Dubai, entre la riqueza y la explotación

El número de millonarios crece, pero esa riqueza opaca la falta de derechos para los trabajador la economía del emirato busca llegar a 108,000 mdd en 2015, casi el triple de su tamaño en 2005
El emirato dispuso un terreno fértil para hoteles y villas e  (Foto: )
Simon Clark
(Bloomberg) -

Desde su oficina con aire acondicionado, en el séptimo piso de uno de los dos edificios gemelos conocidos como Torres de los Emiratos, el magnate paquistaní Arif Naqvi contempla la metrópoli que lo hizo rico.

A su izquierda, unos 50 rascacielos se elevan sobre la ciudad construida en el desierto, donde miles de grúas trabajan en proyectos inmobiliarios con un valor de 200,000 millones de dólares (mdd), según HSBC Holdings PLC, el mayor banco de Europa. A su derecha se ubican los extensos predios del palacio, jardines y cuadras del gobernante de Dubai, el jeque Mohammed Bin Rashid al-Maktoum, sus esposas e hijos.

 “No podría haber hecho una décima parte de lo que hice si no hubiera sido por Dubai”, afirma Naqvi, de 47 años, quien se mudó a este emirato en 1994, con 50,000 dólares de ahorros, y ahora dirige la firma de adquisiciones Abraaj Capital Ltd.

Sus activos por 5,000 mdd incluyen participaciones en hospitales turcos, farmacias sauditas y una compañía jordana de reparación de aviones. Entre sus inversiones exitosas figura Arabtec Holdings PJSC, con sede en Dubai, que actualmente construye el rascacielos más alto del mundo, Burj Dubai, en un predio valuado en 20,000 mdd, ubicado cerca de la oficina de Naqvi.

En una excavación cercana al hotel diseñado por Giorgio Armani, que ocupa los pisos bajos de la torre, el obrero de la construcción Omkar Singh se apoya en una pala y seca el sudor de su frente. El joven de 24 años se endeudó para pagarle 60,000 rupias (unos 1,500 dólares) –más de seis meses de sus ingresos, incluidas horas extra– a un agente para viajar de India a Dubai. El agente le prometió jornadas laborales de ocho horas. Singh dice que trabaja turnos de al menos 10 horas, seis días a la semana. “Me engañaron”, añade resignado.

La fuerza de hacer dinero
El jeque de Dubai, quien cumple 59 años este año, ha atraído a capitalistas arrojados, y trabajadores con bajos salarios, para transformar su arenoso emirato en el eje financiero, turístico y del transporte del Medio Oriente.

En una región más conocida en Occidente por sus exportaciones de petróleo y terrorismo, entre los atractivos de Dubai figuran una tasa cero de impuesto a las ganancias, así como zonas de libre comercio donde los inversionistas extranjeros pueden poseer compañías en forma directa, sin socios locales. La inmigración frenética ha creado temores de que se está formando una burbuja inmobiliaria y ha generado acusaciones de que en el emirato se ignoran los derechos humanos.

Los extranjeros son bienvenidos, siempre y cuando compartan la visión capitalista del jeque. “La gente viene aquí a hacer dinero, ésa es la fuerza de Dubai”, señala Essa Kazim (46 años), presidente de la Borse Dubai Ltd, que controla los dos mercados de valores del emirato. Kazim usa la tradicional túnica holgada, pañoleta blanca en la cabeza y sandalias de cuero.

El emirato ha atraído a 1.3 millones de residentes extranjeros a medida que el dinero generado por el petróleo –a más de 100 dólares el barril– fluye a través de la región y hacia los bancos, los inmuebles y los fondos de inversión del gobierno. La proporción de extranjeros es de nueve a uno con los residentes locales, según la Cámara de Comercio e Industria de Dubai.

Cientos de compañías, desde el fondo global de capital privado The Carlyle Group, Goldman Sachs Group Inc, la mayor firma de valores del mundo; Citigroup Inc, el banco más grande de Estados Unidos; y Microsoft Corp, el líder  en la fabricación de programas informáticos, han establecido operaciones en Dubai.

David Lesar, máximo responsable de la compañía estadounidense de servicios petroleros Halliburton, se instaló el año pasado en el emirato, proveniente de Houston.

“Es la Singapur del Oriente Medio”, dice Mark Mobius, que supervisa activos por 47,000 mdd en Templeton Asset Management Ltd en Singapur, refiriéndose a Dubai. El emirato ofrece libre movimiento de capital y servicios bancarios confidenciales a residentes locales y de importantes países vecinos, como Arabia Saudita e Irán, explica Mobius. “El éxito de Singapur se basa en eso’’.

Pero Dubai deberá ascender una empinada cuesta antes de convertirse en un centro financiero como Nueva York o Londres. En su nuevo mercado de valores cotizan sólo 12 compañías.

El auge de la construcción ha contribuido a elevar la inflación, que llegó a 10.9 % en los Emiratos Árabes Unidos (EAU) en conjunto el año pasado, según el National Bank of Abu Dhabi PJSC.

La cantidad de nuevos edificios de lujo desató versiones de que se estaba creando una burbuja inmobiliaria. “Tengo dudas respecto de la verdadera demanda final para todas las viviendas lujosas”, comenta Eckart Woertz, analista de Gulf Research Center, establecido en Dubai. “Por otra parte, la gente sigue llegando, y uno nunca sabe, a ciencia cierta, que hay una burbuja hasta que estalla”, añade el experto.

Sin derechos básicos
El emirato también ha sido criticado por los activistas de derechos humanos. “Dubai les niega a los trabajadores que están construyendo la ciudad los derechos básicos de organizarse y negociar colectivamente”, señala Joe Stork, de Human Rights Watch, organización neoyorquina sin fines de lucro.

“Muchos pagan préstamos descabellados en lo que es una forma de servidumbre por contrato”.

Consultado para este artículo a través de Mona al-Marri, una portavoz de la firma de relaciones públicas Jiwin, de Dubai, el jeque Mohammed se negó a hacer comentarios sobre este tema.

Los visitantes que hacen preguntas, en vez de ganar dinero, pueden meterse en problemas con la policía, como descubrió Syed Ali, profesor adjunto de Sociología de la Universidad de Long Island, en Brooklyn, cuando estuvo en Dubai para entrevistarse con mujeres profesionistas de familias extranjeras nacidas en el emirato para escribir un libro acerca de sus vidas allí. Estos grupos de mujeres extranjeras no tienen derechos a la ciudadanía o a la residencia permanente.

El 22 de octubre de 2006, Ali, un estadounidense musulmán y ex académico del Sistema Fullbright, se preparaba para partir del emirato cuando cinco hombres vestidos con túnicas blancas, o dishdashas, y una mujer policía vestida con uniforme llegaron con una orden judicial escrita en árabe. Ali, de 39 años, dice que allanaron la casa donde se hospedaba, confiscaron su computadora portátil y su iPod y lo llevaron a una jefatura de policía, donde fue interrogado durante 13 horas. El investigador afirma que un policía le dijo que su trabajo estaba creando divisiones en la sociedad.

“Realmente me sorprendió”, cuenta Ali. “Dubai es un lugar tan abierto socialmente que nunca se me ocurrió que mi trabajo crearía preocupación”.

Ali, quien se fue del país dos días después, dice que posteriormente se quejó acerca del trato recibido en un mensaje de correo electrónico enviado al jefe de la policía de Dubai, teniente general Dhahi Khalfan Tamim. “Usted es bienvenido como visitante en Dubai en todo momento, pero no para llevar a cabo investigaciones patrocinadas por autoridades”, respondió Tamim en un mensaje de correo electrónico en enero de 2007, una copia del cual fue mostrada por Ali.

“Los procedimientos legales en el caso del señor Syed Ali cumplían totalmente con las leyes de los EAU”, escribió en un mensaje electrónico a Bloomberg News el brigadier de la policía de Dubai Khalfan K.A. al-Muhairi.

El jeque Mohammed creó un crisol de nacionalidades –que Ali desea investigar– para aumentar el valor de su recurso natural más abundante: bienes raíces en el desierto. Dubai, que carece de las gigantescas reservas petroleras del emirato mayor, Abu Dhabi, quiere añadir 882,000 trabajadores para 2015 con el fin de crecer su economía a 108,000 mdd, casi el triple de su tamaño en 2005, de acuerdo con un plan gubernamental estratégico publicado el año pasado.

Los trabajadores indios de Dubai, que carecen de los aumentos salariales por costo de vida que se otorgan a los empleados gubernamentales, consideran difíciles las condiciones actuales.

El dirham de los Emiratos Árabes Unidos, que tiene paridad cambiaria con el dólar, cayó 10.9% frente a la rupia india en 2007, y con ello se reduce la cantidad de dinero que estos obreros pueden enviar a sus familias. “Los precios son muy altos y se está volviendo difícil permanecer”, dice Azher Hussain, un indio con título en matemáticas que supervisa a un grupo de trabajadores.

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