Inflación, el nuevo enemigo de Bernanke

La Fed se centrará en políticas antiinflacionarias y dejará de velar por los inversionistas; ahora su prioridad no será prevenir la desaceleración económica, sino combatir la inflación.
Las tasas de interés ya no le quitan el sueño a Bernanke, ah
Colin Barr
NUEVA YORK -

Inversionistas, tomen nota: Ben Bernanke ya no cuida sus espaldas.

Luego de nueve meses de recortes en las tasas de interés y préstamos a firmas financieras en un intento por moderar las consecuencias del colapso crediticio, la Reserva Federal (Fed) ha decidido cambiar de rumbo. Bernanke y otros funcionarios de la Fed han indicado que ahora su principal prioridad ya no es prevenir la desaceleración económica, sino combatir la inflación.

“El riesgo de que la economía entrara en una desaceleración sustancial ha disminuido en el último mes. El Comité de Mercado Abierto resistirá con firmeza una erosión de las expectativas inflacionarias de largo plazo” declaró esta semana el presidente de la Fed.

 Este cambio de objetivos fue bien recibido por aquellos a quienes les preocupaba el dólar, que habían alertado que la postura de Bernanke podría llevar al país a una situación inflacionaria similar a la de los 70’s. Los dos últimos recortes a las tasas de interés aplicados por la Fed enfrentaron, incluso, la oposición de dos miembros del Comité de Mercado Abierto.

Los mercados de divisas respondieron positivamente a la nueva prioridad de Bernanke, y el dólar -que ha ido en picada desde el 2002- ganó terreno al euro.

El mercado de bonos y acciones, por el contrario, refleja que muchos inversionistas han quedado deshechos con las declaraciones de Bernanke. “El efecto inmediato de este dramático cambio en la política de prioridades ha sido ‘restarle’ confianza y liquidez a los mercados financieros” explicó Lena Komileva, economista de Tullett Prebon.

“Con una política monetaria que ahora supone más riesgo que alivio a los mercados financieros, las condiciones actuales son peores que cuando estalló la crisis crediticia el pasado agosto” agregó.

Este temor es visible en todo el sector financiero. El rendimiento de los bonos del Tesoro a dos años tocó máximos históricos en estos días, manifestando una caída en los precios de los bonos. Las tasas hipotecarias han subido, empeorando la crisis inmobiliaria. El índice bancario KBW tocó nuevas bajas, y las acciones de Washington Mutual cayeron un 11% -su peor nivel en más de una década-.

Estos focos rojos aparecen a sólo tres meses de que la Fed concertara el rescate de Bear Stearns. Un acuerdo que ocurrió en marzo, ante la alarma de que el sistema financiero se encontrara al bordo del colapso.

Desde entonces, los temores de una crisis han disminuido, en parte por que la Fed dejó claro que defendería a las grandes firmas de la insolvencia.

A pesar del prudente optimismo de Bernanke, las preocupaciones en torno a la economía siguen vivas. La tasa de desempleo en EU saltó en mayo a 5.5%, el mayor porcentaje en 22 años.

De seguir subiendo, acarrearía más impagos de préstamos, añadiendo más presión al balance financiero de los bancos. Y lo que es peor, cuando los bancos se quedan cortos de capital dejan de otorgar préstamos a empresas y consumidores, ralentizando aún más el crecimiento.

Este escenario de créditos limitados es una de las razones por la cual pocos esperan que Bernanke realmente aplique la nueva política. “La Fed se encuentra en una posición difícil y no puede subir la tasa de los fondos federales” señala Asha Bangalore, economista de Northern Trust. Una postura anti-inflacionaria, añade, traería múltiples consecuencias no deseadas, como una reducción en la liquidez de los mercados financieros y tasas hipotecarias más altas.

Pero aún cuando la Fed no esté en posición de elevar las tasas, el cambio de rumbo hacia una política explícitamente antiinflacionaria sugiere que la Fed y otros bancos centrales han empezado a reconocer que los tiempos han cambiado.

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