Brasil adelanta a México en inversiones

El país sudamericano, tras 30 años de agobio, se colocó como líder receptor de capital extranje el año pasado la BMV recaudó 450 mdd contra los 3,700 mdd logrados por el Bovespa.
Brasil tiene mercados de capitales más desarrollados, sólo e
Hernán Iglesias Illa
NUEVA YORK -

Brasil está de moda. El 30 de abril, Standard & Poor’s le dio el grado de inversión por primera vez en su historia. Fitch, otra de las tres grandes calificadoras de riesgo, hizo lo mismo semanas más tarde.

Casi en paralelo, Petrobras, la petrolera controlada parcialmente por el gobierno brasileño, anunció que había encontrado en el Océano Atlántico, cerca de la costa de São Paulo, un campo con miles de millones de barriles de petróleo, que se sumaba a otros descubrimientos similares realizados en enero y en octubre de 2007.

Brasil también se transformó este año, después de casi tres décadas de sufrimiento, en acreedor neto: a finales de junio las reservas de su Banco Central alcanzaban a pagar el 83% de su deuda pública externa.

El gobierno de Luiz Inácio Lula Da Silva, envalentonado por las buenas noticias, admitió en mayo que Brasil planea lanzar un fondo soberano de inversión, similar a los de otras potencias emergentes, como China, Dubai y Singapur. Además, la economía brasileña, después de años de irritante lentitud, crece finalmente al ritmo de entre 5 y 6% que se espera de un país incluido junto a Rusia, India y China en el famoso grupo BRIC, las naciones que se prevé tomarán por asalto la economía global en las próximas décadas.

La prensa toma nota. The Wall Street Journal, The Economist y Financial Times rinden elogios al gobierno racional (pero con sensibilidad social) de Lula. Brasil, según las noticias y el estado ánimo de inversionistas y ejecutivos de todo el mundo, es hoy una fuerza incontenible, destinado al éxito y al parnaso futuro de las naciones exitosas.

Para México, la comparación es odiosa. Brasil le quitó el año pasado el liderazgo continental en la recepción de inversión extranjera directa (34,600 millones de dólares –MDD– contra 23,200 MDD). En las últimas semanas, el bono de referencia del gobierno de Brasil representó un riesgo menor, por primera vez en mucho tiempo, que un bono similar de México (120 puntos básicos sobre un título del Tesoro estadounidense para el bono brasileño, frente a los 123 puntos básicos del mexicano, el 3 de junio). Desde abril, algunos analistas de Wall Street recomendaron vender acciones de firmas mexicanas y comprar las de sus colegas brasileñas.

El contrapunto mayor ha sido el energético: mientras Petrobras anunciaba a bombo y platillo sus descubrimientos en aguas profundas, Pemex admitía la caída de su producción y sus exportaciones y el plan de reforma del presidente Felipe Calderón se empantanaba en la Cámara de Diputados. En mayo, en un seminario en la Harvard Business School en Boston, le preguntaron a un director neoyorquino de Lehman Brothers cuál sería su mejor consejo para los alumnos latinoamericanos de la escuela, muchos de ellos mexicanos, que tenía frente a sí. El ejecutivo se inclinó sobre el micrófono y respondió sólo dos palabras: “Aprendan portugués”.

¿Debe preocuparse México por el éxito de Brasil? ¿Está México quedándose a pie, dejando pasar un tren al que Brasil y otros países sí se han subido y en el que viajan a toda velocidad? La sensación, en Wall Street y en el mundo de los negocios, es que sí. Quizá no es grave y México aún está a tiempo de recuperar el terreno perdido, pero sí hay oportunidades desperdiciadas. “Brasil le comió el mandado a México”, dice Jaime Valdivia, mexicano y director del fondo neoyorquino Emerging Sovereign Group, que tiene 1,000 MDD invertidos en bonos y monedas de América Latina.

El diagnóstico, aun así, no es tan desolador. No es que México, hasta hace poco tiempo la ‘niña bonita’ de los mercados y las multinacionales, de pronto se haya convertido en Venezuela o Zimbabwe. México y Brasil son favoritos de Wall Street –Chile también, pero le falta tamaño–, y México todavía supera a Brasil en varios rubros, como la solidez macroeconómica y la facilidad para obtener crédito barato en la plaza local. Pero el momento le pertenece a Brasil.

Commodities y recursos naturales
Una de las diferencias principales para explicar el galope de Brasil y el trote de México es que Brasil estaba mucho mejor preparado y contaba con mejores recursos para aprovechar el auge en el precio de las materias primas.

Brasil es uno de los mayores y más eficientes productores de commodities, desde soya a hierro, y la reciente explosión de los precios, provocada por el aumento de la demanda en Asia, ha sido un factor importante en su auge. “Eso México no lo tiene”, dice el director de un fondo de capital privado con activos tanto en Brasil como en México.

Brasil también le lleva ventaja a México en el tamaño y la sofisticación de sus mercados locales. La reciente oferta pública de acciones de la Bolsa Mexicana de Valores (BMV) recaudó casi 450 MDD. El año pasado, el Bovespa, el índice de São Paulo, recaudó ocho veces más, 3,700 MDD. La diferencia entre ambos mercados es significativa: aunque la economía de México es sólo 30% menor a la de Brasil, la capitalización de mercado de las empresas brasileñas triplica a la de las mexicanas. Cuatro firmas nuevas ofrecieron sus acciones en 2007 en la BMV; 62 lo hicieron en el Bovespa.

“En México las empresas son siempre las mismas. Hacen falta muchas empresas nuevas en la Bolsa”, dice un banquero mexicano de una firma de Wall Street, que supervisa a América Latina. Entre enero y mayo, el Bovespa dio un rendimiento de 17% en dólares con respecto al mismo periodo del año pasado, cinco puntos más que el IPC mexicano.

Jerry Haar, profesor de gestión y negocios internacionales de la Universidad Internacional de Florida y autor, junto con el consultor John Price, de Can Latin America Compete? (¿Puede América Latina competir?), cree que un tema importante es la relación en ambos países de las empresas con las universidades. Dice que, comparadas con las de Brasil, en México muy pocas empresas se apoyan en las universidades para buscar o desarrollar recursos humanos. “Y cuando lo hacen, lo hacen con la UNAM. En Brasil hay decenas de universidades específicas para industrias determinadas y escuelas técnicas que tienen una dinámica muy intensa con las empresas”.

Con todo, la gran diferencia psicológica de corto plazo en las perspectivas de México y Brasil es el tremendo contraste entre Pemex y Petrobras. A la primera, estatal y operada como un monopolio, se le secan los pozos y no sabe cómo conseguir la tecnología o el dinero para encontrar crudo en el Golfo de México. La segunda, poseída en un 56% por el Estado brasileño y el resto por acciones bursátiles, manejada por un equipo profesional desde hace casi 15 años, transformó a un país sin petróleo ni tecnología en una potencia petrolera en ciernes. Con un valor de mercado de 276,889 MDD al cierre de junio, Petrobras se afianzaba como una de las mayores empresas del continente junto con General Electric (264,435 MDD), Microsoft (258,444 MDD) y Wal-Mart (224,122 MDD). (Pemex no figura porque sus acciones no cotizan.) La incapacidad de la clase política mexicana para solucionar los problemas de Pemex es frustrante para los inversionistas y analistas, tanto mexicanos como extranjeros.

Hay otras cuestiones donde los inversionistas ven hoy a Brasil por delante de México. Por ejemplo, la violencia. Tras la escalada de los últimos meses de la violencia del narcotráfico, muchos inversionistas creen ahora, a diferencia de antes, que Brasil es un país más seguro que México.

También brinda más tranquilidad el hecho de que las reformas brasileñas hayan sido aprobadas por un gobierno de izquierda. “Eso las deja vacunadas para siempre”, dice el banquero mexicano mencionado antes. “En cambio nosotros, con un gobierno de derecha, no podemos conseguir ni 10% de lo que consiguió Lula”. Además, muchos inversionistas y analistas ven a México como un país dominado por monopolios o cuasimonopolios en sectores centrales de la economía.

“Brasil es mucho menos monopólico. México a veces parece una subsidiaria 100% propiedad de Carlos Slim”, dice entre risas un inversionista que, un segundo después, pide por favor no ser citado como el autor de esta frase.

Estabilidad y crédito, a favor de México
Allí se terminan las grandes diferencias entre ambos. En muchos otros aspectos, Brasil y México son países similares o la ventaja está a favor de México. “Son lo mejor de lo mejor en América Latina”, dice el profesor Jerry Haar. Un informe reciente de la firma Grant Thornton colocaba a México un poco por encima de Brasil en un ranking de países, liderado por China, donde era más aconsejable invertir. Además, la comparación entre países puede ser una trampa, porque ambos tienen grandes diferencias internas: para Wall Street o las consultoras que aconsejan a las empresas dónde invertir, Jalisco y São Paulo están en una categoría –son estados competitivos, dinámicos, con estructuras productivas consolidadas– y Guerrero y Pernambuco, en el norte de Brasil, en otra, en la de las regiones pobres, sin recursos humanos ni mercado ni posibilidades de negocios. “En ese sentido, Jalisco o Nuevo León se parecen más a São Paulo (y compiten más) que con Chiapas o Tabasco”, agrega Haar.

Así como las bolsas brasileñas son más profundas y diversificadas que la de México, los mercados de deuda mexicanos son más robustos y de más largo plazo que los de Brasil, donde las tasas de interés, aunque bajaron hace poco, se mantienen altas. “En México es más fácil para las empresas conseguir recursos para sus proyectos, ya sea con emisión de bonos o con préstamos bancarios de largo plazo”, dice el banquero mexicano de Wall Street.

Brasil lo aprende ahora, pero México tiene desde hace tiempo un mercado hipotecario bien armado y de amplio alcance. Lo mismo ocurre con los créditos al consumo. Uno de los asuntos que más atención recibió de parte de Brasil ha sido el crecimiento de su clase media. Según un estudio, más de 20 millones de brasileños ascendieron a la clase media desde 2005. México comenzó ese mismo proceso varios años antes: entre 1996 y 2006, 7.5 millones de hogares pobres (más de 20 millones de personas) alcanzaron la clase media, según datos de la firma consultora Grupo de Economistas Asociados (GEA).

México también lleva más años de estabilidad monetaria y baja inflación: su última crisis fue en 1994-1995. Brasil tropezó y devaluó el real en 1999 y estuvo a punto de suspender el pago de su deuda a finales de 2002, después de la victoria (y antes de la asunción) de Lula en las elecciones generales. En cuanto a la infraestructura, ambos países tienen mucho por hacer: ninguno de los dos puede presumir de tener una infraestructura de primera calidad.

¿Por qué, entonces, una empresa elegiría hoy a Brasil antes que a México para hundir capital estratégico? El director del fondo de capital privado citado antes dice que él y su equipo observan tres condiciones para decidir una inversión: los recursos naturales, la mano de obra y el costo de pedir dinero prestado. “México tiene ventaja en el costo del capital, pero en recursos naturales y en el costo y la calidad de la mano de obra, Brasil está por encima”. México tiene, además, según el ejecutivo, otros dos problemas: hay muchos sectores que están demasiado concentrados –”en los que es difícil entrar y competir”, explica– y otros demasiado maduros, “donde no hay tanto potencial de crecimiento”.

Un motivo de alivio para México es que esta explosión de Brasil se debe a que está empezando desde mucho más abajo. El desarrollo inmobiliario está de moda en Brasil: hay 18 constructoras cotizando en el Bovespa. En México, el auge de la construcción comenzó hace casi una década. S&P, Fitch y Moody’s le dieron hace varios años a México el mismo grado de inversión que tanto se le festeja ahora a Brasil. Es por eso que los beneficios de la estabilidad macroeconómica, como el crédito al consumo y la planificación de las familias, aún son intensos y nuevos en Brasil; en México, luego de una década, han perdido parte de su impulso.

“En Brasil, los frutos de la estabilidad macro quizás duren más tiempo, porque su sector privado es más dinámico que el de México”, dice Chris Garman, director para América Latina de Eurasia Group, una consultora de riesgo político que asesora a empresas e inversionistas.

Si México ya hizo lo más difícil, incluyendo muchas de las hazañas que se le celebran ahora a Brasil, ¿por qué no logra crecer a un ritmo de 5 o 6%? “México está perdiendo una oportunidad importante de brincar de escalafón”, dice Valdivia. “Hay que invertir más, promover el ahorro y abrir la competencia”. Otros son menos pesimistas: “México no está tan mal como la gente cree”, dice el banquero mexicano con jerarquía en Wall Street. “Se puede recuperar en un año, cuando avancen las reformas, se vean los frutos de la inversión en infraestructura y se recupere la economía de EU”. Los no mexicanos son menos diplomáticos: así como creen que el mayor obstáculo de Brasil es un sector público abultado e ineficiente, el freno en la carrera de México hacia la globalización son sus monopolios, especialmente (pero no sólo) el de Pemex. De todas maneras, nadie amenaza con perder el amor. Como dice el profesor Haar: “Ni Brasil tiene motivos para ser excesivamente optimista, ni los mexicanos tienen razones para ser demasiado pesimistas”.

Ahora ve
No te pierdas