Fraudes médicos cuestan caro

Los fraudes médicos arremeten contra las clínicas mexicanas que cada vez reciben más extranjero la embajada de EU advierte a sus ciudadanos sobre los peligros de operarse en el país.
La campaña de México para recibir pacientes peligra ante las
GUADALAJARA (AP) -

Gabriela Sánchez siempre se sintió acomplejada por sus senos pequeños, y a los 40 años decidió hacer algo para remediarlo.

A los 41, ya no tiene senos; se los tuvieron que quitar quirúrgicamente después de que los implantes que le colocó un cirujano plástico presuntamente fraudulento le provocaron una infección grave.

Sánchez es una de 43 pacientes que demandaron a Agustín Huerta, un médico entrador, bien vestido, que llegó a la ciudad en un Jaguar y habría incursionado en la cirugía plástica sin tener licencia para ello, efectuando decenas de operaciones faciales, liposucciones, implantes de senos y otros procedimientos fallidos.

''Es como una pesadilla. Ni siquiera puedo verme al espejo'', dijo Sánchez, luchando por contener las lágrimas. ''No puedo estar con mi esposo''.

Huerta, arrestado el 6 de diciembre, enfrenta unos ocho años de cárcel si es declarado culpable de los cargos de fraude, irresponsabilidad médica, daños graves y usurpación profesional, de acuerdo con Elsa Arias, fiscal principal en el caso.

Su caso plantea nuevos interrogantes acerca del peligro que representan farsantes inescrupulosos que se hacen pasar por médicos. También peligra la campaña de México para recibir pacientes estadounidenses, atraídos por los bajos costos y el buen nivel general de los médicos mexicanos.

''Operaba a diestra y siniestra para obtener dinero fácil y no realizaba los tratamientos de seguimiento adecuados'', dijo Arias. ''Sabía que no tenía los siete años de entrenamiento requeridos para efectuar esas cirugías. Estaba mintiendo''.

Ese tipo de casos son frecuentes. Recientemente, las autoridades detuvieron a un hombre en el estado fronterizo de Coahuila por trabajar como médico durante más de 30 años respaldado solamente por una licenciatura en contabilidad.

Y Arias se hizo famosa procesando a la ex desnudista Miriam Yukie Gaona, apodada ''La Matabellas'', por presuntamente inyectar silicona industrial y otras sustancias a cientos de mujeres.

Nadie lleva un registro de cuántos ciudadanos estadounidenses viajan a México para someterse a tratamientos médicos, pero abundan los ejemplos que sugieren que la cifra se está incrementando.

En la ciudad fronteriza de Tijuana, la mayoría de los pacientes en algunos hospitales son estadounidenses. Muchos vienen desde California para recibir atención odontológica y cirugías plásticas que su seguro no les cubre. Recientemente la comunidad médica de Tijuana anunció una iniciativa para tratar de atraer más pacientes estadounidenses.

La embajada estadounidense advierte que, aunque las cirugías estéticas pueden ser más baratas en México, ''las instalaciones pueden carecer suficiente apoyo médico de emergencia''.

Y cuando las cosas salen mal, el buscar una compensación monetaria puede ser prácticamente imposible. Las demandas colectivas _uno de los pilares de la protección al consumidor en Estados Unidos_ no existen en México, y el sistema judicial del país sigue asolado por la corrupción y la inercia burocrática.

Los pacientes de Huerta hallaron una aliada en Arias debido a su experiencia al procesar a Gaona, que aún tiene cargos pendientes en su contra cinco años después de su arresto.

Arias dijo que Huerta distribuía tarjetas de presentación que decían ''Cirujano plástico y estético'', en inglés. Huerta, señaló ella, con frecuencia presionaba a las pacientes a someterse de inmediato a una cirugía, alardeando que podía hacerlas ver como la cantante Thalía.

Muchas quedaron con infecciones graves, feas cicatrices en el rostro, senos asimétricos o estómagos llenos de bolas, denunció.

Huerta rechazó ser entrevistado, pero su abogado, Víctor Varela, dijo que tenía una licenciatura médica y que había estudiado un posgrado en lipoescultura en Europa. Dijo que Huerta tenía los conocimientos necesarios para realizar ''procedimientos estéticos'', pero insistió en que ninguno de ellos era propiamente una cirugía plástica.

El doctor ''sólo realizaba lipoescultura, que abarca implantes de senos y caderas y liposucción'', señaló Varela. ''Es una cuestión de estética. No es cirugía plástica''.

El doctor Alberto Smeke, que investiga malas prácticas médicas para la Secretaría de Salud, consideró que las afirmaciones de Varela son falsas. Dijo que lo que Huerta hacía era evidentemente cirugía plástica, y se requiere una licencia para ejercerla.

Varela sostiene que los pacientes que se quejan solo buscan dinero y asegura que muchos sufren complicaciones porque no siguen las indicaciones dadas para el período postoperatorio y fuman o beben luego de la operación.

Ex pacientes entrevistados por la AP dijeron que no fumaron ni bebieron y que simplemente quieren que se haga justicia.

''Me di por vencida'', comentó Montzerrat Ramírez, de 21 años. ''No lo acuso de homicidio. Pero quiero que me devuelva mi dinero''.

La madre de Ramírez, Lorena, de 39 años, fue a ver a Huerta porque tenía molestias en la espalda. Huerta le recomendó una reducción de senos y de la barriga, y una liposucción a pesar de que padecía de diabetes e hipertensión. Al final, le hizo una masectomía total y reemplazó sus senos con implantes, según la hija.

Luego de la intervención, las incisiones se le abrieron varias veces y se le infectaron, y la madre pasó 37 días en un hospital. Los gastos médicos ascendieron a 23,800 dólares, de acuerdo con la hija. La mujer murió de un ataque cardíaco en octubre.

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