'México debe dejar el orgullo nacional'

El economista Robert Barro asevera que el país debe dejar el petróleo en manos privadas; el aspirante al Nobel de economía se pronuncia a favor de McCain y critica al demócrata Obama.
Las ideas de este aspirante al Nobel Influyeron en la forma
María Amparo Lasso

Casi no hay área de la macroeconomía donde uno no se tope con un trabajo decisivo de Robert Barro. Varios de sus escritos figuran en las listas de los textos económicos más influyentes del mundo de las últimas cuatro décadas.

Discípulo incondicional de Milton Friedman, considerado por muchos el economista más importante del siglo XX, Barro empezó a producir a mediados de los 70 trabajos provocativos, siempre en ruptura con los modelos en boga.

Las ideas de este pensador, de 63 años, han influido en la teoría económica y en el diseño de políticas públicas; hicieron cambiar, por ejemplo, el modo de trabajar de los bancos centrales o la forma de medir el crecimiento económico.

En los años 90 se dedicó a descifrar por qué unos países son más ricos que otros. Por eso, desde hace tiempo es candidato al Nobel de Economía y este año no es la excepción. El resultado se sabrá en octubre.

“México podría beneficiarse de la inversión extranjera en el petróleo, hay que dejar el orgullo nacional atrás”, reflexiona Barro en diálogo con Expansión desde su oficina en la Universidad de Harvard, donde es profesor.

¿Está o no Estados Unidos en recesión?
Hasta ahora enfrentamos sólo una débil desaceleración, quizás no oficialmente una recesión. Hay mayor impacto en sectores específicos, como la construcción y algunos servicios financieros. Y preocupa el alza masiva en las materias primas. El problema es que hay probabilidad de una desaceleración más profunda, eso es lo que es inusual.

Ha calificado a Barack Obama como ‘un izquierdista estándar’. ¿El republicano John McCain está más dotado para manejar la economía de su país?
Sí. Fue decepcionante que hubiera votado contra el recorte de impuestos de la administración Bush en 2003, tampoco estuvo en el lado correcto en el tema de energía. Pero creo que está cambiando y podrá hacerlo mejor. Obama, en cambio, piensa que puede redistribuir la riqueza de los pudientes a los pobres, aumentar sin más los impuestos a los ricos y a los negocios sin ninguna mala consecuencia económica. La evidencia histórica demuestra que las consecuencias no serían favorables.

El libre comercio ha sido tema en la campaña presidencial; se ha sugerido renegociar el TLCAN.
Espero que, aun si los demócratas ganan, no se revierta el curso del TLCAN; ha sido una palanca de progreso para México.

Uno de sus estudios indica que si EU hubiera crecido 1% menos desde 1869, ahora tendría un ingreso per cápita similar al de México. ¿Tanto importa el crecimiento?
En el largo plazo, pequeñas diferencias en crecimiento económico hacen una gran diferencia. Según los últimos datos revisados, la tasa de crecimiento de Estados Unidos a largo plazo (de 1869 a 2006) por persona es 2% al año. Bajar de 2 a 1% al año es toda la diferencia del mundo.

En México se discute una reforma energética. ¿Sugeriría abandonar la propiedad pública del petróleo?
México ha estado sujeto a las fluctuaciones del mercado del crudo. Eso es positivo con los precios altos, pero no cuando los precios son bajos. Es probable que la producción y la exploración sean más eficientes con la participación de las empresas privadas y la inversión extranjera.

Sería una buena idea. Pero parece que, políticamente, en México siempre ha sido imposible eliminar la propiedad pública (del petróleo).

¿Por una cuestión de orgullo nacional?
En otros países el manejo de recursos naturales tiene que ver más con el orgullo nacional que con la economía. Ese obstáculo hay que desterrarlo.

Los críticos dicen que la privatización es promovida por corporaciones que buscan devorar la renta petrolera.
Los inversionistas extranjeros son un importante actor para atraer capital y experiencia y no hay duda de que esas compañías buscan ganancias, pero no creo que sea malo. La cuestión es cuánto puede México aprovecharlo y, dada la competencia entre los potenciales inversionistas, mantener un razonable retorno de inversión en beneficio de los mexicanos.

¿Sugiere usted la dolarización para México?
Parece natural para México, dados sus fuertes vínculos y proximidad con Estados Unidos.

¿Cree que México y EU debían estar más integrados, tener inflación y tasas de interés similares?
Sí, deberían tener tasas de inflación similares, tal vez no idénticas. También tasas de interés similares.

Es cierto que, últimamente, el dólar ha estado débil y se ha vuelto menos popular frente al euro comparado con lo que era hace seis u ocho años. Probablemente, es un asunto menos importante ahora, porque México ha mejorado su política monetaria, pero se podría hacer, aunque no creo que sea imperativo. Es igual que con el petróleo, la moneda tiene que ver con el orgullo nacional.

Su propuesta sobre la dolarización le valió la acusación de promover el ‘imperialismo yanqui’.
Eso pasó en Corea del Sur cuando sugerí la dolarización y que se abrieran más a inversiones extranjeras… Si el imperialismo yanqui se identifica con la promoción del libre comercio, creo que el cargo es justo.

Y dijo que el imperialismo yanqui era el mejor.
(Risas) Sí, pero quizá seis años atrás eso sonaba mejor que ahora.

Usted ha dicho que políticas como la promoción de la democracia no son rutas hacia el crecimiento. ¿Por qué?
Hay cosas que conducen hacia el crecimiento económico a largo plazo, como la apertura de mercados... y el apego a la legalidad. Pero hay evidencia muy limitada de que la democracia per se conduzca al crecimiento económico. Incluso es al revés: los países que se hacen más ricos tienden a ser más democráticos.

¿Las políticas ‘suaves’, como las que alaba el Nobel de Economía Amartya Sen, son rutas equivocadas?
Hay poca evidencia de que esas políticas hayan promovido el crecimiento. Las políticas que defienden Amartya Sen y otros no han sido prominentes en los recientes casos de éxito de China o India.

Ha habido una tremenda reducción de la pobreza global, en especial, gracias a estos dos países, que han contribuido más en términos de la cantidad de personas que han dejado atrás la pobreza desde 1970.

China e India han progresado mucho económicamente, pero abriendo mercados, reduciendo la burocracia del gobierno y la corrupción y mejorando el apego a la legalidad.

Usted ha dicho estar optimista por el énfasis de China en el desarrollo capitalista.
Sí, es una economía capitalista, no hay duda... Pero tienen varios problemas, sobre cómo van a manejar más liberalización, el incremento de libertades civiles, la brecha urbano-rural. Es incierto cómo los resolverán.

¿Y en América Latina percibe signos alentadores?
Ésta ha sido, excepto por pocos casos, una región decepcionante. En la década de los 80 se vivió mayor liberalización de mercados y el crecimiento parecía que se incrementaría e, incluso, que se iba a sostener.

Chile está bien establecido, Brasil lo ha hecho mejor de lo imaginado, México va bien. Pero hay países que están en retroceso: Venezuela, Bolivia, incluso Argentina.

Se describe como un ‘liberal clásico’. ¿Por qué?
Sí, en el sentido de Milton Friedman. Es una descripción más exacta que ‘conservador’, que es un término muy ambiguo.

¿Por qué, al contrario de otros distinguidos economistas en su país, usted no ha sido un consultor de gobiernos?
Es verdad, sólo en un par de ocasiones brindé asesoría a la administración Bush.

Yo sigo la máxima de Milton Friedman: la mayor influencia no se deriva de ese tipo de involucramiento directo, sino de una contribución más amplia, es decir, a partir de investigaciones que tengan una aplicación en eventos reales en el mundo.

Un crítico contó las veces que usted usó la palabra ‘yo’ en el prólogo de su libro Nada es sagrado. Fueron 100 y, según él, eso evidenciaba su gran ego.
(Risas) No sé qué decir. Supongo que el prólogo es un buen lugar para enfocarse en el ‘yo’. Me interesaría saber el resultado de ese conteo si se hiciera más amplio, pues en la mayoría de mis escritos no uso la palabra ‘yo’.

Usted ha sido mencionado como favorito para ganar el Nobel desde 2003. ¿Tiene expectativas de que este año finalmente le sea otorgado?
Me preocupaba mucho antes, me he vuelto menos aprehensivo en años recientes. Y no es tan bueno ser un candidato perpetuo. Sin embargo, espero que alguna vez me lo den.

Si lo ganara, ¿qué cambiaría para usted?
No sé, supongo que atraería más la atención sobre las cosas que digo. En cualquier caso, espero continuar haciendo mi trabajo académico, con o sin el Nobel.

Es un gran reto mantener vivo en uno el interés y, al mismo tiempo, la capacidad para hacer investigación en teoría económica. Espero hacerlo.

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