Argentina: disyuntiva por energía verde

Kirchner reglamentó en febrero una ley que promueve la producción nacional de biocombustibles; pero también expresó su intención de formar parte de la alianza de países productores de gas.
El gas natural y el petróleo son el 45% y 41% de la matriz e
BUENOS AIRES (AP) -

Argentina no sólo será escenario esta semana del Primer Congreso Americano de Biocombustibles. También será el eje de una disyuntiva regional: ¿se subirá este país al carro de la bioenergía de la que Brasil es segundo productor mundial, o se mantendrá equidistante debido a la oposición de Venezuela a la producción de biodiesel y etanol?

Argentina, primer exportador mundial de aceites de soja y girasol y segundo exportador de maíz, tiene en sus manos el potencial de convertirse en un gran abastecedor de ''energía verde'', por cuanto se estima que de 15 a 20 años, los biocombustibles cubrirán el 20% de las necesidades mundiales de combustible.

Ante esta realidad global el presidente Néstor Kirchner reglamentó en febrero una ley que promueve la producción nacional de biocombustibles.

La norma establece que para 2010 la gasolina y el diesel deberán llevar en su composición, como mínimo, un 5% de biodiesel o de etanol. Estos biocombustibles, a su vez, estarán exentos del pago de los impuestos al gasoil.

Aunque las exenciones impositivas sólo se aplicarán a los biocombustibles destinados al consumo interno, el gobierno prevé que la producción tendrá un importante remanente destinado a la exportación.

El país necesitará producir 685 millones de litros de biodiesel y 200 millones de litros de etanol para satisfacer la demanda establecida en la nueva ley, lo que implicará el uso del 9% de la cosecha anual de soja y el 3% de la de maíz, según la producción actual.

Según Carlos St. James, presidente de la Cámara Argentina de Biocombustibles, ''el futuro pertenece a países como Argentina y Brasil, que son los capaces de producir energías renovables''.

El gas natural y el petróleo representan el 45% y 41% de la matriz energética argentina, respectivamente. Del total del combustible que se consume en el país, el 66% es diesel, el 17% es gasolina y el restante 17% gas natural.

Varias compañías agrícolas --como AGD, Vicentin/Glencore y Molinos Río de la Plata- han anunciado diferentes proyectos de producción de biodiesel en Argentina, con una inversión que ronda los 285 millones de dólares.

La promulgación de la ley se produjo días después de la visita al país del Subsecretario de Estado para Asuntos Políticos de Estados Unidos Nicholas Burns, quien sugirió que Argentina y Brasil trabajen en conjunto para desarrollar un polo productor de biocombustibles en América Latina.

Brasil, el segundo mayor productor de etanol del mundo luego de Estados Unidos --donde se produce a base de maíz-- anunció la semana pasada que espera producir un récord de 20,200 millones de litros de este biocombustible durante la actual temporada de la caña de azúcar.

La promoción brasileña del etanol a nivel regional ha disparado la oposición de grupos de izquierda y de los presidentes de Venezuela, Hugo Chávez, y de Cuba, Fidel Castro, que sostienen que un aumento en la producción de biocombustibles perjudicará las cosechas agrícolas y podría afectar la disponibilidad futura de alimentos.

''Antes de lanzar masivamente una campaña sobre biocombustibles es imprescindible tener en cuenta que debe evitarse un conflicto con la producción de alimentos. Los controles de precios en nuestro país, o el reciente ejemplo de México con el aumento del precio de las tortillas de maíz, deben servir de alerta'', dijo el ingeniero agrónomo Jorge Adámoli, profesor de Ecología Regional de la Universidad de Buenos Aires e investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET).

Para St. James ''en el corto plazo va a haber influencia porque el uso de los cultivos como energía va a afectar los precios. Pero estos desequilibrios en el mercado van a ser a corto plazo''.

Adámoli y St. James coincidieron en que un biodiesel producido a partir de cultivos no tan atractivos para sector alimenticio como la colza, la jatropa o el cártamo, podría ser la clave para poner fin al debate entre alimentos versus energía.

''Estos cultivos pueden plantarse en zonas de baja producción agropecuaria, en tierras de poco valor, no requieren riego intensivo, no son atractivos para hacer alimentos y su semilla es de poco valor, pero son sumamente importantes para la producción de biodiesel'', dijo St. James.

En su última visita a Argentina a fines de abril, el presidente brasileño Luiz Inacio Lula da Silva volvió a poner sobre la mesa la discusión sobre biocombustibles. Y obtuvo de Kirchner la anuencia para que los ministros del área se reúnan en las próximas semanas para explorar proyectos conjuntos.

Hasta ahora, el gobierno de Kirchner ha sostenido que los biocombustibles forman parte de su agenda energética --siempre que se evalúe su efecto en la producción de alimentos--, pero también ha expresado su intención de formar parte de la alianza de países productores de gas impulsada por Venezuela.

 

 

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