dice mientras el farmacéutico de turno lo guía a un estante con tubos de pomada antibiótica.

“Creo que es bueno y ya era hora”, advierte Caemi, luego de haber aprendido a pasearse por los pasillos con medicinas. “Y cuesta una quinta parte menos que con el boticario”.

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